Estrecho de Ormuz: el temor que suma $25 al barril de Brent
El académico Soran Mohtadi diagnosticó cómo el cuello de botella en el Estrecho de Ormuz reordena el mercado, mostró el récord del spread Brent-WTI y recordó por qué los principales productores del Golfo necesitan un piso fiscal de US$ 90 por barril.
HOUSTON. La Cámara de Comercio Argentina-Texas (ATCC) montó, en el Hendricks Heritage Room, en el segundo piso del Bates Law Building del campus de la Universidad de Houston (UH), su jornada paralela a la Offshore Technology Conference (OTC) 2026.
Hubo 4 paneles liderados por expertos de la universidad: Academic Perspectives in Exploration, production & Operations; How Energy Markets Are Affected by International Conflict & Geopolitics; Energy Transition & Emerging Technologies y el último de networking y colaboración.
El auditorio se completó principalmente con empresarios argentinos llegados a la misión y algunos estudiantes de intercambio de la Universidad de Flores. Pero fue en la segunda sesión, donde se desarrolló el plato fuerte, el de análisis y definiciones sobre el futuro del mercado global. En “How Energy Markets Are Affected by International Conflict & Geopolitics”—, la organización convocó a Soran Mohtadi, investigador del Hobby School of Public Affairs y del Center for Public Policy de la propia UH.
Mohtadi llevó números. Citó datos de la EIA, la agencia estatal de información energética de Estados Unidos, según los cuales el dated Brent —el precio spot del crudo de referencia europeo— paga hoy una prima de US$ 25 por barril por riesgo geopolítico, con una proyección de US$ 5 adicionales en las próximas semanas. El spread máximo entre el Brent y el WTI llegó a tocar los US$ 18 por barril, un nivel inusual que da cuenta del nerviosismo del mercado en torno al Estrecho de Ormuz.
No todos los shocks son iguales
El investigador diferenció los tipos de shock que sufrió históricamente el precio del petróleo. Los financieros, como el de la pandemia de COVID-19, donde colapsaron actividad, movilidad y consumo. Los geopolíticos, como la Guerra del Golfo, la invasión a Irak o la invasión rusa a Ucrania, donde se destruyeron capacidades productivas y exportaciones.
Pero el shock que transita hoy el mercado tiene una particularidad: no es solo un shock de oferta. Es, sobre todo, un shock de flujo. “El crudo se está produciendo, pero no puede fluir”, sintetizó.
Ormuz, el cuello de botella
El cuello de botella, advirtió, está en el Estrecho de Ormuz, uno de los principales chokepoints del crudo global. Irak depende casi por completo de esa ruta: exporta 3 millones de barriles diarios por allí. Arabia Saudita también canaliza el grueso de sus exportaciones por Ormuz, aunque cuenta con un oleoducto este-oeste que le permite eludirlo en parte. Emiratos Árabes Unidos tiene su by-pass desde el puerto de Fujairah, cerca del Golfo de Omán. Del lado importador, las grandes economías asiáticas —China, India, Japón y Corea del Sur— concentran alrededor del 90% del crudo que pasa por el estrecho.
Mohtadi enumeró las herramientas que tienen los gobiernos para amortiguar el shock. La primera: liberar barriles desde la Strategic Petroleum Reserve (SPR) de Estados Unidos. La segunda: redirigir cargamentos. “La cantidad de superpetroleros con destino a Estados Unidos aumentó en los últimos dos meses”, apuntó. Pero advirtió un límite operativo poco discutido: las refinerías estadounidenses están calibradas para procesar el crudo pesado y con alto contenido de azufre del Golfo Pérsico. El crudo liviano local, el sweet heavy canadiense o el mexicano no encajan del todo en ese parque industrial: la sustitución no es perfecta.
Una investigación con Johns Hopkins
El expositor recordó un trabajo académico que firmó con colegas de la Johns Hopkins University —“How Oil Prices Internalize: Why Low Revenue May Pacify Petro States”— que testeó la relación entre precio del crudo y conflicto en 24 países petroleros entre 1960 y 2004. La conclusión fue reveladora: cuando los precios bajan, los Estados productores tienden a comportarse de manera más hostil hacia otros petro-Estados. Dos mecanismos explican el patrón, según los datos: la pelea por un mercado que se achica (rent seeking) y el uso del conflicto externo como distracción de audiencias domésticas.
El precio fiscal del Golfo: US$ 90
Mohtadi marcó una distinción importante al discutir sobre el piso del crudo. Para un consumidor, el precio del barril previo a la guerra en Medio Oriente —relativamente estable— era razonable. Pero para algunos productores como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, ese mismo precio era de presión: necesitan en torno a US$ 90 por barril para cerrar el equilibrio fiscal y sostener los presupuestos nacionales.
Finalmente, en un horizonte de mediano y largo plazo, Mohtadi puso el foco en la inversión global en transición. En 2025 la inversión en energías limpias alcanzó US$ 2,2 billones (trillions), el doble de lo que se canalizó hacia hidrocarburos. Y dejó un dato que muestra cómo cambió la estructura de costos del sector: en los 2000, el panel solar costaba alrededor de US$ 4 por watt; hoy ronda los 50 centavos. “Hace 70 años no había alternativas. Hoy las hay, y eso empieza a marcar el costo de oportunidad para los países productores”, cerró.
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