Neuquén, la principal productora de hidrocarburos, lidera el ranking de tarifas eléctricas más altas
El encarecimiento internacional de los combustibles y la estacionalidad invernal dispararon los costos del sistema eléctrico. La cobertura residencial cayó al 35% y obligó al Estado a financiar el resto de la tarifa.
En julio de 2026, el mercado eléctrico argentino registró un quiebre. La porción del costo de generación que los usuarios residenciales cubren con sus facturas se desplomó al 35%. Esta caída representa un retroceso de 11 puntos porcentuales frente a junio y marca el nivel de intervención estatal más alto del año. El Estado nacional asumió el 65% restante mediante subsidios directos.
El factor principal detrás de esta brecha tarifaria no surge de un congelamiento de precios, sino de un salto abrupto en los costos del sistema. El valor real de referencia de la energía trepó un 34% y alcanzó los $222.585/MWh, indica un reporte de la consultora RICSA ALyC. Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente encarecieron los combustibles a nivel global y golpearon de lleno a las centrales térmicas locales.
El mercado mayorista (Spot) reflejó esta tensión. El precio de la energía no regulada se consolidó en 168,6 u$s/MWh. Este valor representa un 80% más que el precio promedio del mercado asignado, y evidencia el estrés del sistema para sostener el abastecimiento sin trasladar el impacto total a las facturas.
El impacto de los costos difiere drásticamente según el nivel socioeconómico de los hogares. El esquema de segmentación muestra una dispersión enorme en la cobertura de julio:
La evolución anual marca un claro retroceso en la política de normalización tarifaria. Abril registró el nivel más bajo de subsidios del año (31%). Desde entonces, la tendencia se revirtió: mayo (46%), junio (54%) y julio (65%) acumularon tres meses de incremento sostenido en la brecha financiera.
El invierno argentino jugó su papel en la ecuación. Aunque las temperaturas en el Gran Buenos Aires promediaron los 12,5 ºC (ligeramente por encima de la media histórica), la estacionalidad impulsó un aumento interanual del 1,3% en la demanda residencial para calefacción.
Para responder a este consumo, el sistema operó con un mix de generación exigido. La energía hidráulica mostró un desempeño excelente y creció un 22,9% respecto al año anterior. Sin embargo, este aporte resultó insuficiente para desplazar a la generación térmica.
Las usinas térmicas, dependientes de los costosos hidrocarburos importados, aumentaron su producción un 1,9% interanual. Al mismo tiempo, las importaciones de energía cayeron un 32,3%. El país dispuso de menos alternativas de abastecimiento externo barato, situación que encareció el costo monómico del sistema y forzó una mayor inyección de fondos públicos.
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