El dilema del litio: Argentina tiene el 70% de los proyectos, pero ¿alcanza la inversión?
El litio entra en déficit global desde 2026. Argentina acapara 19 de 27 proyectos regionales. ¿Alcanzará el capital para evitar la crisis?
El mercado mundial de litio entra en zona de déficit estructural desde 2026 y la presión se extiende, según proyecciones de la banca de inversiones Canaccord Genuity, al menos hasta 2035. En ese contexto, América Latina moviliza un portafolio de 27 proyectos —greenfield y brownfield— con inversiones combinadas de US$15.900 millones que apuntan a iniciar producción, expandirse o incrementar tasas de procesamiento entre 2026 y 2030, de acuerdo con la base de datos de BNamericas.
El desbalance entre oferta y demanda plantea desafíos directos para las industrias de baterías de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético, dos sectores en expansión acelerada que dependen del litio como insumo crítico. La señal de alerta no proviene solo de modelos prospectivos: el mercado ya registra disrupciones concretas. Entre ellas, la restricción de exportaciones de concentrado en Zimbabue, la cancelación de licencias en Jiangxi por parte de reguladores chinos y la reducción de producción prevista por la minera australiana IGO.
Argentina acapara el protagonismo regional
De las 27 iniciativas relevadas, 19 corresponden a Argentina, con un volumen de inversión que alcanza los US$12.770 millones. Esta concentración posiciona al país como el actor más dinámico de la región en la carrera por capturar el ciclo alcista que, según los analistas del banco de inversión Canaccord, se consolida en la segunda mitad de la década.
El catalizador detrás de esta tracción es, en buena medida, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), vigente hasta 2027, que otorga certeza fiscal y cambiaria a proyectos que superan determinados umbrales de inversión. Para los desarrolladores que evaluaban postergar decisiones de inversión, el marco normativo reduce el riesgo regulatorio y habilita el acceso a financiamiento internacional.
La cartera argentina en ejecución o desarrollo avanzado incluye proyectos en los salares del noroeste del país —Jujuy, Salta y Catamarca— e incorpora tanto operaciones de extracción directa de litio (EDL) como plantas de carbonato e hidróxido. Entre las iniciativas más avanzadas figuran expansiones en Salar Olaroz, Mina Fénix, Centenario Ratones, Sal de Oro y Mariana, que contribuyeron a que Argentina proyecte una producción de aproximadamente 131.800 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE) para 2025, según fuentes del sector, lo que representa un incremento del 77% respecto al año anterior.
Chile, Bolivia y Perú: roles diferenciados
Más allá del protagonismo argentino, el resto del triángulo del litio —y otros países de la región— avanzan con iniciativas propias. Chile concentra tres operaciones: la ampliación de la planta química Carmen de SQM; un proyecto de US$600 millones en el salar de Maricunga, impulsado por el grupo Errázuriz junto al fondo de Singapur Simbalík; y el proyecto Laguna Verde de Clean Tech, con inicio de producción previsto para mediados de 2029.
En Bolivia, la empresa estatal YLB avanza en alianza con la rusa Uranium One Group para implementar tecnología de extracción directa en el salar de Uyuni, con una inversión de US$970 millones y una meta de 14.000 toneladas anuales de carbonato de litio equivalente (LCE) desde 2028.
En Perú, American Lithium Corp proyecta una inversión de más de US$847 millones en el proyecto Falchani, con el objetivo de alcanzar 30.000 toneladas anuales de producción hacia inicios de 2029.
El cuello de botella: capital y tiempo
Analistas de Canaccord Genuity son explícitos sobre la naturaleza del problema: el cuello de botella no es geológico, sino financiero y temporal. El litio existe en cantidades suficientes en la región —el triángulo sudamericano concentra más del 60% de las reservas mundiales—, pero cubrir el déficit proyectado requiere llevar a producción una cantidad de minas nuevas que, bajo el ritmo actual de aprobaciones, permisos y financiamiento, resulta estructuralmente difícil de alcanzar antes de la segunda mitad de la próxima década.
Para los proyectos que entren en producción entre 2028 y 2030, la proyección de un ciclo alcista de precios sostenido representa el argumento más sólido ante inversores y bancos. Si el déficit se extiende hasta 2035, un activo que comience a operar antes de esa fecha captura precio de ciclo alto durante varios años, lo que justifica el riesgo de etapas tempranas de desarrollo.
Para los gobiernos, la lectura es más incómoda: los marcos regulatorios que generan incertidumbre no solo alejan proyectos en el corto plazo, sino que los retrasan lo suficiente como para que pierdan el ciclo. En ese sentido, la certeza jurídica equivale, en términos prácticos, a rentabilidad diferencial.
La disputa geopolítica como variable de precio
El escenario no opera en el vacío. La demanda de litio proveniente de la industria automotriz norteamericana y europea responde, además de a factores de mercado, a una presión creciente por diversificar el suministro fuera de la órbita china. China controla hoy una porción dominante del procesamiento global de minerales críticos, y tanto Estados Unidos como la Unión Europea promueven activamente alternativas.
Un proyecto en Argentina o Chile que certifique procesamiento fuera de China accede a un premio de valor en precio y en financiamiento que no existía cinco años atrás. El marco del USMCA genera incentivos directos para que la producción latinoamericana se integre a cadenas de valor norteamericanas, lo que agrega una variable geopolítica al análisis de factibilidad económica de cada proyecto.
En esta nota
Te puede interesar












