Argentina: la energía nuclear, en jaque por crisis institucional
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) enfrenta una profunda crisis institucional, con vaciamiento, 300 bajas y salarios que no cubren la canasta básica.
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) atraviesa una de sus peores crisis en décadas. Proyectos estratégicos paralizados, una sangría constante de personal altamente calificado y salarios que no alcanzan para cubrir la canasta básica configuran un escenario que contradice, de manera flagrante, el "retorno triunfal" de la energía nuclear prometido por el presidente Javier Milei hace apenas un año.
La crisis salió a la luz pública cuando 94 jefes y jefas de sectores del organismo, acompañados por los cuatro gremios que representan a los trabajadores —ATE CNEA, AT CNEA, AP CNEA y ATE Conicet—, firmaron una carta dirigida a las máximas autoridades de la institución. El documento denuncia el incumplimiento sistemático de promesas, la ausencia de diálogo y la ruptura de una tradición institucional básica: presentarse en cada Centro Atómico al inicio de la gestión para exponer públicamente los planes de trabajo.
La pérdida de personal: una hemorragia silenciosa
Los números son contundentes. Según datos aportados por la Asamblea de Trabajadores del Centro Atómico Bariloche, la planta de personal se redujo de 3.336 trabajadores en septiembre de 2025 a 3.205 en febrero de 2026, lo que implica más de cien puestos perdidos en apenas cinco meses. En un período algo más extendido —poco más de dos años—, la caída acumula 300 agentes.
"Una de las causas principales de las renuncias registradas en el último período, aunque no la única, es el ya insostenible deterioro salarial", sostiene la nota firmada por los jerárquicos. A esto se suma la situación de 342 trabajadores con contratos trimestrales, a quienes los gremios califican como parte de un esquema de precarización "inaceptable". Además, advierten que becarios y becarias sostienen tareas científicas y tecnológicas esenciales en condiciones laborales precarias.
La reestructuración que encendió la polémica
En paralelo a estas denuncias, el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, anunció una reestructuración integral de la CNEA con el objetivo de "corregir ineficiencias históricas" y avanzar hacia un modelo con generación de ingresos propios. El funcionario sostuvo que el 50% del área nuclear son administrativos y que el organismo fue utilizado durante décadas como "aguantadero de la política", lo que derivó en una duplicación de la dotación de personal sin el desarrollo de nuevas fuentes de financiamiento.
La respuesta de la Asociación del Personal de la CNEA (APCNEAN) no tardó en llegar. "La CNEA aún tiene la capacidad de generar ingresos propios a pesar de que en gobiernos liberales como el que usted integra la hayan desmembrado quitándole sus actividades más rentables, como son las centrales nucleares", respondieron públicamente. Y fueron más lejos: "No existen en el mundo organismos de investigación y desarrollo que se autofinancien de manera directa e inmediata, si esa es su pretensión, porque trabajan para producir resultados a mediano y largo plazo."
Una institución estratégica en jaque
La APCNEAN también calificó de "provocación" las declaraciones del exsecretario de Karina Milei en redes sociales, quien —señalaron— "eligió responder con agravios y descalificaciones a un reclamo serio, en lugar de dar explicaciones por el vaciamiento y la expulsión de personal técnico altamente capacitado que están provocando."
Los gremios recuerdan que "la CNEA es una institución estratégica con el mayor prestigio internacional" y enumeran sus logros recientes: la construcción y puesta en marcha de Atucha II, la extensión de vida de la Central Nuclear Embalse, la construcción de centros de medicina nuclear y radioterapia en todo el país, la producción de radioisótopos, el desarrollo y exportación de reactores de investigación, y avances en tecnología satelital, entre otros.
El mega plan nuclear que no despegó
En febrero de 2025, Milei anunció con bombos y platillos el Plan Nuclear Argentino, con el que prometía "posicionar a la República Argentina como un líder global en el uso pacífico de la energía atómica". En ese entonces, el mandatario describió el proyecto como una respuesta a la creciente demanda energética global impulsada por la Inteligencia Artificial y los avances tecnológicos.
Sin embargo, la realidad que siguió al anuncio dista mucho del relato oficial. Las novedades concretas se limitaron a denuncias de corrupción y sobreprecios contra Demián Reidel, uno de los referentes del proyecto, y contra la cúpula de Nucleoeléctrica. También trascendieron manejos irregulares en el área de combustibles nucleares, con reportes de accidentes con materiales radiactivos. A esto se suman los despidos y los salarios que, según los propios trabajadores, no condicen en absoluto con un plan de desarrollo en un sector que el propio Gobierno declaró estratégico.
La brecha entre el discurso y la realidad operativa de la CNEA es, hoy, el centro del debate. La pregunta que queda abierta es si el Gobierno está dispuesto a sostener el área nuclear como política de Estado o si el "retorno triunfal" fue apenas una promesa sin respaldo presupuestario.
FUENTE: Noticias Argentinas
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