Grossi alerta: Sin la OIEA, cualquier acuerdo nuclear con Irán será una ilusión
Irán acumula uranio suficiente para 10 bombas nucleares. ¿Puede haber paz sin verificación internacional?
Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), lanzó una advertencia contundente en medio de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán: sin la presencia física de inspectores internacionales, cualquier entendimiento sobre el programa nuclear de Irán no pasará de ser una ficción diplomática.
En una conferencia de prensa celebrada este miércoles, Grossi subrayó que un eventual acuerdo de paz debe incluir medidas "muy detalladas" para verificar las actividades nucleares de Teherán. Sus declaraciones llegan en un momento en que fuentes internacionales reportan avances significativos en las negociaciones entre Washington y la República Islámica, e incluso la posibilidad de una prórroga a la tregua acordada en días recientes.
"Irán tiene un programa nuclear muy ambicioso y extenso, por lo que todo ello requerirá la presencia de inspectores del OIEA. De lo contrario, no habrá acuerdo. Solo existirá la ilusión de un acuerdo", sostuvo el funcionario ante la prensa internacional.
El Director General del organismo dependiente de las Naciones Unidas fue categórico: no alcanza con declaraciones de buena voluntad ni con compromisos genéricos. La credibilidad de cualquier pacto, según Grossi, depende directamente de un régimen de verificación exhaustivo que permita a su agencia monitorear de manera continua y rigurosa las instalaciones nucleares iraníes.
El peso de los números
Los datos que maneja el OIEA son elocuentes y preocupantes. Según confirmó el propio Grossi, Irán posee actualmente una reserva de 440,9 kilogramos —equivalentes a 972 libras— de uranio enriquecido a una pureza del 60%. Esta cifra no es trivial: los cálculos técnicos indican que esa cantidad de material podría ser suficiente para fabricar hasta 10 artefactos nucleares, en caso de que Teherán decidiera militarizar su programa atómico.
El umbral del 60% de enriquecimiento es técnicamente significativo. El uranio de grado armamentístico se enriquece al 90% o más, pero el salto desde el 60% es considerablemente más corto que desde niveles civiles convencionales, lo que acelera cualquier eventual transición hacia uso bélico. Este es precisamente el argumento central de quienes, como Grossi, insisten en que la verificación no puede quedar librada a la buena fe de las partes.
El funcionario también señaló que el OIEA registró un rápido aumento de las actividades en las instalaciones nucleares de Corea del Norte, aunque aclaró que la situación de ese país presenta características distintas a las del caso iraní.
La respuesta de Teherán
La reacción de Irán no tardó en llegar. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmail Baghaei, marcó con precisión la posición de su gobierno: el enriquecimiento de uranio es un derecho "indiscutible", aunque el nivel al que se practica sí podría ser materia de negociación.
"Nadie puede arrebatar a Irán su derecho a hacer un uso pacífico de la energía nuclear, ni por coacción ni a través de la guerra", afirmó Baghaei. Y agregó, en nombre del canciller Abbas Araghchi: "Respecto al nivel y el tipo de enriquecimiento, siempre hemos afirmado que ese tema es negociable. Irán debería ser capaz de continuar con el enriquecimiento en función de sus necesidades".
La declaración iraní establece así una línea roja implícita: Teherán no abandonará el enriquecimiento como actividad, pero abre la puerta a discutir los límites técnicos de esa práctica. Esta distinción resulta central para entender el margen real que tienen los negociadores de ambas partes.
Una negociación sobre el filo
La posición de Grossi coloca al OIEA en el centro de cualquier solución duradera. Sin la capacidad de inspección que solo el organismo puede garantizar, los acuerdos diplomáticos corren el riesgo de convertirse en declaraciones vacías, incapaces de generar confianza entre las partes ni de ofrecer garantías reales a la comunidad internacional.
El escenario que se configura es complejo: por un lado, una potencia regional que defiende su soberanía tecnológica y su derecho al átomo civil; por el otro, una comunidad internacional que exige transparencia ante reservas de uranio enriquecido que, técnicamente, representan una capacidad nuclear latente. En ese equilibrio delicado, la voz del argentino Rafael Grossi emerge como la de un árbitro cuya autoridad nadie puede ignorar si aspira a un acuerdo que se sostenga en el tiempo.
FUENTE: Noticias Argentinas y agencias
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