Vaca Muerta

La última escala de los residuos: los 57 pozos sumideros en Vaca Muerta

Reciben una parte importante de los desechos generados por el auge del shale. Los datos oficiales dan cuenta de un salto del flowback, el líquido que devuelven las perforaciones y son un dilema central para la industria.

Fernando Castro - fcastro@lmneuquen.com.ar

Son una última escala de la producción en Vaca Muerta. Una suerte de lado “b”, de a ratos un tabú. Los pozos sumideros son el destino para millones de metros cúbicos de residuos de los pozos no convencionales que impulsan el despegue de la producción argentina.

En Neuquén, hay 57 pozos sumideros operativos, si bien en total son unos 155 los perforados, tal como se puede ver en el gráfico interactivo que acompaña esta nota.

La diferencia entre una y otra cifra da cuenta, en principio, de los que se dejaron de utilizar, la mayoría de las veces por una ecuación económica. Acaso nuevos pozos o acuerdos para tratar esos residuos implicaron que hayan quedado sin uso.

En Neuquén, hay disposiciones y reglamentaciones que regulan y determinan las características que deben tener este tipo de perforaciones que almacenan a miles de metros de profundidad el flowback, o el agua de retorno que contiene aditivos químicos entre otras sustancias utilizadas en la industria petrolera en genera y en el shale en particular. De acuerdo al caso, por encima del 30% del líquido inyectado vuelve a superficie.

La localización de los pozos, que se da a conocer a través de coordenadas que son públicas con esta nota, es parte de la información que las empresas productoras proveen bajo una declaración jurada a la Provincia y forma parte de los datos que tiene la actual secretaría de Energía de la Nación.

La disposición 29/12 regula en Neuquén cómo tiene que construirse un pozo de estas características. La normativa fue una suerte de señal para una masa crítica que crecía al fragor de los primeros pasos de la industria shale en Argentina.

¿Dónde están los sumideros en Neuquén?

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¿A dónde se inyecta?

El grueso del flowback llega a una formación geológica muy famosa entre las petroleras. Se llama Centenario, tiene proporciones gigantescas, ya que cruza parte de la Cuenca Neuquina. “Es como si fuera una esponja porosa”, describió una fuente esta gran capa geológica. Así, las petroleras que tienen autorización, van “al piso” de la formación Centenario, porque, según explican los geólogos, “es una formación sello”.

El proceso de autorización incluye una serie de protocolos y análisis de laboratorio necesarios para recibir el permiso para perforar un pozo sumidero. La ruta es así: Recursos Hídricos pide primero una muestra de un pozo cercano que haya atravesado la formación que constituirá el depósito. En base a esa muestra se establecen los parámetros, por caso la salinidad del agua que se permitirá introducir en el sumidero, a los que deberá ceñirse el líquido que será vertido. Si ese requisito no se reúne, el permiso no se otorga. Se sobreentiende que el agua que pudiera contener la formación geológica de destino “nunca podrá utilizarse para consumo humano o riego”, sostuvieron fuentes de la industria.

Junto a esta nota, la disposición 29/12 da cuenta de los detalles y los requisitos que se exigen a las compañías que buscan construir un sumidero en las áreas provinciales.

Los tres destinos posibles para el flowback

Los datos oficiales dan cuenta del enorme crecimiento del volumen del agua de retorno. La información de la secretaría de Ambiente de la Provincia indica que mientras en el 2016 hubo 10.620 m3 generados, en el 2017 la cifra creció a 1.030.552 m3. Los últimos datos son los del 2018, con un total de 1.288.304 m3, para uno de los mejores años de la producción shale: hubo 336 pozos productores perforados en todo Vaca Muerta, y las ramas horizontales comenzaron su despegue con mayores longitudes. Esto permitió más etapas de fractura por cada pozo, algo que al mismo tiempo se refleja en los residuos generados.

Para tener una noción aproximada, llevada a una escala entendible: una pileta olímpica de 50 metros de largo contiene unos 2500 m3 de agua. El volumen de flowback que dejó Vaca Muerta en 2018 equivale al de 515 piletas olímpicas. Acaso se necesiten más si se tiene en cuenta que el tipo de líquido es casi por definición más denso.

Para este material, hay tres destinos posibles de acuerdo a las regulaciones.

Por un lado, ese último destino dado por los pozos sumideros autorizados, que en rigor hace décadas se perforan en Neuquén, ya que también son parte de la era convencional.

La otra posibilidad es la reutilización del líquido en la recuperación secundaria de pozos maduros. Esto es, la inyección para estimular la producción en pozos que requieren de agua para incrementar su producción.

En este caso, la ruta es la siguiente: una empresa informa a Recursos Hídricos de la provincia que el agua que recibe de un pozo es asimilable al “agua de producción”, es decir, a la que emana de un pozo en etapa productiva, y pide autorización para utilizar el flowback en recuperación secundaria. Si ese líquido se traslada, debe tener la autorización de la Secretaría de Ambiente, que genera un “manifiesto de transporte”, un mecanismo que permite acceder a la trazabilidad y el destino de esa sustancia.

Si el flowback es llevado a un centro de disposición final, a una planta de tratamiento, también se utiliza el mismo mecanismo, una certificación del transporte y es la tratadora (Treater, Comarza e Indarsa) la que emite el certificado de disposición final.

Con el salto productivo registrado en los dos últimos años, y el despegue alternativo del shale oil y el shale gas, las petroleras incluyen en la documentación de sus desarrollos masivos que le entregan a la Provincia la geolocalización de los sumideros que perforarán dentro de sus áreas. Es parte de lo que estableció la disposición 26/12, al margen de la caracterización y los plazos de regularización para los pozos que hasta su entrada en vigencia no hubieran sido declarados (ver aparte). Esa normativa también fija los parámetros de control y la periodicidad de los relevamientos para especificar el estado de estos pozos, incluso con imágenes de video.

Agua de producción vs. flowback

Uno de los problemas legales históricos pasa por determinar hasta qué punto un líquido es flowback o agua de producción, es decir la que está en un determinado reservorio por condiciones naturales y que emana luego de una perforación. Lo que se suele exigir es un informe cada 72 horas de lo que devuelve un pozo, qué tipo de componentes salen con el agua. Uno de los indicadores es la conductividad (básicamente la sal y otros componentes), y en base a eso se establece si es agua de producción o de flowback. En función de esta determinación, es que se establecen los usos posibles de acuerdo a las normas vigentes. Para el caso del agua de producción, el destino suele ser el de un uso industrial: la construcción de una locación o consolidar caminos por caso.

La disposición 29/12 regula y fija las condiciones

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