Vaca Muerta

Daniel Dreizzen: "Argentina superará los 2 millones de barriles en 2033"

El consultor analizó en la AOG Patagonia el futuro de Vaca Muerta. Proyecta 2,2 millones de barriles para 2033 y advierte sobre la urgencia de ampliar la infraestructura.

La edición de la AOG Patagonia evidenció el magnetismo indiscutido de Vaca Muerta. El evento congregó a un público masivo que excedió largamente a los actores tradicionales del sector hidrocarburífero. Referentes de múltiples industrias recorrieron los pasillos de la feria en Neuquén, atraídos por el volumen de negocios que tracciona la formación no convencional.

En este escenario de ebullición, el director de la consultora Aleph Energy y ex secretario de Planeamiento Energético, Daniel Dreizzen, trazó un diagnóstico quirúrgico sobre el presente y los desafíos estructurales de la cuenca.

Las proyecciones oficiales consolidan un sendero de crecimiento sin precedentes. Argentina superará la barrera de los 2.200.000 barriles diarios de petróleo hacia el año 2033. En la actualidad, el país produce cerca de 900.000 barriles, con la Cuenca Neuquina aportando la enorme mayoría de ese volumen total. Este salto productivo exponencial demanda resolver urgencias logísticas de manera perentoria.

El rediseño obligado del oleoducto Vaca Muerta Sur

El proyecto Vaca Muerta Sur asoma como la principal arteria para canalizar los barriles de exportación. Sin embargo, Dreizzen advirtió que el diseño original quedó chico frente a la realidad operativa de los yacimientos. Gustavo Gallino, responsable del área de infraestructura de YPF, confirmó durante el evento que la petrolera ya evalúa ampliaciones masivas o el diseño de sistemas paralelos para evitar un colapso en el transporte.

Los números de evacuación requieren actualizaciones constantes. Las proyecciones originales de YPF apuntaban a transportar 550.000 barriles diarios, con una potencial ampliación a 700.000. La nueva hoja de ruta que impulsa la cúpula directiva de la compañía exige superar ampliamente esos volúmenes.

El sistema actual cuenta con márgenes de maniobra muy acotados. Las obras de expansión de Oldelval hacia el Atlántico y la reactivación del Oleoducto Trasandino hacia Chile brindan un alivio temporal y garantizan un piso operativo. Pero el salto cuantitativo de la roca madre impone la construcción acelerada de nuevas líneas de despacho de escala global.

El costo del barril y la convivencia con el RIGI

El contexto de los precios internacionales favorece la inyección de capital en el shale argentino. Los valores actuales del crudo garantizan liquidez a las empresas para acelerar los planes de perforación. Un estudio reciente de Aleph Energy calculó con precisión el precio de corte (break-even) de los proyectos petroleros locales.

Los datos confirman la altísima competitividad de Vaca Muerta a nivel mundial. El costo operativo oscila entre los 49 y los 66 dólares por barril. Esta variación monetaria depende de dos variables decisivas: la aplicación de los beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y si el desarrollo abarca un proyecto integral de infraestructura de cero o contempla exclusivamente la perforación de un pozo aislado.

Un pozo individual amparado en el RIGI logra rentabilidad con un barril cercano a los 50 dólares. Si el análisis suma toda la infraestructura de superficie de un bloque virgen y excluye el régimen de beneficios, el costo trepa por encima de los 65 dólares. De todas formas, ambos márgenes arrojan fuertes ganancias en el mercado actual.

El escenario macroeconómico configura hoy dos ecosistemas paralelos en el país. Las grandes operadoras logran exportar y operar bajo el paraguas protector del RIGI, mientras la cadena de valor y las pymes enfrentan las trabas de la economía habitual. Dreizzen subrayó que el país necesita normalizar las variables generales. Eliminar impuestos distorsivos y facilitar el acceso a importaciones resultan medidas vitales para que la rentabilidad del sector no dependa solo de regímenes especiales.

El cuello de botella en las plantas de separación

La aceleración frenética de los equipos perforadores trae un problema adicional bajo la superficie. El crudo llega acompañado por altos volúmenes de gas asociado, rico en líquidos como propano, butano y gasolina. La jerga de la industria define a esta mezcla con el término técnico de "sopa".

El tratamiento de estos fluidos constituye otro cuello de botella crítico. Las plantas separadoras actuales operan al límite de su capacidad técnica. Los proyectos de ampliación de la infraestructura de midstream, como los que diseña la empresa TGS, exigen plazos de construcción y montaje que superan los tres o cuatro años de obra.

Las empresas productoras urgen soluciones de corto plazo para no frenar la actividad de los taladros. Las operadoras analizan alternativas temporales de alto impacto logístico. El traslado de estos líquidos mediante flotas de camiones aparece como la vía de escape más rápida, aunque penaliza fuertemente la eficiencia en los costos de extracción. La infraestructura de transporte exige inversiones monumentales para que el subsuelo rinda sus frutos sin asfixiar la superficie.

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