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Expertos de la industria defienden al offshore y hablan de "ecologismo ideológico"

El proyecto de Equinor, YPF y Shell, en la mirada de tres expertos del sector hidrocarburífero. El petróleo en el mar y la soberanía.

Aplaudido por algunos y cuestionado por otros, el proyecto de Equinor en sociedad con YPF y Shell que apunta a la exploración offshore de las áreas CAN 100, CAN 108 y CAN 114, en la Cuenca Argentina Norte, pone en blanco sobre negro ciertas aristas de un tipo de inversión que se viene llevando a cabo en la Argentina hace más de 50 años y que no tuvo consecuencias negativas desde el punto de vista ecológico.

Consultado por +e, Daniel Montamat, consultor y ex presidente de YPF, considera que el proyecto offshore de relevamiento sísmico proviene de una licitación transparente de la gestión anterior que fue convocante de empresas internacionales y nacionales, y que representa una inversión comprometida de 740 millones de dólares.

“Equinor, una de las adjudicadas con mayor experiencia en exploración y producción en aguas profundas, inició en el 2020 la solicitud de permiso ambiental para iniciar su investigación en la plataforma argentina. Su presentación siguió todo un proceso que involucró audiencias públicas y que demostró que las tareas en cuestión no implicaban daño ambiental. Pero hay un ecologismo ideológico que aprovecha la democracia polarizada que estamos sufriendo para plantear disyuntivas”, explica.

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Daniel Montamat.

Daniel Montamat.

Desde la mirada del ex secretario de Energía de la Nación, “no es pesca o exploración en el offshore”. Ambas pueden convivir en el marco de un desarrollo sustentable. “Es pesca y exploración para develar el misterio de nuestra plataforma continental y las expectativas de que haya o no petróleo de explotación comercial sobre todo en la zona del talud continental”, sostiene.

Para Gerardo Rabinovich, vicepresidente del Instituto Argentino de la Energía General Mosconi (IAE), los permisos ambientales otorgados en esta etapa de prospección no reflejan riesgos ambientales de consideración, ya que Equinor explicó satisfactoriamente su plan de mitigación de posibles impactos en la audiencia pública.

“Esta etapa exploratoria consiste en la adquisición de datos por métodos indirectos de la geología y la probabilidad de la existencia de hidrocarburos en el área. No afecta a la industria pesquera ni a la biología marina, y reafirma la soberanía sobre la plataforma continental. Por otra parte, genera una actividad económica notable en los puertos de la costa de Buenos Aires, en particular Mar del Plata, que deberá hacer punta en el manejo de la logística de abastecimiento a los tripulantes de la embarcación”, amplía. Y señala: “No menos de cinco años pasarán antes de que conozcamos los resultados y si estos justifican tomar la decisión de avanzar en el conocimiento de esta geología”.

Sobre los reclamos, manifestó: "Son prematuras, excesivas e injustificadas las alarmas que algunos colectivos ambientalistas han difundido y sería perjudicial detener esta actividad en esta etapa”.

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Esta línea de pensamiento es compartida por Daniel Kokogian, geólogo de destacada trayectoria en el sector. “En contra de lo que piensa parte de la opinión pública, hay pocas actividades económicas, industriales y productivas que hoy tengan el nivel de rigurosidad ambiental de la industria petrolera. Tenemos décadas de exploración petrolera en el mar sin accidentes”, advierte.

“Agitan fantasmas contra la actividad sísmica sin ningún tipo de argumento o sustento. O acaso, ¿dónde está el daño ambiental en estos últimos 50 años en el mar Argentino? Estos son los mismos grupos que se oponían a la construcción de la papelera de Bosnia y que llegaron hasta cerrar las fronteras y hacer piquetes en el puente internacional de Fray Bentos. ¿Dónde están los peces muertos en el río Uruguay y el daño causado a las poblaciones ribereñas? Claramente es un tema político”, subraya.

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El offshore argentino tiene una densidad exploratoria baja a muy baja, salvo la zona de Cuenca Austral donde existe producción ya hace algunas décadas. Con excepción de Tierra del Fuego, donde se producen hidrocarburos en el mar hace ya varios años, nunca se ha detectado roca madre o generadora en la plataforma argentina ni en la década del 60 cuando YPF exploró en las cuencas del Salado y del Colorado, ni en los 90 con el Plan Argentina en la Península Valdés o en la Cuenca San Julián.

“Por eso- explica Kokogian- la estrategia por ahora apunta a realizar tareas de sísmica en el talud continental a más de 300 km de la costa, y según los resultados obtenidos se decidirá si se justifica hacer un pozo exploratorio o no. Ya que para que sea rentable, tiene que ser algo gigantesco que amerite una inversión de gran escala”.

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> Una actividad costosa que lleva más de 50 años

La historia de la exploración de la plataforma continental argentina pertenece al pasado reciente, ya que los primeros pozos se perforaron en 1969. Hoy se contabilizan no más de 280 pozos entre exploración y explotación.

"En el offshore, el costo diario de una unidad perforadora puede ser de 200.000 o 300.000 dólares; la utilización de un equipamiento, de 10.000 dólares, lo que representa un porcentaje menor, totalmente asumible. En una perforación onshore, este valor puede representar un 50% del costo del equipo perforador".

Tal es la explicación que daba el Ingeniero Luis Rabanaque en su trabajo "Historia de los últimos 50 años de perforación", publicado por la revista Petrotecnia (editada por el IAPG) años atrás.

"En 1960, las unidades de perforación offshore apenas podían operar en profundidades del orden de los 100 m de agua. Se trataba, en general, de barcazas, plataformas fijas, sumergibles o autoelevables (jackup). Hacia 1970, ya existían equipos con capacidades del orden de alrededor de 400 m y comenzaban a aparecer plataformas semisumergibles y buques perforadores", relataba Rabanaque en su nota.

No obstante, señala que "de 1970 a 1980, se produjo un salto significativo en las capacidades de perforación relativas a la profundidad de agua. A partir de mediados de esa década, comenzó la perforación en “aguas profundas” (por encima de los 1000 m) y, hacia el final, se operaba en profundidades de alrededor de 1500 m.

En su artículo, Rabanaque detallaba: "Entre mediados de los ochenta hasta casi el año 2000, las profundidades de agua de la perforación exploratoria llegaron a los 2300 m, pero además se produjo un gran desarrollo en la perforación con unidades flotantes y en la producción con cabezales submarinos. De este modo, para el año 2000, ya se perforaba y se producía de pozos en 1800 m bajo el agua".

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