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Argentina apunta a ser la sexta potencia mundial en cobre

Cinco años alcanzan para triplicar la participación argentina en el mercado mundial del cobre. El mapa de inversiones ya está trazado.

Argentina no tuvo producción de cobre de gran escala desde el cierre de Bajo de la Alumbrera en 2018. Ese paréntesis de casi una década está por cerrarse de manera contundente. Un informe reciente de la Secretaría de Minería establece que la cartera actual de proyectos avanzados posiciona al país como actor central en la transición energética global, con una estimación de inversión de capital (CAPEX) superior a los USD 30.000 millones distribuidos en nueve iniciativas en estados avanzados, localizadas principalmente en Cuyo y el NOA.

Las reservas argentinas de cobre suman 17,2 millones de toneladas métricas, cifra que representó el 1,8% del total global en 2024. Con yacimientos nuevos y leyes del mineral competitivas —el promedio ronda el 0,45%—, el país ofrece una ventaja diferencial frente a productores tradicionales como Chile, cuyas minas envejecen y registran caída en sus leyes.

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Bajo de la Alumbrera es una explotación minera a cielo abierto ubicada en la provincia de Catamarca. Foto: Secretaría de Minería.

El mercado global que Argentina quiere capturar

El contexto internacional actúa como catalizador. La demanda global de cobre refinado alcanzó las 28,6 millones de toneladas en 2024 y se proyecta con un crecimiento del 30% hacia 2035, según la Secretaría de Minería.

Este incremento ya no responde solo a los usos tradicionales en construcción y redes eléctricas: la irrupción de los vehículos eléctricos, las energías renovables y la infraestructura para Inteligencia Artificial y centros de datos redefine la curva de demanda estructural.

El crecimiento hacia mediados de la próxima década se explicará en un 60% por China, mientras que Estados Unidos deberá importar cerca del 60% de su consumo de cobre refinado. India emerge como la economía con mayor dinamismo en el rubro, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 3,3%.

Japón, Alemania y EE.UU. crecerán a tasas de 1,0%, 2,4% y 2,2% respectivamente, traccionadas por tecnologías vinculadas a renovables, vehículos eléctricos e IA. China, por su parte, crecerá a una tasa anual compuesta del 1,8% en el mismo período.

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El Pachón es un proyecto minero ubicado en San Juan. Está emplazado a unos 5 km de la frontera con la Chile a una altura entre 3000 y 4200 msnm. Foto: secretaría de MInería.

Top 6

En este contexto, hay seis megaproyectos de Argentina que pede llegar a redefinir el mapa minero.

El primero es El Pachón (San Juan). Bajo control de Glencore, es el proyecto que más se destaca: una inversión estimada de USD 10.400 millones y una vida útil proyectada de 24 años para producción de molienda y flotación de concentrados.

En segundo lugar, Josemaría -que también está en San Juan y es parte del Distrito Vicuña- avanza en etapa de construcción con un CAPEX de USD 4.061 millones. El desarrollo, a cargo de Lundin Mining y BHP, integra una sinergia transfronteriza con Chile para optimizar logística y recursos.

En la lista no puede faltar Filo del Sol. Se trata del tercer componente del Distrito Vicuña, atraviesa la etapa de prefactibilidad con una inversión inicial estimada en USD 3.000 millones. En conjunto, Vicuña prevé una primera etapa de CAPEX de USD 7.000 millones, con un desarrollo total que escalaría a los USD 18.000 millones en una década.

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Las exportaciones de cobre argentino, salido de proyectos como Los Azules (foto), podrían superar los USD 17.000 millones anuales hacia 2035, según la Secretaría de Minería. Foto: Secretaría de Minería.

EL otro proyecto que destaca en el escenario local es Taca Taca. Ubicado en Salta y gestionado por First Quantum Minerals, demanda una inversión de USD 5.200 millones y se destaca por una vida útil estimada de 32 años. Su puesta en marcha, prevista para 2030, diversifica el perfil exportador del NOA.

Por otro lado, Los Azules (San Juan) introduce una innovación relevante: la producción directa de cátodos de cobre mediante lixiviación, con una inversión de USD 3.168 millones y el respaldo de Stellantis como socio estratégico, alineado con la demanda de la industria automotriz para baterías y vehículos eléctricos.

Finalmente, MARA. Desarrollado por Glencore en Catamarca sobre la infraestructura existente de la antigua Alumbrera, contempla una inversión de USD 4.000 millones y una vida útil de 23 años a partir de su inicio estimado en 2031. El aprovechamiento de activos preexistentes reduce costos operativos e impacto ambiental.

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El proyecto Taca Taca está ubicado a unos 35 kilómetros de Tolar Grande, en el departamento de Los Andes, provincia de Salta en la región de la puna argentina. Foto: secretaría de Minería.

Proyecciones monumentales

El impacto agregado de esta cartera es de escala histórica. La Secretaría de Minería estima que Argentina podría superar una producción de 1,5 millones de toneladas de cobre para 2035, lo que equivale al 6,1% de la producción mundial, y ubicaría al país por encima de economías como Estados Unidos, Indonesia y Zambia en ese mismo año.

La participación global argentina en producción de cobre se triplicaría en apenas cinco años. Y el piso productivo sostenido durante los próximos 30 años bordearía el millón de toneladas anuales, sin considerar ampliaciones ni el ingreso de nuevos proyectos actualmente en etapas más tempranas.

En términos de divisas, las exportaciones de cobre podrían superar los USD 17.000 millones anuales hacia 2035, una cifra con impacto directo sobre la estabilidad macroeconómica del país. El marco normativo que sustenta esas proyecciones combina la Ley de Inversiones Mineras con el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).

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El Distrito Vicuña integra Josemaría (foto) y Filo del Sol; su desarrollo total podría escalar a USD 18.000 millones en una década. Foto: secretaría de Minería.

Exploración, precios y competitividad

En 2024, Argentina se posicionó como la sexta economía mundial en inversión exploratoria en cobre, con USD 200 millones, el doble de lo invertido el año anterior. Ese salto refleja la confianza de las operadoras en el potencial de los yacimientos locales, incluso en zonas de alta montaña con costos logísticos elevados.

El factor precio opera como respaldo estructural. El valor de la libra de cobre escaló de USD 2,5 a USD 4,2 en la última década y se proyecta un promedio de USD 4,8 para el período 2025–2035, niveles que garantizan la viabilidad económica de los proyectos en la Puna y la Cordillera.

La cadena de valor y los desafíos pendientes

El desarrollo de plantas de fundición y refinería en Asia incrementa la demanda internacional por el concentrado de cobre que producirá Argentina. Sin embargo, proyectos como Los Azules exploran la producción de cátodos, lo que permitiría agregar valor en origen y maximizar los márgenes del negocio.

En materia ambiental, la industria adopta estándares crecientes: procesos hidrometalúrgicos, integración de energías renovables en las operaciones, tecnología de gemelos digitales y perforación de precisión para reducir la huella de carbono. A eso se suma la infraestructura de transporte ferroviario y vial que conectará los yacimientos con los puertos del Pacífico y el Atlántico, elemento crítico para la competitividad logística del sector.