Jack Lundin, CEO de Lundin Mining, lo explicó con claridad durante la conferencia con inversionistas posterior a la publicación del Estudio Técnico Integrado (PEA) el 16 de febrero de 2026. “Hoy operamos bajo un protocolo binacional que facilita el movimiento de equipos sin trámites aduaneros en etapa exploratoria. El siguiente paso es escalar ese esquema a un acuerdo de explotación que permita mayor libertad para mover productos, personal y equipos durante la fase operativa”.
Ese protocolo actual, habilitado por el Tratado de Integración y Complementación Minera firmado en 1997 entre Chile y Argentina, ya permite cruces fluidos en alta cordillera. Sin embargo, la operación industrial a gran escala exige definiciones más robustas en logística, tránsito transfronterizo, proveedores y coordinación operativa entre ambas jurisdicciones.
Las compañías trabajan activamente con las autoridades de ambos países a través de la comisión vinculada al tratado. Esta coordinación resulta esencial para resolver aspectos prácticos: circulación de trabajadores, traslado de maquinaria pesada, movimiento de concentrados y minerales, y ordenamiento institucional para una faena que, por diseño, opera simultáneamente en dos países.
El tratado, pilar estructural
Firmado en 1997, el Tratado Binacional Minero fue concebido precisamente para habilitar el desarrollo de yacimientos en zonas fronterizas o de influencia compartida. En el caso de Vicuña, ese marco legal sustenta la fase actual de exploración y estudios, pero la transición a producción demanda ampliaciones específicas.
Lundin Mining enfatiza que la estrategia de permisos constituye un eje central del plan de largo plazo. La empresa dispone de tiempo suficiente para completar los procesos regulatorios antes de iniciar la explotación plena, siempre que se mantenga el ritmo colaborativo con los gobiernos de Argentina y Chile.
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Un distrito minero integrado con inversión colosal
El PEA presentado en febrero de 2026 confirma la estructura por etapas del proyecto y un horizonte de vida útil superior a 70 años.. Vicuña integrará progresivamente ambos activos bajo una visión unificada, con una inversión total estimada en alrededor de US$18.000 millones durante el desarrollo completo (según declaraciones de la compañía y reportes especializados como BNamericas y Mining Weekly).
La etapa 1 centra la actividad en Josemaría con construcción de mina a rajo abierto y concentradora de sulfuros. Las etapas posteriores incorporan el tratamiento de óxidos en Filo del Sol y expansiones que podrían posicionar al distrito entre los cinco mayores productores mundiales de cobre, oro y plata.
Esta magnitud convierte el diseño binacional en condición estructural, no en detalle accesorio. El acuerdo final influirá directamente en la eficiencia de flujos de insumos, transporte, personal y operaciones logísticas a través de la cordillera.
Coordinación binacional: el factor decisivo para la escala
Lundin Mining destaca el esfuerzo colaborativo entre equipos de BHP, Lundin, Vicuña Corp. y autoridades de ambos países. “Se trata de una iniciativa de gran magnitud, pero contamos con una estrategia clara para avanzar”, señaló la compañía.
El éxito dependerá de resolver con precisión los aspectos regulatorios y operativos: permisos sectoriales, autorizaciones hídricas, concesiones marítimas y acuerdos institucionales para una operación transfronteriza fluida. Estos elementos definirán si Vicuña logra transformarse en uno de los desarrollos cupríferos más relevantes de los Andes.
El avance de Vicuña no solo representa una oportunidad económica para la región andina, sino un precedente para futuros desarrollos mineros transfronterizos en América Latina. Si logra concretar el acuerdo de explotación binacional, el proyecto podría redefinir la producción regional de cobre en un contexto de demanda global creciente por metales críticos.