GNL

Vaca Muerta evita una catástrofe económica

Con medidas más o menos acertadas, es de destacar que en un país pendular la decisión de sostener la explotación de los recursos propios en materia hidrocarburífera ha sido acertada. 

La guerra entre Rusia y Ucrania derivó en una nueva escalada de los precios de la energía, que enciende las alarmas en las cuentas públicas de la Argentina cuando quedan pocas semanas para que se defina la compra de los cargamentos de GNL que necesitará el país para atender la demanda interna entre mayo y septiembre.

La cotización del GNL en el mercado asiático para mayo y junio osciló en estos días entre los 40 y 60 dólares el millón de BTU (MBTU).

El año pasado, Argentina pagó un promedio de 8,33 dólares el MBTU por 56 cargamentos de GNL para las terminales regasificadoras de Escobar y Bahía Blanca, que demandaron 1100 millones de dólares. A los precios actuales, se necesitarían al menos 5000 millones de dólares para importar ese mismo volumen.

Es probable que este año se requieran más cargamentos, como mínimo unos 60, para reemplazar la caída de los envíos de gas de Bolivia. El crecimiento de la producción de Vaca Muerta –del orden del 8% para 2022, según las previsiones del gobierno neuquino- compensará una parte de esa merma del país vecino, pero el cuello de botella de la infraestructura pondrá límites.

La incertidumbre en los mercados internacionales es extrema ante las crecientes operaciones militares de Rusia en Ucrania y las sanciones aplicadas por Europa y EE.UU. al gobierno de Vladimir Putin.

Los mercados de gas también están detectando la extrema volatilidad del petróleo, ya que el Brent orilla los 120 dólares por barril, y amenaza con seguir en alza si se interrumpen los flujos físicos de petróleo desde Rusia. Reino Unido ya está presionando para que las sanciones alcancen a los hidrocarburos rusos, lo que podría echar más leña al fuego.

Para la Argentina, la suba del precio del GNL tiene impacto directo en la caudalosa masa de subsidios a la energía, provoca una mayor sangría de las reservas del Banco Central y presiona sobre el dólar. Los mercados atraviesan una volatilidad extrema, y aún es difícil predecir cuánto deberá pagar el país para garantizarse la cobertura del pico de la demanda de gas el próximo invierno. Mucho dependerá de cuánto dure el conflicto bélico. Los tiempos apremian, los primeros cargamentos deberían llegar en mayo y la licitación se debe realizar 45 días antes, y los pagos se cancelan en efectivo y por adelantado.

En este contexto de precios internacionales de extrema volatilidad, es bueno recordar que hoy desde Vaca Muerta sale la mitad del gas que se produce en todo el país, cuando el resto de las cuencas convencionales sigue en franca declinación. Si hay una política de Estado que ha trascendido no solo a los gobiernos locales, desde Jorge Sapag a Omar Gutiérrez, sino también a nivel nacional con administraciones de distinto tinte partidario, ha sido el desarrollo del shale. Con medidas más o menos acertadas, es de destacar que en un país pendular la decisión de sostener la explotación de los recursos propios en materia hidrocarburífera ha sido acertada.

Esa política que ha trascendido los gobiernos en la última década permite que hoy el panorama externo -y su impacto en la macroeconomía- sea complejo pero no catastrófico.

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