VMOS: cómo funcionará el tanque 404 que recibirá petróleo en Punta Colorada.
El crudo neuquino desplazó a productos tradicionales del campo como la principal materia prima exportadora nacional. Cómo engranan las obras de transporte con el contexto geopolítico.
El mapa exportador de la Argentina atraviesa un cambio de paradigma histórico impulsado desde la Cuenca Neuquina. Durante el primer semestre de 2026, el petróleo desplazó al maíz y a la harina de soja para coronarse como el principal producto de exportación del país. Vaca Muerta tracciona esta transformación y quiebra sus propios techos productivos de manera constante.
El impacto macroeconómico resulta contundente para las arcas nacionales. La balanza comercial energética revirtió el déficit asfixiante de 4.400 millones de dólares de 2022 y registró un superávit de 11.071 millones de dólares en el último año, según indica el último informe de la consultora Paspartú, que dirige Juan José Carbajales. Este saldo positivo explica por sí solo el 45,3% del superávit comercial total de bienes del país.
El motor detrás de este fenómeno alcanzó un nuevo hito en septiembre, cuando la producción neuquina de crudo rompió su récord histórico con 714.089 barriles diarios (bbl/d). El mercado interno estabilizó su demanda de refinación en torno a los 580 kbbl/d, por lo que cada nuevo barril extraído tiene destino de puerto.
Las exportaciones marcaron un pico de 421 kbbl/d en septiembre. Así, el shale no solo consolida el reemplazo del declino convencional, sino que funciona como el gran oxigenador de la economía argentina. Hoy, Vaca Muerta aporta el 75% del total de petróleo extraído en el país.
Como epicentro de este desarrollo no convencional, la provincia de Neuquén consolidó su posición estratégica al explicar el 56% de todas las exportaciones energéticas argentinas. Durante el noveno mes del año, la jurisdicción patagónica facturó USD 1.003 millones por sus envíos internacionales, y acumula ventas por USD 6.933 millones entre enero y septiembre de 2026.
Además, entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, el shale neuquino sumó 151.749 bbl/d a su producción. En ocho años, la producción se multiplicó por 10,7 respecto de septiembre de 2018, lo que equivale a un crecimiento promedio de 34,4% anual.
Para dimensionar la magnitud del subsuelo neuquino, el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG) publicó un estudio exhaustivo sobre la roca madre. Los resultados determinan que los Recursos Remanentes Técnicamente Recuperables de Petróleo alcanzan los 30.170 millones de barriles bajo un escenario medio.
La inmensidad de esta dotación contrasta fuertemente con la historia extractiva de la cuenca. Hasta fines de 2024, la industria extrajo apenas 558 millones de barriles, un 1,8% de los recursos calculados. Con el ritmo actual, la roca madre tiene suficiente crudo para abastecer al país durante 120 años.
Sin embargo, detrás del triunfalismo asoma una trampa financiera fundamental para la planificación del sector. La consultora Paspartú advierte que el 73% de esos volúmenes clasifica estrictamente como “recursos prospectivos”. Estos barriles todavía no superaron las barreras de viabilidad económica.
Un recurso técnico no equivale a una reserva comercial. Los mercados financieros miran exclusivamente las reservas comprobadas remanentes, que hoy se sitúan en apenas 1.825 millones de barriles. Frente a los volúmenes de bombeo actuales, este número garantiza únicamente 7 años de producción.
El sector enfrenta su desafío más urgente en la infraestructura de transporte. El midstream corre desde atrás a la capacidad de perforación, con un sistema de evacuación neuquino que promedia los 900 kbbl/d de capacidad. Las recientes obras de ampliación, como el proyecto Duplicar Plus de Oldelval, alcanzaron su límite operativo y operan a tope.
El salto productivo proyectado para 2027 descansa casi con exclusividad en la obra del Vaca Muerta Oil Sur (VMOS). Este megaproyecto demanda una inversión cercana a los 3.000 millones de dólares y conectará la cuenca con una nueva terminal en Punta Colorada. El nivel de avance supera el 75% y habilitará una capacidad inicial de 180 kbbl/d, con un diseño escalable que apunta al millón de barriles.
El calce de los tiempos de la megaobra es crucial para los planes de las operadoras. Si el crecimiento productivo mantiene su ritmo y la expansión de los caños se demora, la cuenca enfrentará períodos de saturación logística. Estos cuellos de botella obligarían a frenar la perforación y presionarían los precios del crudo en boca de pozo. Aunque VMOS avanza a buen ritmo y todo indica que pondrán en operaciones el caño a principios de 2027.
El crecimiento exportador neuquino se inserta en un tablero geopolítico volátil. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente y el estrangulamiento de rutas clave recortaron la oferta mundial de petróleo en 5,8 millones de barriles diarios durante 2026. Esta escasez temporal juega a favor de Argentina.
El crudo neuquino goza de una ventaja estructural en este contexto: ofrece suministro seguro, distante de los conflictos armados y con rutas de salida abiertas hacia el Océano Atlántico. Las terminales argentinas se alinean perfectamente con el desplazamiento de la demanda global hacia los centros de consumo asiáticos.
El problema central radica en que esta ventana de oportunidad puede cerrarse abruptamente. La Agencia Internacional de Energía proyecta para 2027 una agresiva recuperación de la oferta mundial que empujaría la cotización del Brent a la baja. Un desplome de precios coincidiría con la entrada en operación del proyecto VMOS. Aunque en la industria son optimistas y ya piensan en extender la capacidad del ducto hasta el millón de barriles. Una de las claves pasará por la deriva del conflicto en Medio Oriente tras la dura derrota de Donald Trump en las elecciones intermedias, y las conformación del gobierno de Israel.
Vaca Muerta consolidó su estatus de realidad industrial y dejó atrás la etapa de promesa. Sin embargo, transformar ese patrimonio técnico en riqueza financiera tangible exige condiciones macroeconómicas estables y una fuerte inversión en capital cuyo volumen dependerá, en buena medida, del precio del crudo.
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