El mercado internacional del GNL se reequilibra y Argentina avanza con su proyecto exportador
Luciano Di Fiori, socio de McKinsey y colíder global de Energy Solutions, sostuvo que Vaca Muerta debe cerrar contratos y movilizar inversiones antes de que otros proyectos ocupen ese espacio.
Argentina tiene una ventana de entre tres y cinco años para transformar el gas de Vaca Muerta en exportaciones de LNG. La oportunidad surge del crecimiento previsto de la demanda mundial y de la búsqueda de nuevos proveedores, pero aprovecharla exigirá acelerar los contratos, el financiamiento y las decisiones de inversión.
Así lo planteó Luciano Di Fiori, socio de McKinsey y colíder global de Energy Solutions de la firma de consultoría estratégica y de gestión de empresas más grande del mundo, durante la quinta edición de Shale in Argentina: Unleashing Vaca Muerta to the World, organizada por IAPG Houston y el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG).
Di Fiori participó del panel sobre LNG y líquidos del gas natural junto con Claudia Trichilo, directora de Operaciones de TGS, y Daniel Ridelener, de LNG del Plata. Allí se pregunto cuál es la oportunidad para Argentina y cuál es el riesgo de no aprovechar esa oportunidad.
Explicó que aunque existen distintas proyecciones sobre el peso que conservarán los hidrocarburos en la matriz energética hacia 2050, Di Fiori aclaró que hay un consenso alrededor del gas, producto cuya demanda continuará creciendo durante las próximas décadas.
Al mismo tiempo, una porción importante de la nueva oferta estará ubicada lejos de los principales centros de consumo. El suministro provendrá de América, África, Australia y Medio Oriente, mientras que el crecimiento de la demanda se concentrará principalmente en Asia. Esa separación geográfica ampliará el comercio mundial de LNG.
Las estimaciones presentadas por Di Fiori indican que el mercado necesitará entre 150 y 200 millones de toneladas anuales de nueva oferta hacia 2040. Antes de llegar a ese punto, sin embargo, se espera un período de mayor disponibilidad por el ingreso de numerosos proyectos que ya se encuentran en construcción.
Esa combinación explica la ventana señalada por Di Fiori. Los próximos tres a cinco años serán decisivos para firmar contratos de compraventa y tomar las decisiones finales de inversión (FID) de los proyectos que deberán abastecer al mercado durante la próxima década.
Argentina tiene a su favor la escala de Vaca Muerta, pero también un cambio en las prioridades de los compradores internacionales.
Di fiord reveló que McKinsey consulta todos los años a unos 50 compradores globales de LNG sobre los factores que consideran al elegir un proveedor. Entre las principales condiciones aparecen la estabilidad de precios, la flexibilidad para definir el destino de los cargamentos y la confiabilidad del vendedor. En ese contexto, La posibilidad de redirigir los buques ganó importancia después de las tensiones geopolíticas de los últimos años. La guerra en Ucrania, por ejemplo, obligó a desviar hacia Europa cargamentos que originalmente tenían como destino el mercado asiático.
Los compradores también buscan reducir la dependencia de una única fuente de abastecimiento. “Necesitamos diversificar el suministro”, resumió al presentar los resultados de la consulta. Para Argentina, esa decisión abre la posibilidad de ingresar como un nuevo origen dentro de una cartera más amplia de proveedores.
Los proyectos actualmente planteados permitirían que argentina pase de no participar en el mercado global de LNG a disponer de alrededor de 20 millones de toneladas anuales de capacidad de licuefacción. Con desarrollos adicionales, el volumen podría alcanzar aproximadamente 26 millones de toneladas.
Llegar a esa escala requerirá un aumento considerable de la producción de gas. También demandará nuevos pozos, plantas de tratamiento, gasoductos, instalaciones portuarias y capacidad para separar y comercializar los líquidos asociados.
De acuerdo con los escenarios expuestos por la consultora, el ritmo de inversión anual debería crecer alrededor de un 25% en el escenario base. Si avanzara la alternativa de mayor capacidad exportadora, el incremento necesario podría llegar al 75%.
Di Fiori ubicó el desafío en una escala cercana a los US$30.000 millones. Pero advirtió que el financiamiento es solo una parte del problema. El desarrollo también necesitará trabajadores capacitados, empresas de servicios, equipos, materiales y una cadena logística capaz de sostener varias obras de gran magnitud al mismo tiempo.
La oportunidad argentina combina tres condiciones, enumeró: gas abundante y competitivo en Vaca Muerta, una demanda mundial que seguirá creciendo y compradores interesados en diversificar sus fuentes de suministro.
El riesgo es llegar tarde. Los proyectos de LNG requieren contratos e inversiones varios años antes de comenzar a exportar. Si Argentina demora esas decisiones, otros desarrollos pueden quedarse con el espacio que se abrirá en el mercado durante la próxima década.
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