Vaca Muerta y el desafío de achicar la brecha con Permian.
El shale neuquino enfrenta barreras logísticas, de infraestructura y de escala de proveedores que dificultan su pleno desarrollo frente a cuencas como el Permian.
El potencial geológico de Vaca Muerta ya no está en discusión en los foros internacionales de energía, y la frontera de sus reservas comprobadas, tanto de gas natural como de petróleo crudo, se amplía de manera constante. Sin embargo, extraer esa inmensa riqueza del subsuelo de manera competitiva frente a los gigantes del norte sigue siendo un desafío para la Argentina.
Durante un reciente seminario web organizado por el Mercado Electrónico de Gas (MEGSA), líderes y analistas de la industria desgranaron en profundidad las barreras estructurales, económicas y logísticas que lastran el pleno desarrollo del shale argentino.
Bajo la moderación de Daniel Núñez, gerente de operaciones de MEGSA, el panel contó con la participación Gabriela Aguilar, presidenta de la Cámara de Comercio Argentina Texas (ATCC), y Gustavo Perego, director de negocios para Latinoamérica de la consultora Abeceb. El consenso entre fue que Argentina no puede simplemente realizar un ejercicio de "copy-paste" del modelo estadounidense.
Si el país aspira a convertirse en un proveedor confiable y de peso a nivel global, necesita de manera imperiosa adoptar sus mejores prácticas en políticas públicas, desarrollar un ecosistema robusto de proveedores nacionales y articular una infraestructura que hoy resulta deficiente.
Uno de los datos más preocupantes que arrojó el debate es la marcada diferencia de costos operativos entre Argentina y las principales cuencas productoras del mundo. Según detalló Gabriela Aguilar, producir hidrocarburos en Vaca Muerta es aproximadamente un 35% más caro, o menos competitivo, que hacerlo en la formación de Permian Basin o en otras cuencas homólogas de los Estados Unidos. Si bien el país sudamericano goza actualmente de un entorno geopolítico inmejorable —al estar alejado de zonas de conflicto bélico o tensiones fronterizas—, esta innegable ventaja estratégica de seguridad energética no alcanza para compensar la brecha económica.
Aguilar advirtió que la geopolítica por sí sola no cubre ese sobrecosto, ya que los compradores internacionales siempre buscarán la opción más económica y el costo más eficiente, y este desfase operativo del 35% se traslada directamente al precio final del producto. Los operadores que trabajan sobre el terreno en Vaca Muerta realizan un esfuerzo técnico sostenido para reducir sus propios costos internos y mejorar la eficiencia de las perforaciones. Sin embargo, tal como advirtieron los disertantes, la falta de infraestructura general impide compensar del todo ese fuerte sobrecosto estructural externo, el cual erosiona severamente la competitividad global del shale neuquino.
Al trazar una comparación directa entre el exitoso caso del Permian Basin en el estado de Texas y la actualidad de Vaca Muerta, aflora una diferencia abismal en la escala y la densidad de la cadena de suministro y soporte técnico. Aguilar fue enfática al ilustrar esta disparidad de mercado: mientras que en el ecosistema estadounidense operan vigorosamente no menos de 20 grandes compañías de servicios especiales compitiendo entre sí, en la Argentina apenas se cuenta con unas cinco empresas, tres de ellas de porte muy menor.
Esta falta crónica de competidores y de escala operativa en el nivel de los servicios especializados encarece drásticamente toda la cadena de producción local. Lejos de ser un fenómeno reciente, los expertos señalaron que el país ha sufrido una profunda contracción histórica en este ámbito. A modo de ejemplo, se recordó que en la década de 1990 la Argentina contaba con entre cinco y seis empresas pujantes dedicadas exclusivamente a la compresión de gas; en la actualidad, ese número se ha reducido drásticamente a tan solo una o dos firmas activas. Romper este círculo vicioso de escasez de proveedores es, por ende, el paso previo e indispensable para lograr la baja de costos en boca de pozo.
En este intrincado contexto productivo, las pequeñas y medianas empresas locales y la cadena de valor intermedia están llamadas a jugar un rol absolutamente crucial para absorber demanda y bajar costos, pero hoy se encuentran paralizadas por barreras estructurales infranqueables. Durante el webinar, se destacó el enorme potencial de los sectores industriales tradicionales de la Argentina para reconvertirse. Por ejemplo, se mencionó que el consolidado polo metalmecánico de la provincia de Córdoba tiene la oportunidad inmejorable de transformarse tecnológicamente para abastecer y ofrecer servicios altamente especializados a la industria del petróleo y gas.
El principal obstáculo para que estas industrias y Pymes den el salto definitivo de escala es la falta aguda de financiamiento a largo plazo. En el restrictivo entorno financiero argentino, las empresas intermedias no pueden acceder a los créditos necesarios para renovar su tecnología y competir bajo los estrictos estándares internacionales. A este respecto, Gustavo Perego aportó una mirada crítica sobre las recientes herramientas legislativas: si bien el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) ha funcionado como un exitoso paraguas legal para destrabar proyectos de gran envergadura liderados por las grandes operadoras, el régimen no cubre ni contempla a la indispensable línea media de la cadena de valor.
Al quedar fuera de los beneficios fiscales y aduaneros del RIGI, los proveedores de servicios medianos ven severamente limitada su capacidad de crecimiento. Para intentar paliar esta deficiencia de mercado y acortar la brecha tecnológica, entidades como la Cámara de Comercio Argentina Texas coordinan misiones comerciales, rondas de negocios B2B e iniciativas de internacionalización orientadas a conectar a las Pymes argentinas con el vibrante ecosistema de negocios e inversores de los Estados Unidos.
El desarrollo a gran escala de recursos no convencionales exige que miles de trabajadores se trasladen de forma permanente y se radiquen en las zonas operativas junto a sus familias. En la región del Permian en Texas, este enorme desafío demográfico y urbano se resolvió de forma innovadora mediante la creación de un fondo de infraestructura de gestión privada e independiente, el cual fue financiado con aportes directos de las grandes operadoras de la zona. Este fondo se destinó exclusivamente a la construcción de infraestructura social indirecta pero vital, como caminos, escuelas y hospitales, garantizando un alto estándar de vida y el arraigo familiar en la región.
En clara contraposición, en Vaca Muerta, la falta de una articulación robusta para desarrollar esta infraestructura social y vial es evidente. Aunque las empresas operadoras locales se están uniendo de forma limitada para pavimentar rutas puntuales, carecen de una planificación social integral compartida con las autoridades. Esta marcada falta de desarrollo urbano no solo encarece la operación, sino que ralentiza el crecimiento armónico de los yacimientos.
La eficiencia logística representa otro de los grandes cuellos de botella que explican la falta de competitividad del shale local. En los Estados Unidos, el sistema de transporte ferroviario se erige como una arteria logística fundamental, opera bajo esquemas sumamente optimizados para el traslado masivo de insumos críticos de alto volumen, como es el caso de la arena de fractura. Por el contrario, en Argentina, la incapacidad para resolver eficientemente el transporte de carga por ferrocarril es una inmensa tarea pendiente y un costo logístico enorme que penaliza cada pozo perforado.
Los oradores advirtieron que solucionar el transporte ferroviario requiere de un nuevo paradigma de cooperación y articulación entre el Estado y el mundo corporativo. Actualmente, el gobierno nacional manifiesta abiertamente que no desea ocuparse en solitario de las grandes rutas viales o ferroviarias, y delega esa enorme responsabilidad al sector privado. Sin embargo, las empresas no cuentan con la capacidad ni la estructura para absorber la totalidad de estas inversiones de infraestructura civil de forma aislada. Por lo tanto, se necesita diseñar un marco regulatorio y un esfuerzo público-privado conjunto y sostenido, aseguraron los oradores en el debate organizado por MEGSA.
A pesar de las abrumadoras carencias expuestas en logística y financiamiento, el reloj geológico y geopolítico podría estar jugando a favor de la Argentina para captar capitales. Los expertos subrayaron que la formación del Permian hace 30 años se encontraba en un estado de madurez inicial muy similar al que hoy vive la localidad de Añelo en Neuquén. La diferencia radical en la actualidad es que el llamado Tier 1 de los Estados Unidos —las zonas de mayor calidad y productividad no convencional— ya se encuentra explotado en un 60% aproximadamente.
Las proyecciones del sector indican que formaciones de altísima productividad como Eagle Ford alcanzarán su límite geológico de explotación hacia el año 2028, mientras que las zonas secundarias o Tier 2 lo harán hacia el año 2036. Este progresivo acortamiento en el horizonte productivo obliga a las corporaciones norteamericanas a levantar la vista y buscar alternativas sólidas de inversión a largo plazo fuera de sus fronteras. La reciente llegada de firmas como Continental Resources, que selló un acuerdo con PAE y anunció la compra del 50% de Phoenix, es interpretada por el mercado como una señal inequívoca de esta ventana de oportunidad geopolítica única.
No obstante, Gustavo Perego añadió que, si bien el inversor extranjero suele observar a la Argentina con extrema cautela debido a su dramático historial de inestabilidad macroeconómica y a antecedentes como el default de 2020, se ven señales positivas en el plano financiero. El reciente retorno del Project Finance a mediano y largo plazo en el país —como las estructuras de capital logradas por YPF para el oleoducto VMOS— representa la señal de resguardo que el mercado internacional necesita ver para mitigar riesgos e invertir.
Si bien Vaca Muerta es observada repetidamente como el gran espejo del Permian, las lecciones técnicas asimiladas en el subsuelo no bastan por sí solas para garantizar el éxito exportador. En Estados Unidos, pioneros de la industria demostraron que la rentabilidad se logró incrementando drásticamente la longitud de los pozos laterales y optimizando el espaciamiento de los pozos. Los operadores argentinos demuestran una excelencia técnica encomiable al aplicar las mejores prácticas operativas para extraer la molécula.
Sin embargo, tal como concluyeron de forma categórica Aguilar y Perego al cierre de la jornada, la verdadera batalla competitiva de Argentina se libra hoy en la superficie. Superar la desventaja operativa del 35% requerirá ineludiblemente de la creación de mecanismos de crédito accesibles para la base industrial nacional, la inserción competitiva de la línea media de Pymes de servicios, y un pacto sincero de articulación público-privada que dote a la región de la infraestructura social y logística imprescindible para liderar el mercado del siglo XXI.
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