Invitan a empresas y pymes a sumarse a una jornada sobre financiamiento en Cipolletti.
El crecimiento de Vaca Muerta somete a la cadena de valor a un fuerte estrés de caja por la extensión de los plazos de pago. El CEO de Ricsa, Juan José Preciado, advirtió en la AOG Patagonia que las empresas asumen el riesgo cambiario para esquivar las tasas locales.
El nivel de actividad en Vaca Muerta exhibe números récord, pero esconde una crisis silenciosa en el corazón de su cadena de valor. Las pequeñas y medianas empresas del primer, segundo y tercer anillo de servicios enfrentan un cuello de botella financiero severo. El crecimiento acelerado demanda un capital intensivo que el mercado local no logra apalancar con agilidad.
La reciente edición de la AOG Patagonia en Neuquén expuso esta dualidad de forma cruda. Juan José Preciado, CEO de la Sociedad de Garantía Recíproca (SGR) Ricsa, analizó el panorama desde el piso de la exposición. El ejecutivo destacó que el interior refleja la verdadera realidad de la industria, muy distinta a la visión que prima en los escritorios de Buenos Aires.
La expansión territorial y operativa de los yacimientos exige inversiones constantes. Sin embargo, el sistema financiero restringe el fondeo, obligando a las pymes neuquinas a profesionalizar al máximo sus finanzas para no naufragar.
A la escasez de crédito accesible se suma una práctica que asfixia la caja diaria de las contratistas. Las operadoras y grandes compañías de servicios especiales extendieron sus plazos de pago. Un esquema que golpea directo a la línea de flotación de las empresas locales.
“En cuanto te acomodan los plazos de pago a 40 días, empiezan todas a transpirar como testigo falso”, graficó Preciado. Esta dilatación funciona como un financiamiento forzado. Las operadoras se financian con el capital de trabajo de las pymes, quienes deben recurrir al mercado asumiendo costos imprevistos que erosionan su rentabilidad operativa.
El Banco Central mantiene una política estricta de absorción de liquidez para contener la inflación. Esta decisión macroeconómica encarece directamente el costo del financiamiento para las pymes petroleras. Las tasas de interés operan como un freno para la expansión de las firmas regionales.
Ante este escenario, el sistema de SGR ganó un protagonismo vital. Ricsa origina avales por sumas que oscilan entre los 18.000 y 20.000 millones de pesos mensuales. Un dato revela el peso específico de la Patagonia: el 60% de esos fondos se destina de manera directa a empresas vinculadas a la minería y al shale neuquino.
Estos avales permiten negociar cheques o facturas en el mercado de capitales. Sin embargo, el encarecimiento del dinero complica las operaciones. Preciado explicó que una factura de crédito de YPF a menos de 30 días cotiza al 18%, una tasa razonable para el escenario actual.
El problema surge cuando los plazos de cobro se estiran. Si el pago salta unas pocas semanas, la curva de la deuda se corre y el costo financiero supera el 22%. Un impacto letal para los márgenes de ganancia de cualquier contratista del sector.
El encarecimiento de los pesos empujó a la cadena de valor a explorar nuevas vías de supervivencia. A partir de los cambios regulatorios, las pymes comenzaron a tomar deuda directa en dólares. Instituciones que no exportan y facturan en pesos asumen el riesgo cambiario para acceder a tasas de un solo dígito.
El mercado de capitales absorbe hoy pagarés y cheques en moneda dura. Los fondos de crédito prefieren financiar carteras dolarizadas. Las pymes acceden a tasas estables en torno al 8% anual, oxigenando sus balances para adquirir tecnología o renovar flotas sin quedar atrapadas en la volatilidad local.
Vaca Muerta tracciona su propio esquema de financiamiento. Las empresas asumen este descalce monetario apoyadas en la actual estabilidad cambiaria. Si la macroeconomía logra sostener el dólar planchado, este crédito consolidará su posición como el motor financiero exclusivo del shale argentino.
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