Opinión

Del caldero shale a la chance brasileña para el gas

Los 10/12 dólares de diferencia en la cotización local del crudo respecto de la internacional son el dilema central para destrabar las inversiones en Vaca Muerta.

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

El desarrollo de Vaca Muerta sube de temperatura, casi en sintonía con la desmesura del sol que por estos días también se despliega sobre las áreas en cercanías de Añelo. El conflicto petrolero muestra dos cosas: cierta situación dentro del sindicato, que se encargó de plantear el propio Guillermo Pereyra, quien le puso freno a quienes buscan competirle en la conducción, pero también muestra una de las postales más preocupantes de los últimos tres años.

Una vez más, miles de petroleros, de esos también que hacieron posible el desarrollo del principal proyecto energético del país, fueron a ponerle el cuerpo a una convocatoria que busca preservar lo que fue la tónica de los últimos cinco años: un nivel de vida que sobrepasó la media nacional, y que hasta ahora había aislado a amplios sectores de la población neuquina de la crisis que golpeó con más fuerza al resto de las provincias.

Estaba ese lugar común explicando todo esto que era la imagen de chaqueños, santafecinos, venezolanos, ciudadanos de procedencias varias que buscaban esas oportunidades que el mundo les retaceaba en sus destinos previos.

En definitiva, se trata de eso. De la amenaza a lo que era cotidiano hasta hace casi nada. (Una vez más: la velocidad relampagueante de los cambios en la industria y sus efectos sociales).

El contexto dista de ser el que era. La crisis nacional extiende sus tentáculos a las áreas shale: el acuerdo con el FMI, en definitiva, tiene atado el combo de posibilidades que podrían incentivar la producción. Eso es crucial, pero también la resolución de un problema central que hace seis meses frena inversiones.

El barril interno del crudo, y sus 10/12 dólares de diferencia (hoy) respecto del resto del mundo, sobresale el contexto de la producción de shale argentino, que por la inercia de pozos perforados en medio del proceso de caída, mantiene estándares de producción que siguen siendo muy buenos.

El propio presidente Alberto Fernández abrió el juego con las petroleras pidiéndoles que le acerquen propuestas para compatibilizar el precio interno con el que impera en el mundo.

De España también llegó otra postal explícita de los tiempos que corren. El gobernador Omar Gutiérrez se armó una agenda paralela en Madrid: fue a un evento de la industria turística y estuvo con Shell, Equinor y Total. Les pidió que ratifiquen sus inversiones y obtuvo ese compromiso. En definitiva, el gobierno neuquino sigue haciendo lo que encaró hace meses. Llega hasta donde puede y trata de preservar esa tradición que sustenta parte del diálogo directo con las gigantes petroleras y creó (con matices y cada gobierno a su modo) condiciones locales para las inversiones.

En paralelo, cierto margen de dudas en sectores vinculados a la industria en Neuquén. Se preguntan si es tan claro para el gobierno nacional el impacto que podría tener en provincias productoras la profundización de la crisis petrolera, en medio de esa necesidad central para el país que es empezar a encontrar una salida a la enorme deuda contraída por la gestión nacional anterior.

Otra foto de la semana: Guillermo Nielsen, el presidente de YPF y su viaje a Davos. En el plano de las palabras (a todas luces también importante) puso en escena la construcción de un gasoducto que le daría una solución al enorme potencial del shale gas. La entrada a mayor escala en Brasil, algo que ofrece una alternativa muy importante antes de ver si el país decide y es capaz de desarrollar el premio mayor del gas natural licuado (GNL). Las potencias productoras inundarán el mercado en los próximos años, y posibilidades intermedias como la del Cono Sur son hoy la ruta posible. Es un debate que se da y se debe seguir dando hacia el futuro; hoy el cuadro que impera es el de la emergencia.

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