Tierras Raras: ¿Logrará Sudamérica desafiar el dominio de China en el mercado de minerales críticos?
China controla el 70% de las tierras raras. ¿Podrá el potencial de Argentina y Brasil reconfigurar el poder mineral global? Un informe sobre la nueva frontera estratégica.
La carrera global por la transición energética otorgó un papel protagónico a las tierras raras, un grupo de 17 elementos químicos esenciales para la alta tecnología. Actualmente, China lidera el mercado global con una concentración del 70% de la producción.
Según el informe especial de KPMG titulado “Tierras raras. Un recurso mineral estratégico con gran potencial en América del Sur”, la demanda de estos insumos aumentó entre un 6% y un 8% solo en 2024, impulsada por la electromovilidad y las energías renovables.
En 2024, la producción mundial alcanzó las 380 kilotoneladas (kT). China aportó 270 kT, mientras que Estados Unidos ocupó el segundo lugar con apenas 45 kT. Australia y Tailandia registraron 13 kT cada uno.
Sin embargo, la ventaja china reside en su capacidad de procesamiento y refinamiento, un eslabón complejo que pocos países dominan actualmente. La Agencia Internacional de Energía (IAE) estima que el consumo de elementos como neodimio, praseodimio, disprosio y terbio triplicará o cuadruplicará sus niveles para 2050.
La paradoja sudamericana
América del Sur aparece en el radar minero como una región con reservas extraordinarias que aún aguardan su explotación industrial. Brasil posee 21.000 kilotoneladas de reservas estimadas, lo que representa el mayor potencial fuera de las fronteras chinas. Los estudios geológicos en Bahía y Minas Gerais muestran depósitos de altísima calidad.
En Monte Alto, los óxidos de tierras raras superan el 45% de concentración, una cifra excepcional para los estándares internacionales. Además, los ensayos preliminares indican tasas de recuperación metalúrgica del 94%, lo que augura una alta competitividad.
Manuel Fernandes, socio líder de la industria de Energía y Recursos Naturales de KPMG Brasil y América del Sur, explica que: “La transición energética global reconfiguró las prioridades de los países y de las industrias tecnológicas... América del Sur emerge como una región con un potencial geológico significativo, especialmente concentrado en Brasil y Argentina, cuya capacidad para integrarse en las cadenas globales de suministro podría contribuir de manera decisiva a reducir la concentración productiva”.
Hacia una asociación estratégica y seguridad jurídica
Argentina identifica 190.000 toneladas de tierras raras y cuenta con un potencial de 3,3 millones de toneladas distribuidas en las provincias de San Luis, Río Negro y Salta. El país busca consolidar un marco legal atractivo para inversiones de largo plazo.
Recientemente, Argentina confirmó su apoyo a la coalición global de tierras raras impulsada por Estados Unidos, lo que ratifica su intención de diversificar las cadenas de valor.
Mario Belardinelli, socio líder de Minería de KPMG Argentina, señala que estos minerales resultan fundamentales para el avance de la Inteligencia Artificial (IA) debido a sus propiedades magnéticas y térmicas. No obstante, advierte sobre la "paradoja medioambiental":
“Los minerales que permiten reemplazar combustibles contaminantes requieren un costo ecológico y económico muy significativo de extracción y refinado. El desafío será equilibrar los beneficios económicos esperados con políticas adecuadas de sostenibilidad”, puntualizó a través de un comunicado.
El camino hacia la independencia mineral
Para que la región capture este valor estratégico, el informe de KPMG destaca cuatro pilares imprescindibles: desarrollar plantas de procesamiento locales para evitar la exportación de mineral bruto, fomentar el reciclaje de imanes, fortalecer la gobernanza e integrar análisis de riesgo geopolítico en la planificación.
Sudamérica enfrenta una oportunidad histórica. Si logra industrializar el proceso, desde la separación química hasta la fabricación de imanes permanentes, dejará de ser un simple proveedor de materia prima para convertirse en un actor decisivo en la tecnología del futuro.
Fuente: KPMG
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