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Bajante de los ríos: ¿Se verá afectada la generación eléctrica en el verano?

La baja hidraulicidad de las cuenca del Paraná y del Comahue afectará la generación eléctrica del verano. La demanda deberá ser cubierta por otras fuentes pero la situación requiere de soluciones de más largo plazo coinciden los especialistas.

La sequía de los últimos años y la consecuente bajante de los ríos viene poniendo en problemas, no sólo el normal suministro de agua potable y otras actividades esenciales como el riego o la navegación, sino también la generación de energía eléctrica. La magnitud del fenómeno llevó en los últimos meses a la declaración de la emergencia hídrica ante la bajante del río Paraná más importante en los últimos 77 años, y de la región del Comahue que integran los ríos Limay, Neuquén y Negro, donde la reducción del caudal lleva ya 14 años.

Con perspectivas climatológicas poco auspiciosas para los próximos meses, el gran impacto se dejará sentir con las altas temperaturas del verano, cuando el sistema requiere de la mayor generación posible de las centrales hidroeléctricas existentes en ambas cuencas, y cuya participación bajará sensiblemente en el total del parque nacional a niveles históricos.

Si bien Cammesa estima para el verano un pico de consumo de energía entre diciembre y enero de 27GW, se debe considerar que llegó a 29 y 30 gigavatios en otras temporadas de verano. Así, se anticipa que la generación hidroeléctrica que en los últimos años cubría entre el 20 y el 22 por ciento de la demanda, podría bajar a niveles de entre el 10 y el 15 por ciento, según la magnitud del escenario hidrológico.

Marcelo Cardinali, Jefe del Departamento Técnico de Yacyretá, afirmó en diálogo con e+ que “la única certeza se puede encontrar en el corto plazo y nada hace pensar en un verano con abundancia hídrica. El escenario más probable es el de un verano por debajo de lo normal, aunque difícilmente signifique volver al estrés hídrico del último invierno”. Es decir, que la mayor hidroeléctrica del país se prepara para un escenario casi opuesto al registrado a comienzos de febrero de este año cuando registró récords en la generación de energía, alcanzando así la Potencia Máxima Instantánea, Potencia Media Horaria y Suministro Diario de Energía, con sus 20 unidades generadoras a pleno.

A partir de esa mirada, Cardinali señaló que se deben sumar otros escenarios no menos inciertos para la ecuación energética y que en el caso de la represa ubicada sobre el Río Paraná está vinculada “a la política que adopte Brasil sobre el llenado de unas 60 grandes hidroeléctricas que posee aguas arriba y que también están a niveles históricamente bajos” en un promedio del 28% de su capacidad. “En los últimos meses Brasil llevó hasta el límite su sistema de hidroeléctricas, lo que morigeró el efecto de la bajante en Yacyretá” respetando las pautas de utilización del recurso.

Pero, por otro lado, además de la natural imprevisibilidad sobre la ocurrencia de lluvias en distintos tramos de la cuenca, Cardinali sumó al escenario la posibilidad que acaba de abrírsele a Paraguay de “poder tomar hasta el 50% de la generación de Yacyretá a partir de la reciente repotenciación de sus líneas de transmisión y que puede influir en la cantidad disponible para la Argentina” que históricamente ha utilizado en promedio cerca del 90% de lo que generó la represa.

Por otra parte, Martín Bronstein, presidente del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (Ceepys), analizó que la situación si bien es “realmente delicada” para el segmento hidroeléctrico no lo es tanto para el sector de generación en general y “no implica riesgo de corte o caída abrupta de suministro durante los meses de verano” cuando la demanda del sistema aumenta un 10% respecto de los meses de media estación al pasar de los 10.000Mw a los 11.000Mw aproximadamente.

“La generación hidráulica en los últimos años llegó a aportar el 20% del total pero la gran mayoría se cubre con las centrales térmicas que son las que van a salir a responder ante la baja de generación hídrica como ocurrió este invierno”, destacó Bronstein ante la consulta de e+. Lo que si ocurrirá, es un aumento de los costos de generación eléctrica del sistema en general ya que “una de las característica de las hidroeléctricas es que si bien tienen un fuerte costo inicial para la construcción de las represas, después son relativamente baratas en su operación”. En el país el 60% de la generación térmica se basa en el gas natural, una situación favorecida por la abrupta caída de la demanda en temporada estival y a la vez el crecimiento de producción incremental impulsada este año por el Plan Gas.Ar que permitió alcanzar en septiembre los 133 millones de m3/día a valores por debajo de los US$ 3 el MMBTU. “Buenos precios teniendo en cuenta el contexto actual en el mundo en momentos en que Europa está pagando US$ 22 el GNL; el Henry Hub saltó de US$ 2,40 a casi US$ 6m o Japón está reconociendo más de US$ 30 el GNL.

Finalmente, Alejandro Pujol, especialista en aprovechamientos múltiples de recursos hídricos, ofrece una visión más global del problema al señalar que “la hidraulicidad desde hace varios años esta reduciéndose por efecto del cambio climático o de algún otro efecto transitorio que puede durar muchos años. Pero básicamente el calentamiento global genera cambios en las condiciones de hidraulicidad y en las posiciones de las corrientes”. Así, las lluvias y nevadas en abundancia que se registraban en San Juan, Mendoza y Neuquén por efecto de las corrientes húmedas del Pacifico se trasladaron cientos de kilómetros al sur, en un fenómeno que también se da en el hemisferio norte, pero que la Argentina afecta a la Cuenca del Comahue y su capacidad de generación eléctrica.

Ante esta realidad, el consultor en presas, también en diálogo con e+ consideró urgente “definir estrategias a largo plazo en un país que sólo aprovecha el 20% de su capacidad hidráulica. Es necesario un paquete de 5.000 Mw para salir de este lio, a razón de 1.000 Mw por año, o de lo contrario va a seguir el déficit energético y la necesidad de mayores volúmenes de gas y combustibles líquidos. La prioridad es el riego y el consumo de la gente, y claramente es necesario un control mayor sobre los caudales que se erogan desde la demanda energética, afectando al sistema que va a tener que ser compensado por otras energías”.

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