Gasoducto Patagónico Cordillerano: terminó la repotenciación y 12.000 nuevos usuarios podrán acceder al gas.
La planta compresora Holdich conecta el sistema cordillerano con el Gasoducto General San Martín. La obra suma 300.000 metros cúbicos diarios de capacidad y abastecerá a 25 localidades de Chubut, Río Negro y Neuquén.
Hubo que esperar casi una década, pero el gas volvió a tener lugar para nuevos vecinos en la cordillera. Este lunes, en la Planta Compresora Holdich, Camuzzi y los gobernadores de Chubut, Río Negro y Neuquén dieron por terminada la repotenciación del Gasoducto Patagónico Cordillerano, una obra que abre la puerta a 12.000 nuevos usuarios.
La inversión superó los 61.830 millones de pesos, unos 40 millones de dólares según la distribuidora, y suma 300.000 metros cúbicos diarios de capacidad de transporte de gas. Con eso, el sistema alcanza los 3,1 millones de metros cúbicos por día en el pico del invierno, justo cuando la demanda en Bariloche, Esquel o San Martín de los Andes se dispara.
El Sistema Cordillerano-Patagónico abastece a unas 125.000 familias de 25 localidades, entre ellas El Bolsón, Trevelin, Junín de los Andes, Villa La Angostura y Lago Puelo. Es una red de más de 1.700 kilómetros de caños, de entre 3 y 12 pulgadas, que recibe gas desde Collón Curá, en Neuquén, y desde Cerro Dragón, en Chubut.
La historia empezó mucho antes de este acto. En 2017, el Estado nacional licitó la ampliación del gasoducto cordillerano: cañerías complementarias, una planta compresora nueva en Alto Río Senguer y un equipo adicional en Gobernador Costa. Los caños se terminaron en enero de 2019. Las compresoras, en cambio, nunca llegaron a instalarse.
Entre 2019 y 2023 la obra quedó paralizada. Los equipos terminaron guardados en un predio de Rosario, a más de 1.500 kilómetros de donde hacían falta. Al mismo tiempo, el congelamiento de tarifas dispuesto por la Ley de Solidaridad dejó a la distribuidora sin margen para invertir en la red.
La consecuencia se sintió en julio de 2022. Con el sistema operando al límite, Camuzzi dejó de otorgar factibilidades de gas para nuevas conexiones en toda la región. La prioridad, según el marco regulatorio, era garantizar el suministro a quienes ya estaban conectados. Los que esperaban turno, entre familias, comercios e industrias, quedaron afuera.
Para muchos, la salida fue la leña. Torres habló este lunes de hogares que gastan entre 500.000 y 700.000 pesos por mes para calefaccionarse así. Y recordó los inviernos en que escuelas de la cordillera tuvieron que cerrar porque no tenían presión de gas suficiente.
El problema no era solo doméstico. Sin cupo en el gasoducto, también quedaron frenados proyectos de vivienda, comercios y edificios públicos en pueblos que crecían año tras año, sobre todo en la Comarca Andina y en las villas turísticas de los lagos.
El gobernador del Chubut, Ignacio Torres, eligió un tono personal para contarlo. Dijo que, cuando era diputado nacional, le parecía impensado que esas plantas “que se estaban oxidando en un galpón en Rosario” llegaran algún día a la provincia.
Desde diciembre de 2023, con el cambio de gestión nacional, la obra se destrabó en una mesa compartida entre Nación, las tres provincias y la empresa. Los equipos se trasladaron al sur y el proyecto original se rediseñó: ya no alcanzaba con terminar lo que había quedado a medio camino.
El paso del tiempo había cambiado el escenario. El extremo sur del sistema dependía de un único yacimiento cercano a Comodoro Rivadavia, maduro y con producción en baja. Por eso se sumó una tercera planta compresora en Holdich y, sobre todo, la conexión con el Gasoducto General San Martín.
Esa interconexión, terminada en 2025, cambió la lógica del abastecimiento. El sistema quedó vinculado de forma directa y permanente a la red troncal de gasoductos del país, con un respaldo que antes no tenía. Las plantas compresoras, a su vez, elevan la presión para empujar el gas hasta los pueblos más alejados.
El financiamiento fue otra pieza difícil. Las plantas de Alto Río Senguer y Gobernador Costa, terminadas en abril de este año, se pagaron con créditos del Banco del Chubut y del Banco Provincia del Neuquén. La interconexión y la planta de Holdich quedaron a cargo de la licenciataria.
Esas dos últimas intervenciones demandaron $25.812 millones adicionales. Cuando la empresa presentó el rediseño, en octubre de 2025, el presupuesto de la obra rondaba los $50.600 millones. El número final informado este lunes superó los $61.800 millones.
En paralelo avanza la consulta pública vinculada a la Resolución 575/2026, que define el repago del financiamiento mediante un cargo adicional sobre el componente fijo de la tarifa de gas. Es decir, una parte del costo de la obra terminará reflejándose en las facturas.
Desde la Secretaría de Energía, que encabeza María Tettamanti, atribuyeron el desenlace a la normalización del sector energético: tarifas que reflejan los costos del servicio y un marco regulatorio que vuelve a exigir inversiones obligatorias. “Con reglas claras, la inversión vuelve”, resumió el comunicado oficial.
La reactivación empezó antes del corte de cinta. Desde enero de 2026, con los trabajos avanzados, Camuzzi levantó las restricciones y volvió a otorgar factibilidades. La empresa contabiliza más de 3.500 nuevos usuarios de gas natural; el gobierno chubutense eleva la cifra a 4.420, sobre 12.500 cupos disponibles.
Torres bajó la obra al mapa. Dijo que Corcovado será uno de los primeros pueblos de la provincia con todas sus familias conectadas. En Esquel, contó, se hicieron más de 450 conexiones en un año y medio, y se esperan otras 500 en menos de un año.
Según el mandatario, en menos de un año y medio más de 3800 familias chubutenses tendrán gas en la cordillera. También anunció que Lago Puelo podrá avanzar con su nuevo hospital, un proyecto que estaba frenado porque no había factibilidad de gas para el edificio.
Hubo además un mensaje para la Comarca Andina, donde durante años se vendieron lotes sin servicios. Torres aseguró que no se habilitará ningún nuevo loteo sin la infraestructura correspondiente, una práctica que, dijo, terminó “estafando a tantas familias”.
El acto reunió a Torres con Alberto Weretilneck, de Río Negro, mientras que Rolando Figueroa, de Neuquén, participó con un mensaje grabado. También estuvieron Tettamanti, el vicepresidente del ENReGE, Vicente Serra, el presidente de Camuzzi, Jaime Barba, y el accionista Alejandro Macfarlane.
Weretilneck recordó que fue uno de los primeros temas que discutió con su par chubutense. Puso el foco en una cifra que en la región se repite como reclamo: la Patagonia aporta el 90% del gas del país. Habló de un federalismo “repotenciado” y de causas comunes que vuelven a reunir a los patagónicos.
Figueroa destacó el trabajo conjunto que permitió terminar un gasoducto postergado durante años. Entre el público había intendentes de Comodoro Rivadavia, Rada Tilly, Sarmiento, Río Mayo, Corcovado y Alto Río Senguer, además de dirigentes de la UOCRA y del Sindicato Petrolero Jerárquico.
Macfarlane hizo un repaso más largo. Recordó que en 2001 se rompieron los contratos del sector energético y que la infraestructura de gas fue de lo que más sufrió. Los sistemas de transporte y distribución, explicó, dejaron de crecer durante años por falta de recursos y de crédito.
Según sus números, a fines de 2001 había 8 millones de clientes conectados a la red domiciliaria de gas en todo el país; hoy hay 9 millones. Para el empresario, ese estancamiento de dos décadas explica buena parte de los cuellos de botella que hoy aparecen en distintas regiones.
Anticipó que el objetivo de la distribuidora es sumar muchos más clientes en estas provincias, pero advirtió que el gran obstáculo sigue siendo el capital: conseguir financiamiento a tasas bajas, como el que exige este tipo de obras, todavía es difícil en la Argentina.
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