Vaca Muerta

La política manda aun cuando no aparece

La política, para lo bueno y para lo malo, tendrá un rol central en lograr consensos que permitan revertir el actual ciclo de caída de la actividad, que en Neuquén se manifiesta con el riesgo concreto para unos 3000 empleados que podrían perder su empleo.

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

Este domingo, buena parte de los ojos de la industria petrolera estarán puestos en el discurso del presidente Alberto Fernández cuando asista al Congreso para abrir las sesiones ordinarias legislativas. El propio gobierno nacional le otorgó a este momento un carácter central. Hace dos meses, el propio Fernández se encargó de reseñar que el gobierno nacional le daba los trazos finales a una ley para el sector petrolero. Lo dijo en horario central en una entrevista televisiva.

Luego, el texto siguió guardado bajo siete llaves y navegando en el mismo mar de incertidumbres que desde hace meses. Es más, se podría decir que el germen de esa posible normativa se encuentra en el Precoloquio de IDEA Vaca Muerta, en junio del 2019, cuando Guillermo Nielsen dijo que el albertismo (por entonces en proceso de conformación) tenía una ley para poner a la formación en igualdad de oportunidades con los principales proyectos shale del mundo.

Luego, está claro, lo que comenzó a “mandar” y lo sigue haciendo es la búsqueda de un acuerdo con el FMI. El país podría tener la mejor ley del mundo para el sector petrolero, pero si no soluciona su macroeconomía, todo sería lo mismo.

Con todo, el sector energético lleva siete meses paralizado. El decreto 566 que frenó el precio interno del crudo fue el paso inicial que transformó un proceso de crecimiento en una caída abrupta, solo atenuada en Neuquén por la calidad de los superpozos no convencionales. Es como si esas perforaciones se empeñaran en seguir enviando señales a todos los sectores políticos para marcar dónde hay una enorme oportunidad para comenzar la reconstrucción de la economía.

La ley eventual que saldría del Congreso de la Nación, por lo que se sabe, será una para todo el sector petrolero. A varios gobernadores, incluso a parte del gobierno nacional, les da cierto escozor la preponderancia de los no convencionales por sobre el resto de las cuencas productoras. Pero lo cierto es que los datos están ahí. Hay pozos que por sí solos en Neuquén rinden unos 2000 barriles diarios de crudo. Y hay viejos pozos convencionales que dejan diez barriles diarios.

En definitiva, lo de Vaca Muerta es una cuestión de escala. Hay una escala de posibles soluciones para el país, y por ahora parece no haber un correlato político en la escala de decisiones que se necesitan.

La pregunta a siete meses de iniciado el retroceso es si la política, el gobierno nacional y sus tres expresiones dominantes (el albertismo, el kirchnerismo y el massismo) estarán a la altura de las circunstancias.

La política, se empeñaron muchos desde los 90 para acá para lograrlo, entró en tela de juicio. Sus principales exponentes en ocasiones no dieron la talla. Hoy vuelve a escena en toda su centralidad. Sigue siendo el lugar desde donde cambiar las cosas. Lo dicho hace meses en este mismo espacio. La política, para lo bueno y para lo malo, tendrá un rol central en lograr consensos que permitan revertir el actual ciclo de caída de la actividad, que en Neuquén se manifiesta con el riesgo concreto para unos 3000 empleados que podrían perder su empleo. En paralelo, Shell y Equinor pusieron 355 millones de dólares para entrar en Bandurria Sur (Vaca Muerta), en una suerte de llamado de atención o luz en medio del tifón que quizás le diga algo a alguien, en medio de una de las crisis económicas más profundas de los últimos 20 años.

La pregunta cae de madura una vez más. Lo que antes se veía como una duda hoy amenaza con tomar aristas de farsa: ¿estará la política actual, las varias expresiones que forman parte del gobierno nacional, a la altura de una oportunidad histórica como es Vaca Muerta?.

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