Vaca Muerta

El fin del barril congelado, las pymes y la plata "arreglada"

Vaca Muerta cierra en crisis un año que había tenido destellos de las enormes posibilidades del futuro. Es un escenario que podría volver con las políticas adecuadas.

Por Fernando Castro - fcastro@lmneuquen.com.ar

El fin de las restricciones al precio del barril de crudo en el país abrió a un escenario de cierta ambigüedad, siempre complejo y dificultoso. El Estado nacional dejó de intervenir en esa variable, pero hay un acuerdo tácito para no trasladar todavía el valor pleno del barril a los surtidores de nafta. Este escenario no se trasladó todavía a los indicadores oficiales de producción. Todo el sector, y en particular la Provincia, cree que en los próximos meses el impacto de una política desacertada, como la que plasmó el decreto de necesidad y urgencia 566, podría impactar en el crudo, algo de lo que ofreció un indicio la última estadística oficial.

Neuquén acusó una leve baja en octubre, según los datos oficiales: fue un descenso del 0,96% en el petróleo en septiembre, algo que llegó con la paradoja de una suba de la producción de gas del 3,66%, por el aporte de áreas que comprueban todo su potencial (como La Calera, de Pluspetrol) y lo que podrían dar si hubiera condiciones para acelerar en Vaca Muerta. La paradoja del gas es que el incremento se da en un contexto en el que no hay mercado.

En paralelo, las dificultades crecientes que afrontan las pymes. Solo contando las radicadas en Neuquén, suman unas 850. Ya venían sufriendo antes del actual frente de parálisis, lo que en parte se vinculaba a las condiciones de financiamiento y a una cadena de pagos que iba muy por detrás del crecimiento de la inflación, además de arrastrar una demora estructural. Ahora sumaron la pesificación de contratos, peores condiciones económicas y el freno de la actividad.

Sobre esto último, una muestra de lo que sucede en las áreas: la cantidad de fracturas, que cayó a la mitad en dos meses y dio un salto de 680 a 310 de acuerdo con los últimos datos informados.

Pero sin duda que parte de lo más importante es ese escenario que hizo conocer el secretario general del Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Neuquén, Río Negro y La Pampa, Guillermo Pereyra: hay empresas que ofrecen “arreglar” indemnizaciones y hubo una compañía de servicios que quiso despedir a 80 empleados, palabras más, palabras menos. Son los números duros trasladados a la vida real de hombres y mujeres que forjan el futuro del shale argentino día a día.

“Estamos preparados para cualquier situación”, aseguró el gremialista, una pieza clave en Vaca Muerta, como marcando la cancha ante eventuales despidos en la Cuenca Neuquina.

Es parte del capítulo final con el que se va la administración de Mauricio Macri. Por un lado, un incentivo sustancial a una industria que está logrando equilibrar la balanza energética, si bien con una inercia y una historia previa que exceden largamente al actual gobierno y que no pudo sostener ese ciclo de crecimiento del sector por la enorme deuda que contrajo, a la postre, el factor que erosiona el corto plazo de Vaca Muerta. En este contexto, la incertidumbre sobre lo que viene pasa por saber cuál será la fórmula para destrabar la movilidad de dólares, si es que hay una política clara para el sector petrolero que, alineado, podría dar enormes respuestas con el ingreso de capitales que le restarían presión al Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Todavía no hay nada claro. La transición política para Vaca Muerta fue una transición hacia el modo pausa de los pozos shale. Para peor, tuvo lugar en medio del cierre de las proyecciones de inversión (y, por ende, de búsqueda de certezas) que determinarían la aceleración del año que viene. A la espera de la definición de ese cuadro, Vaca Muerta se encamina al cierre de un año que iba a ser esplendoroso y termina en un mar de dudas. Es esa velocidad para lo bueno y lo malo que hay en Vaca Muerta, y que también encierra claves del futuro.

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