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¿Por qué el gobierno nacional impulsa un plan para producir más gas?

Sin cambios en el escenario actual, hacia el 2021 la falta de inversiones podría implicar la necesidad de importar más con el consiguiente impacto económico.

El gobierno nacional busca estimular a través de un subsidio a empresas la producción de gas. La iniciativa, que trata de garantizar la demanda interna en el corto y mediano plazo, regiría para todas las cuencas productoras del país, de acuerdo a lo que informó en el Senado. De este modo tratar de no pasar sobresaltos y evitar una caída de la producción que podría sentirse hacia el 2021.

La medida, que sería oficializada con empresas productoras la semana próxima, rompe con un largo silencio oficial sobre un tema central del sector energético.

Pero, ¿por qué el país necesita que se produzca más gas en un contexto en el que el consumo, por efecto de la pandemia, podría bajar más?

Tal como lo anticipó +e en octubre pasado a partir de análisis de especialistas del sector, se necesitan inversiones en los campos de gas para sostener los niveles actuales de producción.

Buena parte del gas que se consume en el país se produce en Neuquén. Y en buena medida, ese gas proviene de pozos del shale gas de Vaca Muerta y el tight (gas de arenas compactas) de otras áreas productoras. Entre ambos, en marzo expresaron el 43% de la producción nacional. El no convencional es el único segmento del gas que creció en el último año (+4% según los datos de marzo). La producción convencional cayó 6,4% de forma interanual en el mismo mes de acuerdo a los datos consignados por el Instituto Mosconi.

A diferencia de los de otras cuencas productoras, caracterizadas por áreas convencionales, los pozos de shale gas tienen una curva de declinación más acentuada que la de los pozos convencionales.

Esto es: se caracterizan por una alta producción inicial, que con el paso de los meses, empieza a decaer. De este modo, para sostener el ritmo de producción de un área de shale gas, se necesita inyectar fondos de manera intensiva. Dicho de otro modo: se necesita perforar nuevos pozos para ganarle a la curva de declinación de perforaciones realizadas con anterioridad y sostener un nivel de producción determinado.

Para eso hacen falta millones de dólares, y para que las empresas los inviertan, tiene que haber una señal de precios. Una garantía de que esa inversión podrá ser amortizada y permitirá un margen de ganancias.

El país podría ingresar de forma paulatina en ese escenario de declinación de parte de su producción no convencional, un puntal del abastecimiento ante la baja del resto de las áreas del país. Y por eso el gobierno nacional, aún en un contexto de complicaciones financiaras, está dispuesto a subsidiar la producción de nuevos pozos de gas.

Sucede que el otro camino podría resultarle más oneroso aún y también explica parte de la decisión. La alternativa sería importar más gas, algo que no está en condiciones de hacer y por lo que pagaría un precio muy alto, que excede el del valor del gas: terminaría girando dólares al exterior con lo que eso implica para la economía argentina.

Al mismo tiempo, sería una paradoja si se tiene en cuenta que Vaca Muerta es el segundo reservorio de gas no convencional del mundo y si se contempla también los rendimiento de áreas del sur del país.

De acuerdo a lo que se sabe, el gobierno nacional estaría por ofertar un precio de 3,50 dólares por millón de BTU, una unidad estándar con la que se mide un volumen determinado de gas.

Ese valor está por encima del de las subastas de gas que tuvieron lugar en los últimos tres meses. Como cada yacimiento es una realidad distinta, se suele decir en la industria, y las empresas tienen diferentes niveles de eficiencia y conocimiento de sus áreas, cada productora deberá hacer cuentas y determinar si ese valor le resulta atrayente o no.

Por lo pronto, la propuesta rompe con cierta incertidumbre acentuada en el último semestre, con la producción tensionada por la falta de inversiones y por los bajos precios del mercado argentino.

No hacer algo al respecto podría implicaría ver cómo un problema se profundiza, si bien todo quedará atado también a los niveles de demanda posibles en función de la flexibilización de la cuarentena.

También este tema permite una lectura política. La desinversión y el freno en las áreas gasíferas, la foto de la actualidad, podría tener efectos en una baja más acentuada de la producción a partir del 2021, un año que también estará atravesado por las elecciones de medio término. El gobierno nacional, por añadidura, podría ahorrarse un dolor de cabeza con el abastecimiento del gas cuando rinda su primer test electoral desde que asumió.

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