La apuesta que transformó a Pampa Energía en un gigante
Marcelo Mindlin repasó cómo dejó IRSA, apostó por la energía en plena crisis y construyó Pampa Energía paso a paso, con decisiones de alto riesgo.
Marcelo Mindlin no planificó convertirse en uno de los principales referentes del sector energético argentino. Su camino estuvo marcado por decisiones que combinaban intuición, riesgo y una fuerte confianza en el país. “Siempre confié en la Argentina”, repite, convencido de que las crisis también pueden ser el punto de partida para construir proyectos de largo plazo.
Su primer gran aprendizaje llegó temprano, cuando se incorporó al mundo financiero junto a Eduardo Elsztain. “Ahí empecé a entender las aguas del mundo empresarial”, recordó en el primer episodio de “Pampa, veinte años de historia”, el podcast que recorre la trayectoria de la empresa energética. Tenía poco más de veinte años y jornadas de trabajo interminables. “Éramos realmente workaholic”, dijo, al describir un período de intensa formación profesional y personal.
Durante más de una década, Mindlin fue parte del crecimiento del grupo IRSA. Sin embargo, con el paso del tiempo, la motivación comenzó a diluirse. “Ya no me divertía”, confesó. La comodidad del cargo contrastaba con la necesidad interna de liderar un proyecto propio, aun cuando eso implicara renunciar a una posición consolidada dentro de una de las compañías más relevantes del país.
La decisión no fue sencilla. “Ser segundo de IRSA a los 40 años era una situación muy cómoda”, explicó. Aun así, entendió que necesitaba iniciar un camino distinto. Su esposa, Mariana, fue la primera en escuchar la noticia. “Cuando le dije que me quería ir de IRSA, se quedó aliviada”, relató entre risas.
El paso siguiente fue convocar a su círculo más cercano. Invitó a su hermano Damián y a Gustavo Mariani, entonces CFO del grupo. Ambos aceptaron acompañarlo. “Decidimos empezar sin un plan claro”, reconoció Mindlin. La idea inicial era tomarse un año sabático, aunque el mercado rápidamente le presentó su primera oportunidad.
Antes incluso de mudarse de las oficinas de IRSA, concretó la compra de Transener. Era 2003, un país que todavía salía de la crisis de 2001 y un escenario financiero extremadamente frágil. “Las crisis son duras, pero también dan oportunidades únicas”, afirmó, al explicar por qué decidió avanzar en ese contexto.
El nacimiento de Pampa Energía en plena incertidumbre
La estrategia fue clara desde el comienzo: analizar compañías en default, comprar deuda a precios bajos y transformarla en participación accionaria. “Comprábamos deuda que valía 30 o 40 centavos por dólar y la convertíamos en equity”, explicó. Así, empezó a construir una red de activos energéticos con una lógica financiera y de largo plazo.
Mindlin reconoció que el aprendizaje fue progresivo. “No entendíamos el negocio, lo fuimos aprendiendo”, dijo sobre sus primeros pasos en el sector energético. Transener fue el inicio. Luego llegaron empresas de generación eléctrica, Edenor y más tarde TGS. Cada operación sumaba experiencia, equipos y una visión cada vez más integral del sector.
El verdadero punto de inflexión llegó cuando decidió unificar todos esos activos en una sola compañía. Para eso, adquirió una empresa que cotizaba en bolsa desde 1950: el Frigorífico de la Pampa. “Ese era el vehículo”, recordó. La empresa no tenía actividad operativa, pero sí una valiosa condición: estaba listada en el mercado.
Así nació Pampa Energía en 2005. “Me gustó el nombre porque Pampa ya era Argentina y Energía era lo que queríamos hacer”, explicó. La marca combinaba identidad local con proyección internacional, un aspecto clave para atraer inversores extranjeros en un país que aún cargaba con desconfianza financiera.
El primer aumento de capital fue de 100 millones de dólares. Poco después, en 2007, llegó la colocación internacional que permitió recaudar entre 400 y 450 millones. “Fue una semana de road show en Europa y otra en Estados Unidos”, recordó. Esa inyección de fondos permitió acelerar el crecimiento.
Para Mindlin, el proyecto ya estaba plenamente consolidado desde el primer día. “El día que me fui de IRSA supe que tenía un proyecto propio”, afirmó. Más allá del tamaño, lo esencial era liderar un equipo propio, asumir decisiones y construir una identidad empresarial distinta.
La cultura interna se convirtió en uno de los diferenciales. “Los socios fundadores trabajamos todos los días acá, cuidando cada gasto como si fuera nuestro”, destacó. Esa lógica, aseguró, marca una diferencia clave frente a las multinacionales o estructuras corporativas más rígidas.
Expansión, vértigo y decisiones históricas
Entre 2005 y 2008, Pampa vivió una etapa de expansión acelerada. “Fue impresionante la cantidad de cosas que hicimos”, recordó. Compras, financiamiento, nuevos activos y consolidación del portafolio marcaron un período de alta adrenalina. Sin embargo, Mindlin asegura que nunca hubo un plan a veinte años.
La operación más desafiante fue la compra de Petrobras Argentina. “Fue un antes y un después”, reconoció. En ese momento, Pampa valía en bolsa unos 500 millones de dólares y la adquisición se concretó por 1.300 millones. “Tuvimos que financiar una compra tres veces más grande que la compañía”, explicó.
El vértigo fue inevitable. “Junté a mis socios y pregunté si nos animábamos”, relató. La respuesta fue afirmativa. La operación incorporó activos en generación eléctrica, petróleo, gas, refinación, petroquímica y operaciones internacionales. Un salto que consolidó definitivamente a Pampa como un actor central del sector energético.
Con el paso del tiempo, Mindlin decidió dejar la gerencia general para enfocarse en la estrategia. Gustavo Mariani asumió como CEO. “Me di cuenta de que no le prestaba la misma atención al día a día”, explicó. El cambio le permitió concentrarse en las grandes decisiones de inversión y expansión.
Hoy, Pampa Energía recibe oportunidades en lugar de salir a buscarlas. “Cada vez que hay una oportunidad, la estudiamos y vemos cómo encararla”, sostuvo. La reciente participación en Loma Negra es un ejemplo de esa lógica, ingresando primero por la deuda de la controlante brasileña.
Para Mindlin, Argentina sigue siendo una oportunidad. “Si sos hipercuidadoso con la deuda y mantenés liquidez, es una oportunidad”, afirmó. Reconoce los vaivenes económicos, pero insiste en que quien sabe leer esos ciclos puede crecer incluso en los contextos más complejos.
Al mirar hacia atrás, su mayor aprendizaje no está solo en las operaciones financieras. “Lo más importante es armar los equipos adecuados y pasarla bien”, aseguró. Aunque admite que hubo momentos difíciles, destaca el valor de trabajar con personas en las que confía y con quienes comparte la pasión por invertir.
Marcelo Mindlin no planificó construir un gigante energético. Simplemente avanzó oportunidad tras oportunidad, con convicción, disciplina y una apuesta constante por el país. En ese recorrido, Pampa Energía dejó de ser un proyecto incipiente para convertirse en una de las compañías más influyentes del sector.
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