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La presión del frente tarifario

Con la cadena de pagos rota en el sector del gas, la situación es crítica. Está en riesgo el suministro a los hogares y la producción tendrá un fuerte impacto.

CRISTIAN NAVAZO - Especial

La pandemia del coronavirus acentuó los problemas que arrastraba la economía argentina en los últimos dos años y, en el caso del sector energético, generó una bola de nieve que pone en riesgo el suministro de los servicios básicos.

De acuerdo con un reciente informe de la consultora Economía & Energía, la recesión que enfrenta la economía argentina desde 2018, y que se agudizará este año por la paralización de la actividad producto de la pandemia, profundizará la tendencia descendente de los precios de la energía.

El análisis indica que la contracción de los ingresos de las familias imposibilitará una recomposición de precios y tarifas en lo que resta de 2020. Es de esperar, entonces, que el gobierno nacional prorrogue el congelamiento de los servicios públicos que estableció la Ley de Solidaridad hasta junio. La consultora estima que la administración de Alberto Fernández usará esa medida como salario indirecto para sostener los ingresos de los trabajadores, duramente golpeados por el coronavirus.

El director de Economía & Regiones y ex vicepresidente de Administración y Finanzas de YPF, Nicolás Arceo, señaló en una videoconferencia organizada por el Grupo SBS que hoy la industria del gas es la más comprometida, tanto en los segmentos del upstream como en el de distribución.

El consultor puso énfasis en la crítica situación de la cadena de pagos en la prestación de servicios esenciales.

En el caso de la electricidad, la cobrabilidad de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico SA (Cammesa), que en 2019 había sido del 93 por ciento, se derrumbó abruptamente por las medidas del aislamiento social obligatorio. En marzo fue del 60 por ciento y en la tercera semana de abril se hundió hasta el 20 por ciento. Las distribuidoras le deben a Cammesa más de 76 mil millones de pesos.

En el segmento del gas natural, la situación es más apremiante porque la deuda es directa de las distribuidoras hacia las productoras. En este caso, se generó un combo explosivo entre la morosidad de los usuarios y el congelamiento de tarifas desde mediados del año pasado.

Hace diez días, la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH), que nuclea a las principales productoras del país, denunció ante la Subsecretaría de Hidrocarburos y el Enargas que las distribuidoras se niegan a cumplir con los pagos y ni siquiera presentan propuestas para la cancelación de las deudas.

Las petroleras pidieron al Gobierno que arbitre de forma urgente para que se cancele ese monto, o en todo caso que haya cuna compensación del Estado.

La CEPH advirtió que están en peligro los compromisos con la cadena de valor como proveedores, gobiernos provinciales y terceros afectados, y habrá una afectación a la operación y producción de gas natural.

Las distribuidoras, por su parte, reportaron a principios de abril sustanciales caídas en sus recaudaciones, de entre el 60 y el 75 por ciento, debido al confinamiento social. Por ese motivo, aducen que lo que recaudan lo destinan a pagar salarios y a sostener los costos operativos.

La ruptura de la cadena de pagos en el sector tendrá impacto directo en la producción, que ya encendió las alarmas porque desde el año pasado se registran precios en boca de pozo que no incentivan las inversiones.

“En el sector eléctrico, Cammesa actúa como un buffer y se atrasan los pagos, pero no hay una ruptura de la cadena como sucede con el gas”, señaló Arceo.

Según el consultor, la persistencia de este escenario derivará en la necesidad de que el Estado subsidie a las distribuidoras para hacer frente a la deuda acumulada con las compañías petroleras, o que conforme un agregador -similar a Cammesa- que concentre las compras de gas residencial.

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El peligroso camino descendente del gas

Más allá de la compleja coyuntura que atraviesa el mercado doméstico del petróleo por la caída de la demanda de nafta y gasoil, una gran preocupación para la industria petrolera es la evidencia de que en los próximos meses los yacimientos gasíferos comenzarán a declinar y el próximo año la situación se convertirá en un dolor de cabeza para las cuentas públicas.

El director de la consultora Economía & Energía, Nicolás Arceo, destacó que hoy “el problema central de la producción hidrocarburífera es la falta de inversión en el sector de gas natural”.

Dijo que este año ya se sentirá la contracción de la producción porque desde el segundo semestre de 2019 casi no se registran equipos de perforación en las ventanas de gas seco y gas húmedo de Vaca Muerta, por efecto de la caída de precios derivada del exceso de oferta en el mercado local.

En todo el país, en el primer trimestre de 2020 se realizaron 10 pozos gasíferos, contra los 47 del mismo periodo de 2019.

En 2018 se terminaron 322 pozos de gas y en 2019 fueron apenas 181, cifras que son la punta del iceberg del problema que se avecina. El incremento de la extracción de gas en los últimos años estuvo protagonizado por los yacimientos no convencionales neuquinos, cuyos pozos tienden a declinar fuertemente tras el primer año de vida.

Para tener la magnitud del peso de Neuquén en la matriz energética nacional, basta considerar que en marzo la provincia aportó 69 millones de metros cúbicos diarios, el 53 por ciento del gas que se produce en el país. “Si no se modifica la política de precios, habrá un aumento de importación de gas en 2021”, indicó Arceo.

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