Vaca Muerta

Vaca Muerta, en la mira de la política

Las elecciones en Neuquén tienen como eje la hipótesis del "enemigo externo" que es la reeditada pelea entre la Nación y las provincias. Desde el "centralismo porteño" a "neuquinizate", la estrategia se unifica pese a las diferencias.

La remanida hipótesis sobre el “enemigo externo” que tiene la provincia de Neuquén, esa suerte de fantasma que quiere apropiarse de sus recursos naturales, forma parte de los ejes de campaña, que hacen espejo en Vaca Muerta. La pelea que atraviesa el MPN en 2023 se descongela cada cuatro años: la amenaza de los partidos nacionales que quieren hacer pie en Neuquén y quedarse con el manejo del Estado que hace más de 60 años tiene el último partido provincial del país.

El partido provincial ha hecho del desarrollo no convencional una política de Estado y, desde hace una década, Neuquén se convirtió en un faro de propaganda a nivel nacional y mundial, pero con varios contrastes dignos de analizar. El auge de la economía petrolera trajo una alta inmigración y pobreza en los cordones urbanos, y todo gira alrededor del petróleo.

La esperanza que genera la “fiebre petrolera” en la provincia es incontrolable porque, como contrapartida, el aumento de la producción hidrocarburífera genera más regalías y recursos para el Estado. Es decir que el shale no solo paga los sueldos sino algunas de las obras que se hacen en Neuquén.

El llamado local a la cruzada contra los partidos provinciales es unánime, más allá de las internas que tenga el partido provincial. La campaña de Marcos Koopmann, figura puesta para ser el próximo gobernador de Neuquén, no escapa a la estética que ha tenido el MPN durante años. Se habla del “centralismo porteño”, como si la provincia se manejara a control remoto desde Buenos Aires. Y en esta bolsa caen los dos partidos o coaliciones mayoritarias que tienen distintos dogmas políticos, como el Frente de Todos y Juntos por el Cambio.

Koopmann convocó “a defender Vaca Muerta y cada puesto de trabajo que hemos logrado juntos, porque los partidos nacionales y sus aliados locales vienen por nuestros recursos”, durante un acto de campaña con el sector de los petroleros, que también tiene una pata partidaria con la Lista Azul y Blanca del MPN, que conduce el dirigente sindical Guillermo Pereyra.

En tono de la campaña oficial también tiene algunos aliados que a nivel nacional apuestan a un partido nacional, como lo es el movimiento peronista, pero puertas adentro cierran filas con el MPN. Este es el caso de Unión por los Neuquinos (UNE), del diputado provincial Mariano Mansilla, que tejió una alianza no solo electoral sino programática de gobierno, primero con el intendente de la ciudad de Neuquén, Mariano Gaido, y después con Koopmann.

La idea es la misma: defender a Neuquén de los ataques del centralismo porteño, aunque Mansilla, más allá de Vaca Muerta, ha puesto sus fichas en la “reestatización” de la hidroeléctricas, con sendos argumentos legales de la autonomía de las provincias y una mística neuquina que lo llevó, incluso, a poner como primer candidato de una colectora a Traful Berbel, nieto de Marcelo Berbel, quien le puso la música al himno de la provincia, que es un sello distintivo no solo de los neuquinos sino como estandarte también del MPN.

“Con el petróleo y el gas ocurrió lo mismo, y en el 2007 Néstor Kirchner devolvió a las provincias la propiedad de los yacimientos impulsando la conocida ley corta”, sostuvo Mansilla en un documento que promociona por las redes sociales.

En esta pata de la pelea interna está también la de Rolando Figueroa, diputado nacional por Neuquén quien busca ser gobernador con una compleja alianza con dirigentes de varios partidos nacionales, desde el PJ, el PRO y un sector del partido provincial descontento con la cúpula partidaria, centrada en el actual gobernador Omar Gutiérrez, y el líder de la lista Azul y estratega de la política energética en Neuquén, Jorge Sapag.

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Figueroa no dista mucho del discurso de Koopmann, salvo por el acento que le pone al crecimiento de la pobreza en Neuquén, que trepó al 38%, y las desigualdades sociales que genera Vaca Muerta, ampliamente estudiadas por historiadores, sociólogos e investigadores tanto de la Universidad Nacional del Comahue como del Conicet.

El término “neuquinizate”, que usa el diputado provincial para su campaña, también roza la teoría del enemigo externo y del “centralismo porteño”. Casi una analogía de otra época, entre unitarios y federales en la mitad del siglo XIX.

Pero en esta pelea también falta la última pata, que es la de Ramón Rioseco, férreo opositor al MPN e identificado con el kirchnerismo. El líder de la comarca petrolera directamente dice que Neuquén “tiene dos candidatos del MPN”. De paso, Rioseco argumenta que ninguno de los dos candidatos pelea por los recursos de Neuquén.

“En su momento lo discutí con Jorge Sapag (dos veces gobernador de Neuquén y uno de los impulsores de Vaca Muerta) cuando firmó el convenio con Chevron. Lo apretaron y le dije que era un saqueo para entregar los recursos por 50 años”, indicó.

La foto que todos buscan en Vaca Muerta

Vaca Muerta es un imán para la política, es la Meca donde todo político tiene que pisar como un ritual si pretende ser candidato a algo en Argentina. Por el suelo de Añelo han pasado políticos disímiles, desde Cristina Kirchner hasta Mauricio Macri y Alberto Fernández. También en estos días, la tierra sagrada del shale le reservó un lugar al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

El desarrollo del shale, más allá del contexto inflacionario del país, está generando una suba de la producción que se traduce en divisas para el país. Este es un proceso lento y también incierto.

Vaca Muerta necesita de inversiones, no solo de YPF, sino de sus socios de las operadoras multinacionales para poder seguir haciendo fracking. En otras partes del mundo funciona con subsidios o créditos. Pero en este país cada vez más devaluado, el contexto es favorable. Es un proceso no sólo energético, sino político.

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