SPI llegó a 14 etapas en 24 horas y Calfrac bombeó 22,5 horas seguidas en Vaca Muerta.
SPI y Calfrac rompieron marcas de eficiencia de Vaca Muerta. El objetivo es llegar a las 24 horas de bombeo diario y reducir al mínimo los tiempos muertos entre pozos.
El bombeo continuo dejó de ser una promesa técnica para convertirse en la nueva vara de medición en Vaca Muerta. En agosto, SPI alcanzó 14 etapas de fractura en 24 horas, con 21,9 horas de bombeo efectivo y una eficiencia del 92%. Días después, Calfrac superó ese registro con 22,52 horas de bombeo en una sola jornada bajo modalidad zipper.
Apenas separados por unos días, los dos hitos resumen hacia dónde va la industria de servicios de fractura en el shale neuquino. Ya no alcanza con sumar equipos: lo que define la productividad de un pozo es cuántas horas al día ese equipo realmente está bombeando arena y agua a presión.
La eficiencia se mide en horas efectivas de bombeo diario. Los sets más avanzados de Vaca Muerta ya rondan las 21 horas por jornada, por lo que se apunta a eliminar los tiempos muertos entre etapas. Son minutos que, sumados a lo largo del día, terminan restando dos o tres horas de bombeo.
El posteo de SPI en LinkedIn no tardó en circular entre operadoras y proveedores de la cuenca. La compañía celebró 14 etapas de fractura en 24 horas, con 68.000 sacos de arena y 21.100 metros cúbicos de agua bombeados durante agosto en Vaca Muerta.
Días más tarde fue Calfrac la que anunció su propio récord: 22,52 horas de bombeo efectivo en una sola jornada, bajo la modalidad zipper, que combina la fractura simultánea de dos pozos. La compañía lo definió como el mejor registro de su historia en el país.
Los dos anuncios comparten algo más que la fecha: ambos hablan de coordinación, planificación y compromiso del equipo como motor del logro. Estos récords ya funcionan como referencia interna para medir a los demás equipos de la Cuenca Neuquina.
Tal como informó +e, otro indicador clave para medir la eficiencia en el shale es la relación entre equipos de perforación y sets de fractura. En Estados Unidos ese ratio es de 2,5; en Argentina ronda 2,9 y sigue bajando de a poco, a medida que la fractura gana velocidad frente a la perforación.
El ejemplo que usa es sencillo: un pozo típico tiene tres mil metros verticales y otros tres mil de rama lateral. El equipo de perforación recorre los seis mil metros completos, mientras que la fractura trabaja solo sobre el tramo horizontal del pozo.
El límite teórico de eficiencia llega cuando ese ratio toca el dos: ahí fractura y perforación avanzan a la misma velocidad. Hoy, en Vaca Muerta, la perforación todavía va más lenta. Ese salto de eficiencia ya se refleja en la productividad de los pozos creció cerca de un 30% en los últimos años. Un porcentaje que el propio especialista calificó, sin vueltas, como "un montonazo" dentro de una industria que mide todo en decimales.
El tramo final hacia las 24 horas de bombeo continuo es también el más caro. Se trata de válvulas y sistemas operados a distancia, varios con inteligencia artificial. Esa tecnología automatiza las transiciones entre pozos y reduce el margen de error humano, aunque su costo todavía frena una adopción masiva en la cuenca.
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