Vaca Muerta

De la guerra interna a proveedores de energía global

El 2022 fue un año largo para la política energética. Se cayó la nueva Ley Petrolera por la interna en gobierno. La guerra de Ucrania trajo un clima positivo para Vaca Muerta. ¿Qué viene a futuro?

El manejo de la política energética se vivió con gran intensidad en un año casi bisagra para el mundo y, sobre todo, para las expectativas depositadas en que Argentina sea un proveedor global de energía, con sede en la extracción no convencional de petróleo y gas en Vaca Muerta.

La guerra entre Rusia y Ucrania reconfiguró el planeta, con una Europa necesitada de buscar alternativas al abastecimiento energético debido a las restricciones de compra del “gas barato” a los rusos, y Latinoamérica apareció en la discusión como nuevo eje de provisión de energía.

Esta “oportunidad” que da el conflicto bélico cambia con el tiempo y es volátil. El exceso de oferta de petróleo mundial hizo que los precios bajaran, de 127 a 76 dólares el barril Brent, precio de referencia, y se equiparara con el “barril criollo”, el valor que se liquida internamente el crudo.

Es tan dinámico el mundo energético, que hasta el año pasado la grieta dentro del oficialismo entre el presidente Alberto Fernández y su vice, Cristina Fernández de Kirchner, giraba en torno a las nuevas reglas que iba a tener el país, con la trunca Ley de Promoción de Inversiones Hidrocarburíferas, también llamada la nueva Ley Petrolera para el país.

El proyecto naufragó antes de la discusión y con una derrota previa del gobierno nacional en las PASO, otro termómetro que indica hacia dónde van las decisiones en materia de política energética. La iniciativa que buscaba fomentar las inversiones tuvo fuertes tensiones en torno a generar beneficios a la producción incremental de hidrocarburos, en una Argentina donde las cuencas de extracción no tienen el mismo peso productivo.

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Mientras que Vaca Muerta batía, mes a mes, récords de producción no convencional en gas y petróleo, en el Golfo San Jorge, la producción permanecía en una meseta. Es decir, que las inversiones en un lado tenían el objetivo de sumar más producción y exportación y, en otro, mantener lo existente. Esta pelea, entre otras de letra más chica, derrumbó el proyecto.

La tensión política en el país por las distintas visiones dentro del Frente de Todos respecto del manejo energético se agravó con la escalada inflacionaria a nivel mundial y las consecuencias de la guerra. A finales de junio, se desató otro salto en el dólar por la renuncia durante un fin de semana del ex ministro de Economía, Martín Guzmán. El portazo desencadenó un clima de pánico por más de 10 días, hasta la asunción de Sergio Massa en esa cartera, que hoy da equilibrio en todos los sectores para dotar del acceso a dólares para la importación.

El ministro, que proviene del Frente Renovador y una escuela liberal de la economía, paró la pelota en medio de la crisis, con un plan que no alcanza a ser de estabilización. En el medio de este clima, el neuquino Darío Martínez dejó de ser secretario de Energía de la Nación y Flavia Royón ocupó el cargo, entre los equipos que armó el superministro para esta nueva etapa.

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¿Pero cuál es el rol de Vaca Muerta en este escenario? Tras un año largo de discusiones se blanqueó el panorama que tiene a la Cuenca Neuquina como la posibilidad de generar divisas y ser proveedora de energía global, si es que las operadoras mantienen e incrementan las inversiones y planes de desarrollo.

El esquema general productivo de Alberto Fernández empezó a cerrar una grieta en el Frente de Todos bajo un mismo discurso que hace ósmosis también en los referentes de Juntos por el Cambio, principal alianza que pretende pujar para ser gobierno en 2023. El plan es la recuperación de dólares para afrontar los compromisos con el FMI, no solo con Vaca Muerta (que comenzó a invertir en oleoductos y el gasoducto Néstor Kirchner para evacuar la producción récord), sino también en la apuesta por la producción minera, la exploración petrolera offshore o la explotación del litio.

Más allá de la política energética en torno a la extracción y la coyuntura de la guerra en Ucrania, el país no deja de estar atravesado por el debate de hacia dónde va el mundo: de los combustibles fósiles y la correlación de los no convencionales en Argentina al sendero del carbono neutro. Una discusión que pasa fronteras y partidos políticos.

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