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Tarifas: el dilema de 20 años de subsidios

La Audiencia Pública por el costo de la electricidad buscará una adecuación transitoria a un problema estructural. Buscan aplicar la segmentación.

Los subsidios energéticos constituyen un fenómeno de los últimos 20 años de magnitud creciente hasta el presente. Tras la traumática crisis de finales de 2001, la Ley de Emergencia Económica de enero de 2002 pesificó las tarifas de los servicios públicos de gas y electricidad e impulsó una renegociación de contratos con las empresas concesionarias. Aquella anormalidad tarifaria asociada al congelamiento de tarifas motivó que el Estado asumiera el desfasaje entre lo que costaba la energía y lo que los usuarios pagaban por ella.

Hoy ese dolor de cabeza tanto para la industria como para las cuentas públicas -y en consecuencia para todos los argentinos-, arrancó 2022 con la pesada mochila de subsidios entregados el año pasado por US$ 11.000 millones, o su equivalente a $ 1,046 billones al tipo de cambio promedio. Para tener una magnitud del problema, eso significa no sólo un aumento de 130% respecto de 2020, sino que alcanza el 2,5 del PBI, el 11% del gasto público y el 80% del déficit fiscal primario. Para las familias, ya que los subsidios energéticos se concentran en los usuarios residenciales, significa que pagan cerca del 25% de los que cuesta generar la energía eléctrica o del 35% del gas.

Pero en una radiografía de esta gran cantidad de recursos, y siguiendo la desagregación realizada por la consultora Ecolatina con Daniel Dreizzen como director del área de Energía, y del Instituto Argentino de la Energía a través del director del Departamento Técnico Julián Rojo, se resalta que CAMMESA lideró las transferencias recibidas con $ 695 mil millones (US$ 7,300 millones) y un aumento de 115.4%, ocupando el 66% de los fondos ejecutados. Para la empresa Ieasa se destinaron $141,892 millones con un aumento del 205%, para el Plan Gas no convencional (Resol. 46) $73,440 millones, y para el Apoyo a la exploración, producción y desarrollo de gas $60,190 millones. Así, los subsidios a la oferta de gas, en total, sumaron $ 277.450 millones (US$ 2,927 millones), es decir un 220% más que en igual periodo anterior.

A partir de esta descripción, el Estado nacional decidió avanzar en la reducción de los subsidios a partir de las tarifas, que si bien prometen un techo de aumento del 20% para este año sumará la denominada segmentación con la identificación inicial de los sectores residenciales y pequeños industriales de mayores ingresos para acercarse al costo pleno de la energía. Según el paper que circuló en los últimos días con la propuesta en estudio se logró identificar alrededor de 487 mil usuarios residenciales del AMBA, que representan el 10% del total de residenciales de esta jurisdicción, de los cuales más de tres cuartos de ellos se encuentran en la Ciudad de Buenos Aires.

En el segmento de usuarios industriales y comerciales se identificó a los denominados T2 y T3 con consumo mayor a los 300kW del AMBA con capacidad de pagar la tarifa eléctrica plena en base a una combinación de criterios. A consecuencia de esto se propone quitar subsidios a usuarios que desarrollan actividades que se caracterizan por tener precios dolarizados o financiamiento externo, que poseen elevada rentabilidad y pertenecen a mercados no transables, y así en una primera etapa se avanzará con empresas del sector financiero; concesionarias de autopistas; transporte ferroviario urbano y suburbano de pasajeros; generación, transporte y distribución de electricidad y transporte y distribución de combustibles gaseosos; servicios de organizaciones y órganos extraterritoriales y juegos de azar y apuestas, entre los principales.

Pero un camino aún no debidamente explorado señalado por Dreizzen, es trabajar desde el punto de vista de la oferta y en particular en el costo de la energía. “Aunque no aumenten las tarifas, producir más hace que cueste menos, y la Argentina con la matriz amplia y diversificada que posee podría tener un costo de la energía mucho más bajo”, explicó el ex secretario de Planeamiento Energético. Más allá de la decisión de política pública de mantener bajas las tarifas, como una forma distorsionada de poner un poco más de plata en el bolsillo de la gente, el sistema puede contar con energía abundante, limpia y a costo accesible que pueda ayudar a resolver el problema de los últimos 20 años.

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> Los costos de generación

Los subsidios en 2021 aumentaron principalmente por los costos de generación. El precio monómico representa todo lo que requiere la operación y mantenimiento, combustibles y los ingresos de nueva potencia, es decir la amortización del capital. Este precio en 2021 fue de US$/MWh 76 promedio muy por encima de los US$/MWh 59 de 2020, pero no muy distinto de los años previos. El costo de combustible tiene un peso preponderante y al ser un componente dolarizado cualquier variación del tipo de cambio presiona los costos expresados en moneda local.

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