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Escenario: un torbellino en medio de la pandemia

La salida de Nielsen y la llegada de Pablo González a la presidencia tendrá su respuesta más contundente en los números del upstream.

El sector energético argentino ofrece de forma cíclica fotos crudas como las de la coyuntura. Por lo general, suelen vincularse a contextos políticos. En este caso, a la coalición de gobierno. La foto tiene un peso mayor por, claro, la empresa en cuestión. Esa nave insignia, el pilar estratégico de los recursos petroleros que es YPF. La compañía inició un proceso de renegociación de su deuda de 6200 millones de dólares que sumó en el camino la renuncia del presidente, Guillermo Nielsen. De este modo, una negociación clave para el upstream de Vaca Muerta quedó cruzada por las diferencias políticas que también tallan en la decisión del presidente saliente para aceptar el “desafío” que, djio, le propuso el presidente Alberto Fernández: asumir en la embajada en Arabia Saudita.

El caso, claro, fue presa de la descarnada polarización y de los intereses que pone en juego el cambio de condiciones de pago que ofrece YPF, en la antesala que ya se transita del año electoral, atravesado por la incertidumbre y por el resto de los temas determinantes del sector energético argentino. Es ese escenario en el que, cada tanto, el gobierno (el desafío que le imponen a la gestión sus diferentes composiciones) deja flancos débiles y se proporciona alguna que otra zancadilla, parte de lo más cuestionable a la hora de ver sus políticas para el sector en sus primeros 14 meses.

Es la foto que manda, la de las poco recomendables tensiones en la petrolera en estos últimos días.

Queda por ver qué significará la llegada de Pablo González, el ex vicegobernador de Santa Cruz, un afianzamiento del ala cristinista dentro de la compañía, que ya había promovido al CEO Sergio Affronti.

A la hora de los números del upstream, la pregunta clave es qué podría significar esto en términos de la inversión y el plan en los bloques de gas y petróleo de la compañía, una variable cruzada por la renegociación de su deuda, pero que ahora podría agregar una clave política..

Por lo pronto, en Neuquén, el gobernador Omar Gutiérrez habló del shale. Como era de esperarse, no hizo referencias directas al tema de la semana. No obstante, con los datos del leve incremento de la producción de diciembre (toda la suba que permite la demanda interna en el actual contexto de la pandemia), subió la apuesta para lo que viene, un modo de seguir apuntalando al shale y afianzar aquello que todos saben de los rendimientos de los pozos no convencionales y cómo eso podría impactar en la balanza comercial energética (después de todo, la razón del Plan Gas.Ar se lee también en ese sentido).

“Es vital conseguir la aceleración en Vaca Muerta. Es una de las principales turbinas económicas y, junto con los sectores agropecuario, turístico y minero, permitirá resolver los traspiés económicos del país, porque genera divisas”, fijó postura a su modo. Puso de relieve también aquello de la recuperación completa de la actividad en Neuquén en marzo y de la llegada de equipos, un compromiso asumido ante la provincia y los sindicatos del sector por Affronti, en esas arduas negociaciones que allanaron el camino para este escenario y se llevó varios meses de la pandemia. Sobre el cierre de la semana, otra foto de la crisis, y la búsqueda de evitar el colapso en la cadena de pagos del sector eléctrico argentino. La Secretaría de Energía que conduce Darío Martínez puso en marcha la letra chica de lo que dictaminaba el presupuesto nacional 2021: ese plan de pagos para los 140 mil millones de pesos que le deben las distribuidoras a Cammesa desde la caída libre macroeconómica que se remonta, cuando menos, al 2018, el momento en que los dólares fáciles se volvieron más difíciles.

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