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El barril argentino se vende a 20 dólares en pleno debate del precio sostén

El barril criollo sería una opción para las provincias productoras y las petroleras que no refinan su crudo. Están a la espera de la decisión política del gobierno nacional.

FERNANDO CASTRO - fcastro@lmneuquen.com.ar

La larga espera del precio sostén para el crudo en las provincias productoras, a lo que se suma la baja de la demanda interna de crudo actuaron como mix brutal que trajo aparejado el parate histórico en Vaca Muerta. Como lo anticipó +e, en abril no hubo etapas de fracturas en los pozos de la provincia, algo nunca visto desde el comienzo del sostenido ritmo de producción que podría tomarse como parámetro: los cinco últimos años que muestran un desarrollo incipiente y oportunidades para Argentina que en el última historia petrolera del país habían quedado casi de lado.

Lo cierto es que, aún si la pandemia no afectara tan duramente a las áreas petroleras de todo el país, tampoco el valor de comercialización interna del crudo dejaría espacio para el crecimiento. Es verdad: está ocurriendo en buena parte del mundo petrolero, con potencias petroleras mundiales como Estados Unidos tambaleando ante la precipitación sin precedentes de los valores de comercialización.

Pero no solamente. Cada país atraviesa esta turbulencia de magnitud, buscando el mal menor en un contexto de pérdidas gigantescas.

Dentro de ese esquema, un dato no menor es en qué punto afecta el precio internacional que rige a las cuotas de producción que hoy son posibles, pero, sobre todo, a las del futuro, en un contexto en el que no está claro por cuánto tiempo seguirá el actual escenario de precios. Ni tampoco quiénes podrán resistirlo.

En Argentina, el valor de comercialización viene oscilando entre los 25 y los 20 dólares por cada barril en el último mes, en sintonía con el precio internacional del Brent, el petróleo del Mar del Norte que es referencia para el país.

Es lo que pudo saber +e en una ronda de consultas con petroleras no integradas, aquellas que tienen que vender a refinerías locales los barriles que producen ya que no tienen instalaciones para procesar su crudo.

Marzo había marcado el punto inicial para el derrumbe del precio, que cotizaba por encima de los 50 dólares. Por entonces, ese era el techo para un crudo que en rigor se vendía a entre cinco y seis dólares menos en el mercado doméstico.

Hoy el precio está en pleno debate a partir de los valores que podría alcanzar el petróleo por la intervención del gobierno nacional. El valor sostén, o barril criollo, es un reclamo que une a las provincias productoras y a las petroleras sin capacidad de refinación, es decir, las que no tienen más remedio que vender su crudo en el mercado argentino a otras petroleras.

Tal como se informó, el gobierno neuquino lo reclama cada vez que puede ante el presidente Alberto Fernández, y otro tanto hacen legisladores y gobernadores de todas la cuencas petroleras, que ven en esta variable un atajo para conseguir más recursos para los meses duros por venir con el coronavirus como factor central del escenario económico, político y social.

Las fuentes del gobierno nacional dicen lo mismo que hace un mes: está al caer. Lo cierto es que hasta el momento eso no sucedió. Pero por lo bajo el grueso de los consultados aseguran que ese nuevo valor de referencia se ubicaría en torno a los 45 dólares, una cifra de ensueño que hace dos meses era una pesadilla, en una brutal actualización de aspiraciones solo posible por la catástrofe mundial a la que asistió la industria en los dos últimos meses.

La postura central de quienes reclaman este precio es que no afectaría el valor de los combustibles, ya que, de hecho, es el que está expresado en los surtidores.

Por lo demás, provincias como Neuquén, que ya anticipó pérdidas de la recaudación equivalentes al cinco por ciento de su presupuesto para el período abril-mayo, apuestan junto a las petroleras no integradas a un valor que les de aire. Lo que resta es una decisión política. Afirman que de este modo se podría sostener un rango de ingresos, o atenuar el impacto de una caída de la demanda, la principal variable a tener en cuenta. Sería una forma de preservar las fuentes de trabajo en uno de los peores escenarios que se recuerden en la joven producción no convencional del país.

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