Opinión

Plan Gas. Una solución con la mirada a cuatro años

El Plan Gas 4 puede solucionar un problema importante: que no haya gas en el corto plazo. Además, establece algo no tan común en el país: un acuerdo con efectos a cuatro años.

A finales del 2019, el contexto se hizo más claro: el país empezaba a sufrir más temprano que tarde el declino de los pozos de gas. La peligrosa baja de la producción ya sumaba un reguero de dudas a partir del colapso macroeconómico del año pasado.

Era el combo fatídico de escasez de dólares, el clima de incertidumbre política con una elección presidencial casi definida luego de las PASO y la necesidad de recurrir al freno del precio interno del petróleo para que la inflación no siguiera disparándose. El cometido final no se logró: la suba de los productos en góndola fue moneda corriente, incluso hasta nuestros días.

Por ese entonces, el país comenzó a tener una noción clara del futuro inmediato: petróleo hay, mal que mal, al precio que sea. Pero luego de un año sin perforaciones, el caso del gas era bien distinto si no se forjaban las decisiones que modificaran el escenario. El frente supercomplicado de excedentes de gas por la política de subsidios que “desriskeo” parte de Vaca Muerta, se sumó a la caída del precio internacional.

Las grandes potencias productoras compiten por quién vende más barato y llega con su gas natural licuado (GNL) a los grandes importadores como China, Japón y parte de Europa. Estados Unidos por entonces no dejaba de acelerar y, en buena parte, su gas asociado no convencional (aquel que sale junto al shale oil, como en Vaca Muerta) explica el contexto actual que, una vez más, el país asimila de forma más directa que indirecta: hay gas en el mundo y su precio es bajo. Contra eso se compite con mejores precios, o directamente, llegado el caso, un país podría aprovechar y comprar todo lo que pudiera en el exterior. Claro, si tuviera dólares.

Hoy Argentina podría tomar una opción que no es la que soñaba hace un año y medio. La quimera de la senda exportadora de gran escala.

El gobierno nacional parece idear las bases para un desarrollo de corto-mediano plazo, que incluye la saludable alternativa de pensar un sector que será determinante en la balanza comercial. Y lo hace con una línea de llegada a cuatro años de este 2020.

Cuatro años en Argentina suelen ser una eternidad. Pero ese ejercicio de un plan que hoy parece ser sustentable, como el Plan Gas 4, puede ser un buen paso.

Por lo pronto podría serlo para garantizar la provisión del 2021, año que estará cruzado además por las elecciones de medio término, y en el camino también ir arrancando el motor de algunas economías regionales.

Es verdad: nadie debería esperar un aluvión de inversiones, sobre todo hoy, pero está claro que puede arroparse a centenares de pymes de las cuencas productoras gasíferas, que, lo saben mejor que nadie, recibieron de lleno los efectos de la serie de terror de macroeconomía hoy en vías de resolución, incertidumbre política, sumada a la colosal caída económica que trajo consigo el coronavirus. El documento final también podría tener el atributo de una discusión que ya incluyó idas y vueltas, consultas, correcciones, mejoras, y que, al menos por ahora, no despierta el encono que subsidios anteriores despertaron según los vientos políticos. Es una solución que el país podría encontrar; podría haber sido diferente, este país se ha caracterizado por no saber encontrarlas. El documento final se culminaría el próximo viernes. Llegado el caso, lograría evitar una salida de dólares en GNL y restarle de este modo un poco de presión al golpeado Banco Central. Y no solo eso: con cada buque que se deja de comprar, hay una opción más para el gas local y los puestos de trabajo asociados.

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