Opinión

Paradojas argentinas: de las exportaciones a los despidos

La crisis actual deja un camino de certezas: los errores, algunos de ellos garrafales, tienen que ser una marca a partir de la cual volver a crecer. El 2019, por proyección hacia el futuro, era uno de los mejores años en la breve historia de Vaca Muerta. Termina con 600 telegramas de despido.

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

Es un resumen, y como tal, a veces no refleja la complejidad de la imagen completa que podría representar una crisis. En ocasiones, si no siempre, conviene ver los procesos, la sumatoria de pasos para buscar causas, evaluar, evitar nuevamente caer en lo mismo una y otra vez.

La crónica 2019 de la industria petrolera encierra claves para tener en cuenta, en lo bueno y en lo muy malo. El país, la centralidad de la política, una vez más, se las ingenió para pasar de un proyecto exportador casi sin parangón en la historia, a una foto que se mira con una de esas dolorosas muecas en la antesala de la frustración: los telegramas de las empresas de servicio que amplían la visión de las oportunidades de negocios en búsqueda de mejores condiciones. El ying y el yang de Vaca Muerta, y las marchas y contramarchas históricas de la macro argentina, en ocasiones, cohete propulsor y en otras asiento eyector.

El shale neuquino tiene 34 concesiones no convencionales y seis desarrollos masivos en marcha, esa instancia en la que las empresas aceleran y ponen la mayor cantidad de dinero luego de comprobar la calidad de los recursos, del área, para pasar a explotar ese potencial en contratos que en Neuquén son por 35 años. En un momento crítico en materia económica como pocos en la última historia democrática, lo cierto es que el shale argentino se las había ingeniado para obtener nuevos compromisos de inversión para el año próximo.

Las condiciones de mercado, esto es básicamente el precio internacional del crudo, ofrecían una hoja de ruta hacia el 2020: la de un aumento de la producción de shale oil, que permitiría saldos exportables, si se comprobaban lo vaticinios de subas en la producción del orden del 20 por ciento, a todas luces conservadores como decían las propias operadoras y los gobiernos neuquino y nacional. (Las chances del gas, enormes, dependieron siempre de condiciones de mediano a largo plazo, si bien la verdadera oportunidad para Vaca Muerta se encuentra en ese mercado que es del presente pero sobre todo del futuro, en función de que será un recurso central en la transición hacia las energías renovables). El primer tramo del año, así, fue un dechado de posibilidades y certezas. La comprobación de que los campos del shale le pelean palmo a palmo a los mejores de Permian, la baja constante de costos que incrementan la competitividad (y permiten atenuar las gruesas diferencias estructurales con otras áreas del mundo), el ingenio de los, sí, ingenieros argentinos y las certezas que no dejan de ponderar los directivos de las principales operadoras del mundo, eran algo así como un viento a favor en el que creer. El telón de fondo era el de un país tomando deuda a pasos acelerados, algo que primero solo fue la inminencia de un peligro, hasta que la soga se tensó más de la cuenta. A mitad de año Neuquén había tenido una suerte de paroxismo del consenso: la política y el grueso de los actores económicos hablaban en el Precoloquio de IDEA Vaca Muerta acerca de volcarse a “hacer las cosas”, saltarse la grieta y subirse al carro del shale como motor central del país. Pero la corrida sobre el Banco Central terminó siendo determinante y le metió presión a un gobierno que reconoció haber tomado una medida extrema (el DNU 566) en un día de 20% de devaluación de la moneda.

En adelante nunca fue lo mismo: los 90 días que duró esa normativa, la medida adicional del cepo, también, al giro de utilidades, edificaron un gran muro de dudas e incertidumbres que impide la llegada de más dólares y la salida de dividendos, dilema central que queda para la resolución del presidente electo Alberto Fernández si finalmente define acelerar en un bastión productivo donde, parece haber amplios consensos, están los dólares que pueden ayudar a un nuevo despegue del país.

A diez días de la asunción de nuevas autoridades nacionales y tras, números más, números menos, seis años de crecimiento constante, de respuestas para Neuquén y el país que se multiplicaron en nuevas industrias y puestos de trabajo, si hay algo que debiera ser claro, es esa suerte de decálogo de lo que está bien y lo que está mal para incentivar un ciclo productivo como casi nunca el país tuvo delante suyo. Hay letras chicas para la discusión, espacios para las mejores ideas que deben abrirse paso. Pero si hay algo que realmente está claro como un neón titilante en el semidesierto de Loma Campana, Fortín de Piedra o Coirón Amargo, es lo que hace daño.

Después, otra vez lo mismo, la política, y todo lo dispuesta a buscar esos tan mentados acuerdos y proyectos que le permitan al país encontrar el rumbo de crecimiento que parece soñado.

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