Opinión

Los dólares del crudo. Vaca Muerta y la salida al mundo

Los debates económicos que hoy tiene el país guardan claves con impacto en el desarrollo del shale. Vaca Muerta exportó en medio de la peor crisis mundial.

En ese contexto de pujas y tensiones que es casi por definición es el sector energético, hay al menos un punto de encuentro que parece cruzar el debate estrictamente petrolero. Desde los dos lados del mostrador. Gobiernos provinciales, el Estado nacional y las petroleras. Se trata de la senda exportadora a partir de dos cuencas: una de probados antecedentes, como la Cuenca del Golfo San Jorge, de donde PAE tiene un rol protagónico; y en los últimos años, y en particular durante el primer semestre del 2020, Vaca Muerta, en la Cuenca Neuquina.

Como nunca antes en la historia petrolera mundial, la necesidad tuvo cara de hereje. El postulado, que implicó acuerdos y recortes de producción de millones de barriles de crudo entre los pesos pesados del mundo, tuvo un rebote local. Y allí donde la política todavía no mostraba decisiones firmes para el sector, la falta de dólares y la profundización de la crisis económica revelaron con claridad lo que hacía falta. Y lo que se podía. Y lo que se necesitaba era aceitar un canal. ¿Cuál? Ese que está en estado latente, y con estertores que son comprobaciones, desde hace cinco años. La salida al mundo para el petróleo de Vaca Muerta.

La inédita caída en los niveles de consumo interno provocó un excedente de millones de barriles de crudo en el país. Sin chances de colocar esa cuota de producción en el mercado local por el desplome en la venta de naftas (hoy siguen en torno al 60% respecto del contexto previo a la pandemia), las gigantes mundiales con bloques en el shale empezaron a indagar en lo que conocen sobradamente. Las oportunidades de negocios que se podían encontrar aun con un recorte de la demanda mundial de la magnitud actual. Eso y las necesidades de alimentar el flujo de caja para pagar lo que se pudiera pagar: miles de sueldos con empleados paralizados en sus casas y prestaciones adeudadas a cientos de pymes de todas las cuencas. Sucedió: por caso, una decena de empresas exportaron el 40% de la producción neuquina en julio.

El decreto del barril criollo viabilizó también la chance: no entraría crudo del exterior y los excedentes podrían exportarse. Cerraba: la actualización previa de retenciones permitía que la quita de precio que recibe un crudo nuevo en el mundo no fuera tan dura. No fue la panacea. Pero sirvió como carta de presentación. Y para optimizar canales de venta.

En este punto, las preguntas de siempre: ¿podrá el país establecer un marco fiscal y jurídico -no necesariamente una nueva ley- para hacer de esto un puente de ida en barriles y de regreso en dólares? Directivos de grandes corporaciones como ExxonMobil y Shell expresaron un sí rotundo a la hora de evaluar las posibilidades durante esta semana.

En Vaca Muerta, acre por acre, la geología es de las mejores del mundo no convencional. Esa rareza de Argentina exportando crudo en la crisis más rotunda (paroxismo de la contradicción de un país repleto de contradicciones) muestra algo de luz en medio de la oscuridad. Nada que no se supiera. Pero ahí están los hechos y su valor agregado.

Argentina terminó el segundo cuatrimestre del año u$s 189 millones “arriba” en su balanza energética. Un día de corrida sobre el dólar en la city porteña, dirá alguien. Es el gran tema: en la roca que cruza el 60% de Neuquén por debajo hay decenas de miles de millones de dólares para ir a buscar. El país los necesita para desarrollar su economía. En el debate económico de hoy se juegan también las chances de poder ir a buscarlos.

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