Opinión

Lo central es la confianza y no tanto una nueva ley

El año se había abierto con la caída del subsidio de la resolución 46 y ahora se sumaron el techo al Brent y las restricciones al financiamiento.

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

"La confianza no se arregla con una ley”. La frase, en parte, es un resumen de lo que viene sucediendo en algunos despachos en Buenos Aires. Es la ronda de encuentros que encabeza el que por ahora es algo así como el referente de Alberto Fernández para los temas de Vaca Muerta, el economista Guillermo Nielsen.

Petroleras y algunos referentes de la industria reciben, en buena medida, una descripción macro plagada de “buenas intenciones” acerca de los planes de un eventual gobierno del candidato del Frente de Todos Fernández. Se trata de una descripción en la que hay una suerte de marco legal que propiciaría el despegue de la producción en Vaca Muerta. En buena medida es lo que Nielsen ya les había adelantado públicamente en el precoloquio de IDEA en Neuquén, en ese momento en el que la tiranía del tiempo (y todo lo que finalmente se empeñó en entrar en él) no había descargado la dosis de realismo que luego descargó en el gobierno actual.

Todavía, dicho de otro modo, la foto del sector no era la del daño que hoy devuelve.

Otra vez: “La confianza no llega por una ley”. ¿Qué quiere decir esto? Que lo que necesita el negocio del gas y el petróleo en el país, está bien, son marcos legales propicios. Pero lo que esencialmente hoy recorre a los principales campos petroleros son las preguntas sin respuesta y la incertidumbre generada por acuerdos rotos. Hay un contexto legal que estableció una serie de regulaciones macro que funcionó. Y están, por encima, los precios internacionales del petróleo y el gas.

Hubo un primer mal presagio a principios de año. Por un lado, la resolución 46 del subsidio al shale gas, aquel primer aviso de la incidencia de las restricciones del frente externo.

El FMI le había exigido ajustes al ex ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, y por eso, pese a las promesas que le habían hecho Macri y Lopetegui a Omar Gutiérrez en Villa La Angostura, el subsidio al gas no incluyó nuevas áreas (alguien podría decir que casi hasta mejor ante la carencia de mercados a los que acceder) sino más bien una reinterpretación que, en los hechos, modificó las reglas.

Luego, claro, la seguidilla de agosto del barril congelado más el corset en el manejo de divisas, que terminó en la foto de hoy: el freno de desarrollos masivos que se reseña en este mismo suplemento.

A este escenario se sumó el del frente electoral. Con un candidato tratando de autoconvencerse de una victoria y el otro, casi vestido con el ropaje del próximo presidente. Todo esto conforma un cóctel explosivo para aquellas empresas que miran el escenario político local, en un tablero mundial en el que también tienen otras varias opciones, pese a las “bondades” del recurso en Vaca Muerta. Petróleo y gas hay a raudales. Las condiciones macroeconómicas son algo así como una grieta adicional para sumar a la estabilidad que suelen requerir estas inversiones que se piensan a 25 años.

El shale atravesó un par de crisis en los últimos cinco años.

El que comienza a prefigurarse es un escenario muy complejo, que para peor adolece de señales claras acerca del futuro de lo que podría ser una política para el sector.

Luego de un par de errores severos, el albertismo se empeñó en dar algunas pistas, no siempre a través de interlocutores que despiertan confianza por su grado de conocimiento sobre el sector, otra gran clave que suma para intranquilizar. No tanto por lo que se dice, sino sobre todo por quién lo dice (no es el caso de Nielsen). Las tarifas pesificadas pueden ser una señal no del todo esperada por la industria, pero acaso el dilema central que atraviesa hoy Vaca Muerta es la encerrona del riesgo país, la falta de financiamiento y las restricciones al manejo de divisas.

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