Opinión

La saga de los tiros en los pies y las novedades desde China

Las medidas del BCRA suman más dudas ahí donde todo era incertidumbre. Hace un año que escasean las buenas noticias económicas en la industria petrolera.

El yin y el yang. Lo bueno en lo malo y lo malo en lo bueno. El escenario irresuelto del gas pone en contexto otra vez la pléyade de oportunidades y las opciones que toma el país luego de un año de caída-estancamiento del sector petrolero argentino.

El contexto político y económico empieza a recibir los embates interesados del escenario electoral... a 12 meses. Dan ganas de decir “parece mentira”: la grieta amplía la distancia entre sus dos orillas, mientras centenares de personas mueren todos los días y dan forma a una tragedia en tiempo real. El pesimismo generalizado es un veneno que intenta inundar cuanto esté a su alcance.

Las restricciones a los ¿8000? millones de dólares del BCRA buscan garantizar lo poco que hoy la economía puede garantizar. Pero agregan otro feroz signo de interrogación sobre el nivel de inversiones posibles. No hay muchas más herramientas para que, en algún momento, Argentina empiece a mover ese andamiaje que le permitiría dar los primeros pasos luego de un ciclo de más de un año de pésimas noticias. Por solo tomar la industria oil and gas, un sector que supo atraer en Vaca Muerta hace tres años, en un año y medio, el nivel de reservas líquidas que hoy tiene el país. Es verdad: no conviene mezclar peras con manzanas. Pero dólares son dólares. En reservas y en inversiones. Como sea, hay un motor claro que hoy está en boxes.

Las empresas que tomaron deuda en dólares podrán obtener el 40% de lo que necesitan honrar esos pagos y el resto refinanciarlo. A trazo grueso, es lo que rige. Si la macroeconomía, el acuerdo con los acreedores externos, era una condición esencial para empezar a establecer un contexto de llegada de inversiones, el dólar, las tensiones alrededor de la divisa estadounidense, no aportan para nada a una industria netamente dolarizada. YPF, la golpeada nave insignia de la industria energética nacional, recibirá los coletazos. La clave del futuro pasa por saber durante cuánto tiempo va a perdurar una resolución que, llegado el caso, podría implicar que eche manos a su caja, una reserva para garantizar la producción interna de crudo, gas y otros combustibles.

Como telón de fondo, las velocidades para lo bueno y lo malo en Vaca Muerta.

En medio de uno de los peores escenarios de los últimos años, asoma el interés de PowerChina, que plantea una inversión de 1000 millones de dólares para transportar gas, petróleo y arena para el fracking y armar un circuito hacia la zona de puertos en Bahía Blanca. El postergado tren de Vaca Muerta les permitiría a las principales operadoras del país seguir bajando costos para garantizarse ese tramo de la competividad que salen a buscar con más ímpetu que nunca, en medio de la caída histórica de los precios de los hidrocarburos. La novedad china es un pequeño hilo de luz, junto con las exportaciones de crudo que sustentan la producción neuquina por estos cruentos meses, que marcan un camino y devuelven una visión en espejo sobre los errores y el tamaño de las posibilidades en juego.

Hay, sin embargo, variables en la mano de la política, esa fabulosa herramienta, imperfecta como lo es, que atraviesa el huracán del bastardeo y que por momentos parece en plan ruleta rusa.

Puede dar señales. Puede no sembrar más “incertidumbre”. Puede dejar sus mezquindades y buscar acuerdos. Puede no dar un paso hacia adelante y cinco hacia atrás.

Es central que, al margen de las certezas económicas, estén esas certezas políticas. Que lo declamativo tome entidad en los hechos.

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