Opinión

¿De qué hablamos cuando hablamos de la Macro?

El país tiene enormes oportunidades en Vaca Muerta. Debe resolver su situación macro para no pasar sobresaltos en el futuro.

El aporte que puede hacer la industria petrolera y gasífera está repleto de desafíos. Uno de ellos es la situación macroeconómica del país. Si bien se trata de la suma de un intrincado número de variables, hay una que, para el caso argentino, prevalece por sobre el resto: el flujo entrante o saliente de dólares y el impacto que eso tiene en el día a día de millones de habitantes de este bendito suelo.

Se sabe, los argentinos se piensan en dólares. Y hoy, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) recibe una presión incesante a la hora de poder acumularlos. La entidad financiera utiliza su colchón, enflaquecido por estos días, para intervenir en la plaza cambiaria y moderar las tendencias alcistas, toda vez que un incremento en la divisa estadounidense suele regir buena parte de los precios del país.

Ahí está el principal aporte que puede hacer la industria energética en su conjunto. Y parece ser una idea del gobierno nacional. Tanto el ministro de Economía, Martín Guzmán, como el secretario de Energía, Darío Martínez, hablan de incrementar la producción de gas y petróleo y exportar parte de la producción.

La contrapartida sería el ingreso de dólares. Argentina los necesitará, casi como siempre, para poder cumplir con el acuerdo de tenedores de títulos del sector privado con los que acaba de cerrar y también para lo que pueda negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero sobre todo para proveerlos en el mercado interno si quiere reactivar de forma paulatina el resto de la industria, siempre y cuando haya condiciones para eso. Condiciones: todo lo que la pandemia y su halo destructor permitan en conjunto con la estabilidad política que sepamos construir.

En la mejor versión de ese relato lineal, la mayor producción evitaría además el peor escenario de desbalancear los dólares acumulados por la necesidad de compras de energía al exterior.

Se estimularía, también, la generación de empleo (hoy 17 mil trabajadores de la Cuenca Neuquina están pendientes de qué sucederá con sus puestos). ¿Es algo imposible? No. De hecho, ya ocurrió hasta el 2019.

Ahora bien, ese proceso de posible llegada de inversiones también implica un cierto equilibrio a la hora de algunas condiciones en el frente externo.

Las productoras de gas y petróleo venían invirtiendo entre 3000 y 5000 millones de dólares anuales en las áreas de Vaca Muerta. En parte, ese ciclo culminó en agosto del año pasado. Pasaron dos cosas: el freno al precio interno del crudo y, casi enseguida, los obstáculos para que puedan girar dividendos al exterior.

El BCRA entraba en la declinación de su colchón de dólares, toda vez que al gobierno de Mauricio Macri le habían cortado el crédito. El FMI ya era de nuevo una realidad para el país.

En definitiva, de eso hablamos cuando hablamos de la macroeconomía en el sector energético. De esa suma de variables que generarán las condiciones sustentables para el ingreso de divisas para producir más, con inversiones genuinas, que sean tan atrayentes como para que una corporación mundial crea que va a poder retirar una parte de las ganancias cuando lo desee, y que eso no provoque un desequilibrio interno en el país que presione a la economía.

Es un desafío mayúsculo, y eso es en lo que debe estar trabajando por estas horas el Ministerio de Economía si es que quiere hacer realidad el sueño exportador de Vaca Muerta.

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