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Petroquímica, un mercado para el crudo y el gas excedente

Las refinerías y los polos existentes pueden diversificar sus actividades poniendo el foco en la petroquímica y los distintos usos de los recursos hidrocarburíferos que tiene el país.

Con los cambios de hábitos en el consumo de energía y combustibles, hacia mayor eficiencia y electrificación, el petróleo empezará a tener excedentes que se orientarán hacia la petroquímica. Es un campo enorme de posibilidades para el crudo y también para el gas, ambos recursos que en la Argentina son abundantes pero que muchas veces tropiezan con la falta de mercados para evacuar la producción que sobra.

La pandemia también contribuyó, tras la caída del consumo de combustibles, como las naftas, y los vehículos eficientes, incluso los eléctricos, tienen una penetración mayor en el mercado de diferentes países, como Estados Unidos y China.

“La petroquímica va a crecer más en la Argentina, incluso hay empresas que están planificando la ampliación de su infraestructura”, indicó Alfredo Friedlander, experto en química y docente de la Especialización en Economía del Petróleo y del Gas del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), en un diálogo con +e.

El universo de usos del petróleo se divide en dos grandes productos. Uno son los llamados “hidrocarburos aromáticos” (líquidos), que contienen tolueno y xilenos, orientado para mejorar el octanaje de las naftas. El benceno es otro aromático pero de bajo octanaje y, como es cancerígeno, no se lo usa en los combustibles, donde también se incorporan etanol y otros hidrocarburos. El benceno, a través de un proceso, se transforma en LAS (Lineal Alquilbenceno), que tiene un uso muy extendido en la formulación de los detergentes. El principal derivado del benceno es el estireno. Uno de sus derivados es el poliestireno expandido, llamado generalmente telgopor, usado en estructuras para proteger los electrodomésticos dentro de sus cajas. En la Argentina, otro derivado de los hidrocarburos aromáticos es el tolueno, que se usa para crear un componente básico (TDI) de los colchones de goma espuma.

“Esta orientación hacia la petroquímica del petróleo es para aprovechar aquellos productos que puedan llegar a sobrar. La tendencia es a usar biodiésel que hoy se mezcla con el gasoil, los autos usan menos combustibles, va a crecer el uso de los eléctricos y se maneja también la posibilidad del hidrógeno. En el mundo los refinadores están viendo qué hacer cuando sobra petróleo y gas”, describió Friedlander.

El gas también tiene una oportunidad en la petroquímica. Aunque, claro está, hay que pensar en el mercado local y las posibilidades en el exterior. Del gas natural salen el metano, el etano, el propano y los butanos. El primero puede usarse como combustible, pero tiene otro destino interesante: convertirse en metanol y también en la producción de amoníaco principalmente para urea, clave para los fertilizantes.

Con el etano del gas neuquino, por ejemplo, en Bahía Blanca se produce el etileno, base de tres grandes plásticos: polietilenos (quizás el más conocido), el PVC (casi un indispensable en la construcción y los desagües) y PET (que tiene un uso muy extendido en las botellas de plástico).

También es muy importante el propileno, del cual se obtiene otro plástico fundamental, el polipropileno usado en envases, alfombras, entre otros. En Argentina, el propileno se obtiene en los crackings catalíticos de las grandes refinerías.

“Todavía el mercado local es muy poco”, dice el químico Friedlander, quien se mostró esperanzado de que haya un alza en el sector petroquímico. “Falta que crezca el mercado local. Lo que no falta es la materia prima”, agregó. Y llama a no perder de vista a Brasil: “Tiene déficit de productos que podríamos generar en la Argentina. Si hay crecimiento, puede haber colocación de productos argentinos en Brasil, con cero retenciones gracias al Mercosur”.

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