Gobernanza del litio: Los 5 modelos en disputa por el oro blanco
¿Es posible un modelo único de gobernanza para el litio en América Latina, cuando la demanda global por baterías podría aumentar más de 300% hacia 2030?
Un estudio reciente elaborado por investigadores coreanos revela las claves detrás de las profundas diferencias en la gestión del litio en la región. Publicado en diciembre de 2025 en la revista The Extractive Industries and Society, el trabajo del académico Seungho Lee, de la Universidad Nacional de Jeonbuk, analiza los casos de Chile, Argentina, Brasil, Bolivia y México. Estos países concentran más del 60% de las reservas mundiales identificadas de litio, según datos del US Geological Survey y la UNDP, posicionando a América Latina como eje estratégico en la transición energética global.
Seungho Lee propone un marco analítico en dos etapas que explica por qué, pese a presiones externas similares —como ciclos de precios altos y competencia geopolítica entre potencias—, los enfoques nacionales divergen radicalmente.
“Los ciclos de precios de los commodities y la competencia estratégica generan presiones externas para la intervención estatal, pero sus efectos se median por la madurez industrial del sector del litio en cada país”, afirma el autor.
Las 5 variantes que marcan el futuro del litio
El estudio identifica cinco enfoques distintos, que reflejan no solo realidades económicas, sino también arreglos políticos internos y niveles de madurez industrial:
- Chile: Modelo híbrido. Combina supervisión estatal fuerte con participación privada mediante contratos específicos y regulaciones estrictas. Este enfoque permite atraer inversión extranjera mientras el Estado retiene control estratégico.
- Argentina y Brasil: Regímenes descentralizados y orientados al mercado. Provincias o estados subnacionales, junto con empresas privadas, lideran la exploración y desarrollo. En Argentina, proyectos en provincias como Salta y Jujuy avanzan rápidamente gracias a incentivos fiscales.
- Bolivia: Esquema altamente estatal. El gobierno busca controlar toda la cadena de valor, desde extracción hasta industrialización, aunque avances prácticos enfrentan desafíos técnicos.
- México: Nacionalización retórica y legal. Discurso fuerte de soberanía estatal, pero con avances limitados en proyectos operativos.
No existe un “modelo latinoamericano” uniforme. En su lugar, coexisten enfoques híbridos, mercadistas, estatistas y simbólicos.
Dos etapas: Del mercado global a la política local
Seungho Lee estructura las diferencias en dos fases secuenciales:
- Fuerzas globales. Ciclos de precios del litio y rivalidad geopolítica incentivan mayor intervención estatal. Cuando el mineral se consolida como crítico —impulsado por vehículos eléctricos y almacenamiento renovable—, surge la tentación de regulaciones más estrictas o empresas públicas.
- Política interna. El impacto de estas presiones depende de la madurez industrial (producción existente, infraestructura y know-how) y los acuerdos políticos internos (relaciones entre Estado central, privados, gobiernos subnacionales y comunidades).
Este marco explica paradojas: Chile y Bolivia comparten discursos de soberanía estratégica, pero aplican modelos opuestos debido a diferencias en madurez sectorial y arreglos de poder.
Lecciones para inversores
Los autores advierten a multinacionales y gobiernos extranjeros contra visiones homogéneas de la región. Estrategias exitosas en Chile fallan en Bolivia. Recomiendan personalizar enfoques considerando:
- Tendencias globales de demanda.
- Capacidades estatales y tradiciones regulatorias locales.
- Rol de comunidades indígenas.
Proyecciones de demanda
El litio impulsa baterías para electromovilidad y almacenamiento renovable. Estimaciones citadas proyectan un aumento superior al 300% en demanda ligada a vehículos eléctricos hacia 2030 respecto a niveles recientes. Esta tendencia intensifica disputas por reservas y políticas de soberanía.
América Latina gana influencia geopolítica, pero su éxito depende de regulaciones consistentes y articulación de intereses territoriales. Comprender estos “playbooks” nacionales resulta crucial para actores interesados en el mineral estratégico.
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