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Las buenas noticias, la crisis macro y el PJ como coalición

El Gobierno nacional ofreció señales a uno de los pocos sectores que podría dinamizar la economía y transitar el sendero posible de inversiones en el corto plazo.

En medio de una de las crisis económicas más duras de la historia argentina, el Gobierno buscó dar las tan mentadas señales al único sector que hoy podría transitar el sendero de las inversiones. Y lo hizo en el mismo lugar donde otros gobiernos ya buscaron buenas noticias económicas. Los del MPN, que casi descubrieron al shale cuando la caída de los convencionales y las regalías eran una alarma ante el alto nivel de deuda de Neuquén, y luego los del kirchnerismo, cuando la balanza energética implicó una sangría en dólares.

También Mauricio Macri, cuando luego de pedir auxilio al FMI, hizo de la inercia de inversiones que se remontaba a mucho antes de su acceso al poder, una plataforma en la que encontrar buenas noticias. Hoy, ante el peligroso declino de los pozos de gas y la asfixia macro, Alferto Fernández también desembarcó en Loma Campana.

El Gobierno, luego de seis meses (que incluyeron una pausa en un anuncio casi cerrado), fijó un precio estímulo a la producción de gas. Podría garantizarse así evitar más importaciones el próximo año. La medida fue saludada por la CEPH, las grandes productoras que optaron por un comunicado grupal para decir en algún punto que eligen creer, pese a los desplantes previos en el sector gasífero, que incluyeron el freno de pagos millonarios y la judicialización del incentivo de la resolución 46.

También Miguel Galuccio, que primero que todos manifestó su respaldo y planteó la veta exportadora del crudo como complemento ideal donde ir a buscar más dólares, en buena medida. Los 3,70 dólares que se garantizarán hasta finales del mandato de Fernández por cada millón de BTU para 70 millones de metros cúbicos podrían tener un efecto revitalizador. Una salida para la encerrona del gas que permita toda la reactivación posible para reemplazar importaciones y mover la aguja del empleo.

Así, este nuevo plan buscará acoplarse a la negociación previa. Esa que también era crucial: la de miles de trabajadores de las cuencas productoras que están en sus casas y esperan volver. Por ahora, solo se conocen aspectos troncales del proyecto. Por ahora, el gobierno nacional no dio a conocer la letra fina.

La meta de precio resulta atrayente para algunas operadoras. Las condiciones para el offshore, los ocho años de desarrollo para estas cuencas, ratifican las negociaciones que había llevado adelante el ministro Matías Kulfas.

También la cantidad de gas que recibirá el premio de precio por cada cuenca, con Neuquén (Vaca Muerta) a la cabeza. Por fuera de la buena nueva estrictamente petrolera, varios temas para ver.

El Gobierno parece acentuar su reconocimiento del sector como lugar al que recurrir en medio de la crisis. Fernández decidió ir a la refinería de Raízen en Avellaneda, durante la semana, para la confirmación de un plan de inversiones de u$s 715 millones en cuatro años.

El postergado anuncio del Plan Gas también era eso, buscarle otra arista al peso de una agenda cruenta. En Vaca Muerta habló de sostener “reglas claras para un sector como el petrolero con inversiones a largo plazo”, esa suerte de mantra de los CEO de las empresas cada vez que opinan del sector y su futuro. El Gobierno necesita tiempo para demostrar lo que profesa. Corre una carrera tremenda contra el margen de maniobra para una posible reactivación. Se sospecha que hay algo más que este Gobierno podría hacer.

Pero al mismo tiempo tiene desafíos internos. Necesita demostrar que una coalición de gobierno del PJ puede ser un instrumento de gestión que funcione y que lleve soluciones, no ya solo a un sector como el petrolero, donde hubo malos antecedentes. Es una demostración hacia afuera y hacia adentro. El país lo necesitará en los meses que vienen.

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