Gobierno

El 2021 empieza con el frente macro irresuelto y el COVID-19

La producción de petróleo y el Plan Gas.Ar son apuestas para la reactivación para lo que viene.

mEl gobierno nacional, cuando logró esquivar sus incongruencias internas en el sector energético, se puso el traje de piloto de tormenta y surfeó la ola brava de la macroeconomía. Es, en buena medida, lo que sigue afectando a la industria petrolera, por fijar un plazo con cierto consenso, desde mediados del 2019. Se sabe: el mix de deuda feroz, cierre del grifo de los dólares, y larga transición política hacia el recambio del gobierno nacional. Como si fuera poco para una economía golpeada como la argentina, con más fuerza desde marzo la cuota adicional de incertidumbre (todavía sin fin aparente) del COVID-19. En total, algo así como 18 meses con un contexto adverso y acaso sin registro. En ese tramo hubo, al menos, dos versiones de la política energética del gobierno de Alberto Fernández.

Un primer momento sin rumbo aparente, cruzada por mensajes contrapuestos, y sin conducción. Como telón de fondo, el gobierno parecía quemar (y estaba bien) todas las naves en el acuerdo con los tenedores de la deuda privada, condición sin la cual la llegada de inversiones sería muy difícil. Pese a ese primer paso, resta la venia del FMI para un posible acuerdo por su parte de la mega deuda argentina, algo que podría apuntalar el actual ciclo que atraviesa el sector energético argentino, ese en el que el gobierno nacional mostró sus mejores cartas en la segunda mitad del año mientras buscó afianzar su relación con un sector del que espera el respaldo de inversiones millonarias. ¿Podrá ser?

El Plan Gas.Ar es una suerte de nuevo camino que exploró. Nación profundizó el diálogo con todo el sector petrolero para evitar un mal mayor en el año que comienza en breve: un giro mayor de dólares al exterior en la compra de combustibles, con un posible impacto adicional en la suba de todos los precios por la presión sobre la divisa estadounidense. Si bien no logró cubrir la totalidad del gas que necesitará (el gas del invierno podría complementarse con otra licitación o más importaciones), tras nueve meses de diálogo, garantizó el bloque base de 70 millones de metros cúbicos diarios por cuatro años.

El nuevo esquema apuntalará a las dos principales cuencas productoras (Neuquina y Austral). Vaca Muerta podría empezar a salir de esa peor foto histórica que deparó el 2020, con la reactivación de un segmento del upstream que casi no había registrado movimientos en los dos últimos años, y que ya plantea un escenario de crecimiento a partir de nuevas inversiones como las que adelantaron YPF y Tecpetrol, dos jugadores preponderantes en este segmento. El dato final de diciembre del 2020: apenas por encima de 2000 millones de dólares en inversión (en el 2019 alcanzaron los 4114).

La producción de gas podría ser un complemento de la apuesta petrolera: por un lado, la mayor cantidad de barriles de crudo que permita la demanda interna de combustibles, que al parecer, tiene todavía un largo camino por recorrer hasta su recuperación que algunos avizoran a finales del año próximo. Es el cuadro que trazan parte los principales directivos de petroleras en Argentina, un escenario no exento de riesgos porque, en rigor, ¿quién sabe qué pasará con el COVID? Pero la apuesta a la vacuna, como lo expresa el precio del Brent, llega con un cambio de aire que se desprendería de una posible reactivación económica.

La otra pata de ese empuje podrían ser las exportaciones de crudo: los saldos de petróleo, una vez garantizada la demanda interna, son acaso la discusión más importante, junto con la de las tarifas, que dará el gobierno nacional en los próximos meses. Esto, en tanto y en cuanto logre seguir evitando ponerse palos en la rueda en la arena política.

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