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Las lecciones que dejará el 2022 en materia de energía

A partir de ahora, a la dirigencia política debería quedarle claro que no puede subestimarse la infraestructura energética, clave para la seguridad de suministro.

Con los recientes acuerdos con Bolivia y Brasil, Argentina gana un poco de aire antes de la gran tormenta que se espera. Si no se logra garantizar el suministro de energía, los cortes a las industrias serían uno de los costos más altos que deberá pagar el gobierno de Alberto Fernández. Bolivia continuará el contrato de abastecimiento del año pasado, con 14 millones de metros cúbicos por día. En tanto, Brasil proveerá de energía eléctrica, por lo que se ahorraría gas para generación.

En el orden doméstico, la clave sigue siendo sostener el Plan Gas.Ar y revisar todos los proyectos de gas natural que tiene el país, que puedan complementar a Vaca Muerta. En esa roca shale está el yacimiento Fortín de Piedra, de Tecpetrol, que tiene una producción de 18 metros cúbicos por día (el 14% del total nacional).

Al sur del país, los 36 pozos offshore aportan el 17% de la producción de gas que consume Argentina. Este dato fue remarcado en los últimos meses por el debate en torno a la exploración del mar para dar con nuevos reservorios de petróleo y gas.

Y estas plataformas en la Cuenca Austral, zona compartida entre Tierra del Fuego y el sur de Santa Cruz, todavía no tiene en marcha el Proyecto Fénix. La inversión allí implicaría aumentar los volúmenes de gas, garantizados por 15 años, de acuerdo con el consorcio entre TotalEnergies, Wintershall Dea y Pan American Energy.

La Cuenca Austral quizás deba afrontar un camino similar al de Vaca Muerta: infraestructura insuficiente. Si bien se han construido ductos y conexiones en los últimos años, lo cierto es que el principal gasoducto troncal, el San Martín, deberá asumir el desafío de transportar más producción por toda la Patagonia costera hasta la provincia de Buenos Aires.

Otro segmento de la energía asoma con más fuerza y puede ser un aliado importante ante una crisis. Las renovables, en especial la eólica, están teniendo un crecimiento notable y ya significan una porción destacada en la matriz energética. Un récord de abastecimiento energético a partir de fuentes renovables se alcanzó esta semana cuando el domingo pasado a las 14:35 horas se consiguió que el 30,44% de la demanda nacional esté cubierta por renovables.

Aquí no solamente son grandes jugadores del sector de las renovables como AES o Genneia, sino que las propias empresas de petróleo y gas están impulsando sus parques eólicos en Chubut, Santa Cruz y Buenos Aires (YPF Luz, la división renovable de la petrolera de bandera, tiene parques en las tres provincias mencionadas).

Este 2022 pueden dejar algunas lecciones para la política. La primera, no subestimar al sector energético en términos de infraestructura (aunque esta enseñanza debería haber quedado marcada con aquel apagón del 2019). La otra es la diversificación. Esa diversificación es tanto en los nuevos horizontes para los hidrocarburos (como el mar) y el apoyo a las renovables. E incluso revisar los planes en materia nuclear, una fuente sin emisiones que volvió a tomar protagonismo en Europa por la crisis del gas ruso.

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