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La adenda le abre otra puerta a Vaca Muerta

Los pozos de Bolivia en declino son una chance adicional para los bloques neuquinos de shale gas.

El escenario del gas en Argentina siguió definiéndose esta semana. El gobierno nacional firmó la quinta adenda al contrato del gas con Bolivia que puso en marcha Néstor Kirchner en el 2004. Argentina tendrá para este invierno un 30% menos de gas proveniente del vecino país. Lo pagará algo más barato. El gobierno de Luis Arce le dijo al secretario de Energía Darío Martínez que el declino de los pozos hacía inviable seguir sosteniendo los volúmenes de gas para el pico de invierno: se pasará de unos 21 MMm3/d en ese período a unos 14 MMm3/d. Era parte de lo que necesitaba saber el gobierno nacional para trazar un plan b para la demanda, sobre todo, del 2021.

Argentina podría importar más GNL para ese tramo del año. El Plan Gas.Ar ya lo dejaba planteado. La licitación no logró los cupos necesarios adicionales para los cuatro meses de mayor consumo en el país, aquellos de más bajas temperaturas.

Tal como se informó, Nación no descarta una nueva licitación, similar a la de inicios de diciembre, acaso con el “gancho” de un mejor precio tope, si bien el argumento que hizo conocer para explicar ese faltante en la licitación fue que las operadoras no se comprometían a cumplir dado los tiempos: los nuevos pozos para abastecer ese momento de la demanda acaso no llegarían a producir a tiempo. Hay otras fuentes del sector petrolero que plantean que, en rigor, las empresas presionan por un mejor precio para garantizar una cuota adicional de producción para mayo-septiembre, a sabiendas de que el Estado deberá comprar GNL o combustibles a un precio más elevado en el exterior.

En este escenario, el dato es que la baja en la provisión desde Bolivia es otro motivo adicional para seguir reemplazando importaciones con gas de Vaca Muerta y la Cuenca Austral, a la postre, los dos grandes motivos del país en el corto plazo para darle nuevo impulso a la industria gasífera.

Si Argentina quisiera descomprimir su frente macroeconómico, restándole presión al dólar, tiene un buen argumento en el desarrollo de gas, el combustible fósil llamado a tener un rol central en la transición hacia el paradigma de las energías limpias, que algunas de las gigantes petroleras mundiales empezaron a transitar más rápidamente en el 2020 en medio del cisma provocado por el COVID-19.

También esta semana la Secretaría de Energía dejó sin efecto la licitación que había impulsado el gobierno de Mauricio Macri para la construcción de un nuevo gasoducto entre Vaca Muerta (Tratayén) y Salliqueló, en la provincia de Buenos Aires.

La obra, central para el futuro del shale gas neuquino, dicen, tuvo el pulgar hacia abajo del presidente Alberto Fernández.

La licitación de un nuevo ducto troncal para garantizar el transporte llegaba de la mano de un régimen tarifario especial por 17 años, y se concedía para un total de 35, ampliables a otros diez.

En la resolución que dio a conocer este medio, la cartera de Energía instruye a la subsecretaría de Hidrocarburos para que estudie otras vías posibles para la construcción de un tendido de esas características y posibles ampliaciones a infraestructura existente. Al margen del hecho político, está claro que el shale gas requiere de una obra similar para garantizar en el futuro posibles salidas a mercados fuera del país, si lo que se busca es aprovechar el enorme potencial que plantean las áreas gasíferas.

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