Demanda

Nación, la ley para exportar petróleo y la postura de las empresas

El precio del crudo y la salida de la pandemia le dan sustento a la proyección del crudo de Vaca Muerta. Nación indaga si las empresas quieren acelerar.

oEl secretario de Energía, Darío Martínez, puso las cartas sobre la mesa. Fogonea la nueva ley petrolera, que tiene el objetivo ambicioso de salir con exportaciones de crudo al mundo, y al parecer, hasta el momento, no recibe las respuestas contundentes que espera. En medio de la pandemia, algunos de los principales referentes de la industria petrolera se expresaron con claridad acerca de las oportunidades del crudo para el país. Aquello que, en agosto, implicó que Vaca Muerta pudiera exportar el 40% del crudo neuquino en medio del derrumbe de la demanda interna producto del COVID-19.

Las empresas miran de reojo la invitación oficial, sopesando los antecedentes: no tanto los discursos sino los hechos contrapuestos, que parecen comenzar a encaminarse con esa muestra de cierto consenso que también plasmó el Plan Gas.Ar, el programa que garantizará una porción del gas evitando una sangría mayor de divisas al exterior, con el componente adicional de buscar valor agregado y el desarrollo de más pymes vinculadas a la cadena de valor. Ya se comienzan a ver los efectos: Tecpetrol, el brazo petrolero del Grupo Techint, adelantó inversiones por 1400 millones de dólares, antes de que se conozca oficialmente la adjudicación de los cupos para el mercado interno.

Con todo, por ahora, la del gas, no deja de ser una discusión con foco, en el corto plazo, en el mercado interno (si bien tiende puentes a las chances que ofrece el mercado brasileño y Chile, en primer lugar).

La producción de petróleo viene recibiendo buenas noticias en el último mes: el inicio de las campañas de vacunación contra el coronavirus en Europa -y el correlato con fecha de inicio en Argentina- actuaron como un termómetro de la demanda futura: así el barril de Brent llegó a su mejor valor en la pandemia, alcanzando los 50 dólares (hoy un precio para festejar; hasta hace un puñado de meses un motivo de desesperación).

Con todo, ese valor, y los varios dólares por encima de esa marca que analistas del sector prevén para el 2021, dejan un margen para una senda de recuperación de sectores de la industria.

Todo dependerá del efecto en la economía a la salida de las restricciones por el virus (hoy más un discurso oficial que un hecho constatable en la esquina de cualquier barrio), pero que sin embargo llevó a la conducción de YPF a decirle a inversores en Estados Unidos que espera que en diciembre del próximo año la demanda de combustibles se ubique 10 puntos por debajo del consumo habitual.

En ese contexto, Neuquén espera una suba de la producción en torno al 15%. Permitirá, como viene sucediendo, compensar el declino de las áreas convencionales del Golfo San Jorge y otros bloques productores, que, con planes estímulo en ciernes, podrían sumar algunos miles de barriles para la demanda doméstica.

Pero está claro que ese horizonte de precios podría ayudar, al margen del pronunciamiento explícito del gobierno nacional adelantado en estas páginas: ese ambicioso proyecto de exportar, algo para lo que busca consensos (inversión y cuotas de producción).

Nación, que todavía tiene que recorrer un camino largo para reconstruir la confianza de errores propios y heredados de cara a las empresas, le tira un poco “la pelota” a las petroleras.

Pero lo cierto es que no hubo una invitación tan clara en los últimos años, como la que se ve ahora, para buscar los acuerdos que permitan incrementar la producción argentina, que todavía debe cerrar su frente macroeconómico. Sin duda, es una clave que sigue mandando, pero en el mientras tanto hay camino por recorrer y tiempo por ganar.

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