biocombustibles

"Prorrogar el régimen de biocombustibles sería un daño directo a Vaca Muerta"

Así lo manifestó Martín Bronstein, investigador del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad, en una entrevista con +e.

El debate por la eventual extensión de la Ley de Promoción de los Biocombustibles sigue generando diferencias en distintos sectores que alertan sobre la necesidad de adecuar esa normativa a la nueva realidad energética de la Argentina, en la que los recursos no convencionales de Vaca Muerta irrumpieron de manera determinante para el análisis.

Así lo plantea Martín Bronstein, presidente del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (CEEPYS), para quien es necesario poner en contexto la sanción de la Ley 26.093, en el año 2006, en momentos en que el mundo se asomaba a lo que parecía ser su peak oil y en el que Estados Unidos -el gran promotor global de los biocombustibles- importaba el 70% de su demanda de petróleo a más de US$ 100 el barril.

"Argentina cuando sanciona la Ley de Biocombustibles estaba en una situación similar porque había encontrado el pico de los hidrocarburos convencionales, pero no tenía todavía la existencia del potencial desarrollo de Vaca Muerta que viene a cambiar totalmente la ecuación", afirmó Bronstein en diálogo con e+.

Esa perspectiva inicial que justificaba un amplio régimen de promoción del biodiesel y del bioetanol, para el presidente del Ceppys "debería tomar un giro, y no continuar con esa Ley que en 15 años de vigencia tuvo costos fiscales de US$ 1.400 millones por retenciones a las exportaciones a materias primas como la soja y el maíz no percibidas y la exención a los combustibles líquidos que le costó al Estado otros US$ 6.000 millones".

"Hoy el contexto es totalmente diferente y tenemos que apostar al desarrollo de Vaca Muerta como fuente de energía principal", aseveró Bronstein sin negar la necesidad de avanzar en una posible convivencia entre biocombustibles y combustibles fósiles.

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El Congreso avanza con un nuevo marco regulatorio para el sector. (Imagen: Agencia Télam.)

El Congreso avanza con un nuevo marco regulatorio para el sector. (Imagen: Agencia Télam.)

"Deberíamos ir hacia un esquema más racional que genere un mercado de libre competencia entre los biocombustibles e incluso con los hidrocarburos, y que no garantice un mercado cautivo ni un precio asegurado por el Estado".

Un posible nuevo punto de partida para esta industria, que también forma parte de la discusión que comenzó a darse hace semanas en la Cámara de Diputados, es "separar entre los diferentes biocombustibles, porque no es lo mismo biodiesel que bioetanol, y no es lo mismo bioetanol de caña de azúcar que el de maíz. Por el contrario, hay realidades diferentes” porque mientras el maíz y la soja son productos que pueden ser exportados la caña no tiene ese mercado alternativo y tiene un peso importante en la economía de zonas bastante postergadas.

No obstante, admite una complementariedad que debe seguir existiendo “sin caer en el lobby agrícola que pretende incrementar los cortes y asegurarse la extensión de esta ley que les garantizó durante 15 años un mercado cautivo a las empresas de biocombustibles y precios garantizados por el Estado, en lo que era un negocio redondo".

Mientras en la actualidad el corte obligatorio es del 12% para bioetanol en naftas y del 10% para biodiesel en el gasoil, uno de los nuevos proyectos alternativos que comenzó a analizar el oficialismo plantea una reducción al 7,5% y al 5% respectivamente.

"Lo ideal sería que las empresas de biocombustibles puedan competir libremente, como lo hace la industria petrolera, de manera que aquel que garantice mejor producto y mejor precio pueda salir al mercado", agregó el investigador del Ceppys, que no duda en aseverar que “prorrogar el régimen de biocombustibles tal cual está hoy sería un daño directo al desarrollo de Vaca Muerta"

En esa misma línea fustigó que "la alta concentración de la producción de biocombustibles en pocas empresas", un cuestionamiento que también vienen esgrimiendo las petroleras, por lo que defendió la idea de "apostar al desarrollo de las pymes, asegurar los beneficios impositivos al crecimiento de nuevas empresas y con el resto generar un mercado de competencia"

La propuesta de distintos sectores es avanzar hacia un esquema en el que "se cambien las condiciones impositivas" y que permita reducir las exenciones por la no afectación del impuesto a los combustibles líquidos, la aplicación de una escala de retenciones y la revisión de la devolución anticipada de amortización y ganancias. "Pero sobre todo -agregó- es necesario insistir en la diferenciación entre el bioetanol de caña de azúcar que es tan importante para las provincias del NOA y el biodiesel a partir de la soja, con un tratamiento diferente para cada uno de ellos".

Bronstein también planteó que en la discusión se debe analizar el impacto del precio de los biocombustibles que se traslada al surtidor como implicaría un aumento de los cortes, más aún con el nuevo sendero de incremento de precios que reconoció la Secretaría de Energía, tras dos años de congelamiento de esos precios regulados.

"Sería una locura que el precio de los combustibles dependiera en buena parte del precio internacional de la soja o del maíz. De hecho hay una muestra clara en que el Gobierno tuvo que apelar a un aumento exponencial de los precios de manera escalonada hasta mayo y que se está trasladando a los precios en los surtidores en torno al 90% para el biodiesel y el 70% para el bioetanol", agregó.

Como en cualquier industria, la variable de la calidad de producto es otra referencia de análisis en la que Bronstein no sólo destaca la necesidad de cambiar en la motorización del parque automotor ante un eventual incremento de los cortes, sino también considerar que "un litro de bioetanol tiene el 75% de la fuerza energética de un litro de nafta, de la misma manera que un litro de biodiésel un 87% respecto del gasoil regular".

El experto también desvirtuó el argumento que coloca a los biocombustibles como eje de un proceso de transición energética de los combustibles fósiles a un futuro de menores emisiones. "En el mundo la visión amplia de los pensadores de la transición energética que predomina sobre el futuro de la movilidad tiene que ver con el desarrollo del auto eléctrico y más a futuro de la adopción de la celda de hidrógeno, pero no de los biocombustibles", aseguró.

En este sentido, Bronstein sentenció: "Es momento del desarrollo del potencial de Vaca Muerta y del gas en particular que es el futuro más limpio con que ya cuenta la Argentina y el puente hacia el futuro de las renovables. Hoy los recursos renovables requieren al menos de unos US$ 5.000 millones de inversión al año y es necesario apuntalar ese potencial para en un futuro transformar al país en un exportador neto con el desarrollo de la infraestructura necesaria".

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