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Exportaciones. De las emergencias a las oportunidades

Las exportaciones de crudo marcan el grado de oportunidades que tiene el país. Suceden en un contexto de los más adversos de la historia.

En 2019, la curva de producción y los planes de desarrollo masivo en Vaca Muerta proponían una hoja de ruta bien diferente: una suerte de continuidad de un plan que terminaba con las exportaciones de crudo en el 2021. La serie de pesadilla de la macroeconomía argentina, cambio abrupto de reglas y freno de inversiones, trajo otro desenlace. Hoy se asiste a las consecuencias, casi todas cruentas, que sumaron ese leño adicional para el fuego que es el COVID-19. Sucedió lo que nadie esperaba. El colapso provocó una contracción histórica (hoy) en proceso de asimilación y con final abierto.

En este escenario, fue la urgencia lo que terminó activando las exportaciones que implicaron el 20 por ciento de la producción neuquina en junio (850 mil barriles en total). El derrumbe del 50% del consumo del combustibles provocó la acumulación de 11 millones de barriles junto a puertos sobre el Atlántico argentino. Las oportunidades que hallaron las petroleras con negocios en todo el mundo permitieron ventas a Estados Unidos, Holanda y Bahamas, entre otros destinos.

Así, en plena caída sin fondo aparente del sector desde agosto del 2019, asomó una minibrisa que posibilitó a las operadoras conseguir fondos, también con el Brent subiendo por encima de u$s 40 en los mercados internacionales, condición determinante para asimilar los descuentos que se aplican al shale, en torno a u$s 5.

El crudo Medanito, ese blend de convencional y shale que sale de la Cuenca Neuquina, busca su lugar en el mundo y por un rato lo encontró, en un movimiento que deja expuesto otra vez el tenor de las oportunidades.

En un contexto signado por el actual ciclo mundial de crisis, y con Argentina aún sin cerrar el frente externo de los acreedores privados que por ahora la atan de manos, estas ventas al exterior muestran una vez más el potencial del shale para ir a buscar los recursos que hoy escasean en el BCRA, desvelo del gobierno nacional, y uno de los motivos que, por otra parte, impulsan el Plan Gas 4 que Nación apura entre las operadoras.

YPF, durante el gobierno de Cambiemos, anunció que tenía un plan para sumar, con el resto del sector, unos 500.000 barriles de crudo a la producción nacional. Implicaría duplicar la media de un contexto normal del país, en torno a esa cifra. Lo pensaba posible hacia el 2023. El grueso de ese crudo iba a ser de Vaca Muerta. No en vano la empresa tiene en pleno proceso de construcción dos plantas de tratamiento de petróleo en la zona caliente del shale argentino: Loma Campana-Bandurria Sur-La Amarga Chica.

Los oleoductos, claramente, están: Argentina podría inyectar unos 200.000 mil barriles diarios de crudo solo desde la Cuenca Neuquina. Los planes en marcha para estimular viejos pozos del sector convencional, y la impronta de desarrollar la producción en otras provincias productoras del gobierno del Frente de Todos, implicarían una contribución adicional a esa cifra, toda vez que se haya garantizado el suministro interno, algo que hoy, en los hechos, ocurre.

Con los desarrollos de gas podría suceder algo similar, si bien las condiciones de inversión, el largo plazo que requiere asegurar mercados y garantizar los suministros, corren unos pasos por detrás. Sudamérica, con todo, parece un destino más que claro. El shale oil sí marca el camino de lo posible.

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