El desarrollo del shale gas neuquino enfrenta su principal cuello de botella en el segmento del midstream. Las operadoras extraen volúmenes récord desde la roca madre, pero la capacidad de evacuación condiciona el salto productivo. La incorporación del ducto al RIGI desactiva ese límite operativo. Mientras que el paraguas legal asegura la previsibilidad fiscal, aduanera y cambiaria que exigen los financiadores internacionales para apalancar infraestructuras de esta magnitud.
Southern Energy (SESA) celebró la calificación oficial a través de sus canales corporativos. La compañía destacó que la obra resulta clave para posicionar a la Argentina como un nuevo proveedor global de energía. El proyecto promete traccionar dólares frescos, promover el desarrollo industrial y abrir oportunidades comerciales inéditas para la región patagónica.
El trazado de la obra hacia el Atlántico
El aval del RIGI coincide con definiciones cruciales en el territorio. La localidad de San Antonio Oeste fue epicentro días atrás de la audiencia pública que debatió el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) confeccionado por la consultora experta Serman y Asociados.
El diseño de la línea traza una ruta directa hacia el puerto de exportación. El sistema contempla una longitud total de 472,5 kilómetros. El mapa divide el caño en dos tramos interprovinciales: 29 kilómetros en suelo neuquino y 443,5 kilómetros en territorio de Río Negro. La traza avanza de forma paralela al oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS) a lo largo de gran parte del recorrido.
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El FLNG liderado por PAE-Golar (buque Hilli Episeyo) será uno de los proyectos que buscará monetizar el gas de Vaca Muerta.
El gasoducto tendrá una capacidad de transporte de 28 millones de metros cúbicos diarios (MMSMCD), a través de un tendido de caños de acero al carbono de 36 pulgadas. Los técnicos ordenarán el soterramiento de la línea a casi un metro de profundidad para resguardar la máxima seguridad del sistema.
Desafíos técnicos y la operación del GNL
El flujo requiere potencia extra para cruzar la estepa y llegar a la costa. La ingeniería incluye la Planta Compresora Allen para resolver este desafío físico. Esta instalación intermedia ocupará un predio de 260 por 140 metros. El equipo funcionará con turbinas a gas para elevar la presión del fluido hasta los 98 kg/cm²g.
El cruce del río Negro configura el punto más crítico de toda la obra. La maniobra a la altura de Chelforó requerirá de extrema precisión y cuidado ecológico. La contratista proyecta una perforación horizontal dirigida para sortear los 240 metros de ancho del cauce hídrico. La técnica ubica el ducto a dos metros por debajo del lecho del río. El protocolo prohíbe tocar la superficie en cualquier etapa.
El cronograma oficial marca el inicio de los trabajos para este mes de junio, con un plazo de ejecución previsto de dos años para la obra civil. El proyecto demandará la contratación de 1.500 operarios, unos 1.100 puestos para el tendido lineal y los 400 cupos restantes para armar la planta compresora.
El gas viajará desde Neuquén hasta la terminal rionegrina de San Antonio Oeste, donde una Estación de Medición (EMED) transferirá las molécula hacia la planta compresora de SESA. Desde allí, el recurso ingresará a las unidades flotantes ancladas en el golfo. El buque “Hilli Episeyo” operará como la primera nave en licuar el gas argentino. El sistema sumará luego la unidad MKII para duplicar los despachos hacia los mercados de ultramar.