Acuerdo Mercosur-UE: La oportunidad de Vaca Muerta que pone a prueba a la industria argentina
El director de MEGSA advierte que, sin políticas de industrialización, el boom exportador de gas y petróleo podría consolidar un perfil extractivo sin valor agregado local.
Mientras los agricultores europeos se manifiestan en las calles europeas y los argentinos planean cómo reacomodarse cuando el comercio se libere, un puñado de analistas aseguran que el nuevo eje a seguir en el trabadísimo acuerdo Mercosur-UE es la energía del país, y sobre todo, de Vaca Muerta.
Uno de los analistas que hizo una observacion en este sentido es el director del Mercado Electrónico de Gas (MEGSA), Daniel Horacio Núñez. El especialista sostuvo que el acuerdo representa una oportunidad estratégica para Argentina, aunque advirtió sobre los riesgos de no acompañarlo con políticas de industrialización que eviten una mayor primarización de la economía.
Tras 25 años de negociaciones, el entendimiento fue firmado el 17 de enero en Asunción y ya ratificado por el Congreso de Argentina. El acuerdo abarca entre 745 y 780 millones de personas y representa entre el 20% y el 25% del PBI global.
Un horizonte prometedor
Según destacó Núñez en su editorial, el Gobierno proyecta que la eliminación y reducción de aranceles permitirá que las exportaciones argentinas crezcan 76% en cinco años y 122% en diez, pasando de U$S 8.641 millones en 2025 a más de U$S 19.000 millones en una década. El impulso estaría concentrado en sectores estratégicos como energía, minería, litio, cobre e hidrocarburos.
En ese contexto, el gas natural y el petróleo aparecen como vectores centrales. Europa busca diversificar proveedores y reducir su dependencia de Rusia, lo que abre un espacio para el gas argentino, especialmente en proyectos de gas natural licuado (GNL) orientados a la exportación.
"La estabilidad normativa y la eliminación gradual de barreras pueden facilitar el ingreso de capital europeo en infraestructura, midstream y plantas de licuefacción", planteó Núñez.
Por otro lado, la UE es, además, una de las principales fuentes de inversión extranjera directa en el país, con un stock cercano a los U$S 75.000 millones. El tratado establece un marco regulatorio alineado con estándares internacionales y complementa otros instrumentos de promoción vigentes, lo que —según el análisis— podría acelerar decisiones de inversión en energía y minería.
Algo más
Para Núñez, el desafío no es solo aumentar volúmenes exportados, sino capturar mayor valor agregado local. De hecho, advirtió que el flujo de beneficios no será automático ni necesariamente equilibrado.
"Habrá que ver cuál es el sentido final del intercambio", señaló, y subrayó que el riesgo para Argentina radica en consolidar un perfil exportador basado casi exclusivamente en recursos primarios si no se avanza en políticas activas de industrialización.
Para Núñez, el desafío no es solo aumentar volúmenes exportados, sino capturar mayor valor agregado local, desarrollar cadenas de proveedores y potenciar la infraestructura logística y energética. En el caso del gas, esto implica avanzar no solo en producción sino también en transporte, procesamiento y exportación de GNL con participación de capital y tecnología nacional.
El acuerdo, concluyó, abre una "ventana histórica" para posicionar a Argentina como proveedor confiable de energía y minerales críticos en un contexto global de transición energética. Pero el resultado dependerá de la estrategia que adopte el país: aprovechar el acceso ampliado a mercados para diversificar y sofisticar su estructura productiva, o profundizar la dependencia de materias primas.
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