Cada pozo alcanzó una profundidad total promedio cercana a los 6.100 metros, una cifra que en Vaca Muerta ya no asombra tanto como hace pocos años, pero que sigue exigiendo precisión técnica y coordinación entre las cuadrillas que trabajan sobre el pad.
Herramientas pensadas para el shale argentino
Para completar la intervención se usaron dos configuraciones distintas de BHA (bottom hole assembly). Tres de los pozos se trabajaron con un ensamble de 2,88 pulgadas, mientras que en los dos restantes se combinó ese diámetro con uno de 3,13 pulgadas.
El set de herramientas incluyó un motor de fondo, una herramienta de alcance extendido y una válvula multiciclo que permite mantener un caudal alto durante los viajes cortos dentro del pozo, sin necesidad de recurrir al tradicional drop de bolas para activarla.
Esa válvula multiciclo, según fuentes de la operación, fue clave para agilizar los tiempos: al activarse de forma hidráulica, evita maniobras adicionales y reduce el riesgo asociado a cada intervención, un punto sensible cuando se trabaja con cinco pozos en simultáneo.
Una racha que no da tregua
No es la primera vez que la formación no convencional bate una marca de este tipo. En enero de 2025, otro equipo había completado el pozo horizontal más largo de Vaca Muerta, con 7.436 metros de profundidad y 66 tapones rotados en apenas 46 horas.
Meses después, en noviembre, la vara se corrió todavía más lejos: un pozo de YPF llegó a los 8.340 metros con 84 tapones removidos, la perforación más extensa registrada hasta entonces en toda la roca madre, según trascendió en su momento.
El clima tampoco jugó a favor esta vez. Con condiciones adversas durante buena parte de la campaña, las transiciones entre pozo y pozo se resolvieron incluso más rápido de lo previsto, sin que la seguridad operativa quedara relegada en ningún tramo del trabajo.