Vaca Muerta y el intento de rebautizar el yacimiento en 2013
Uno de los intentos más conocidos por cambiar el nombre de Vaca Muerta se produjo a mediados de 2013, en pleno impulso al desarrollo del yacimiento. La iniciativa quedó registrada en una conversación pública entre la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el exgobernador neuquino Jorge Sapag.
"Tenemos el interés, y le dejamos la inquietud, que Vaca Muerta deje de llamarse Vaca Muerta para llamarse a partir de ahora Manantiales Andinos, una denominación que tenga que ver con lo positivo. Es un día histórico, esto recién comienza, este es el comienzo de una nueva realidad energética", le dijo Sapag a la extitular del Poder Ejecutivo.
La propuesta buscaba despejar el componente negativo del término “muerte” y asociar el yacimiento a una idea de abundancia, en sintonía con las expectativas que por aquel momento despertaba el desarrollo de los recursos no convencionales.
“Vaca Viva”
La expresidenta, en ese mismo intercambio, recogió el planteo, pero propuso una variante con ironía y sentido político. En lugar de “Manantiales Andinos”, planteó: "O Vaca Viva, así todos se dan cuenta que estaba muerta porque no la explotaban y que ahora está viva porque le sacamos petróleo".
La alternativa buscaba resignificar el nombre original sin cambiarlo por completo, marcando un antes y un después en la historia productiva de la formación a partir del inicio de su explotación masiva.
La explicación sobre “Manantiales Andinos”
Ante la devolución de la exmandataria, Sapag profundizó el fundamento de su propuesta. Según explicó, la elección del nuevo nombre que sugería se vinculaba con una idea de vitalidad: "Un manantial es algo que está vivo".
Más allá del intercambio, la iniciativa nunca avanzó formalmente. El nombre Vaca Muerta ya estaba instalado en la industria y en la comunicación pública, por lo que cualquier intento de modificarlo implicaba al mismo tiempo un desafío técnico, comercial y simbólico.
El origen del nombre "Vaca Muerta"
La historia de Vaca Muerta se vincula a 1931, cuando el geólogo estadounidense Charles Edwin Weaver identificó afloramientos rocosos en la zona de Zapala, en lo que se conocía como Sierra de la Vaca Muerta, y los nombró siguiendo la práctica habitual de bautizar las formaciones según el lugar del hallazgo.
Años más tarde, en 1946, el geólogo Pablo Groeber confirmó la relevancia científica del área al determinar, a partir de fósiles como los ammonites, que esas rocas pertenecían al período Jurásico, con una antigüedad cercana a los 150 millones de años, lo que permitió ubicar a la formación dentro de la historia geológica de la cuenca neuquina.
Desde el punto de vista técnico, Vaca Muerta es una formación de rocas sedimentarias ricas en materia orgánica, de tonos grises oscuros a negros, compuesta principalmente por margas bituminosas. Estas rocas se caracterizan por su alto contenido de hidrocarburos, hasta el punto de que pueden arder al ser expuestas al fuego. La formación se extiende en superficie y en profundidad en territorios de Neuquén, Mendoza, Río Negro y La Pampa. Si bien existen versiones populares que asocian el nombre al hallazgo de un animal muerto en la zona, la explicación más aceptada es su origen estrictamente geográfico, vinculado al sitio donde Weaver realizó la identificación original.