producción

Las naftas y el Plan Gas como metas de corto plazo

Los acuerdos por vacunas que busca cerrar el gobierno nacional y el nuevo esquema de precios del gas asoman como incentivos en medio de la peor crisis de la historia.

Luego de un año y medio de estancamiento en los bloques de Vaca Muerta, hay una hoja de ruta que muestra algunas posibilidades. Lo ven el gobierno neuquino, el nacional y las operadoras. Como todo, es una posible chance supeditada a las condiciones que permita la pandemia. Por un lado, el grado de restricciones que la población acepte cumplir, algo que en definitiva es lo que termina rigiendo dentro de ese precepto general llamado ASPO, que tiene como eje central lo que cada argentino esté dispuesto a dejar de lado de lo que significaba su vida antes de esta otra vida. El mundo da algunas pistas. La oleada de nuevos brotes en Europa profundiza el grado de incertidumbre sobre cualquier análisis del futuro.

Es una señal de alerta, un llamado de atención.

Por otro lado, está esa suerte de meta con hilo de luz del corto plazo. La vacuna rusa y los otros varios millones de dosis que Argentina busca terminar de acordar con varios laboratorios. La bendita fase 3, la etapa de las garantías sobre la inmunidad que podrían llegar a producir está por verse. Todo el mundo está en la misma: los gobiernos y el lobby de los laboratorios firman contratos a riesgo (de los Estados) porque, ¿cuál es la otra mejor alternativa?

También porque es parte de lo principal para transitar cualquier salida hacia un repunte, a lo que en Argentina cabe agregar el Everest a escalar con ojotas y sin oxígeno adicional, que implicará encaminar el frente económico.

Ese mix de mayor circulación y consumo de naftas, y recuperación económica es la principal apuesta por estas horas en los bloques de Vaca Muerta.

El consumo de naftas de todo el país atraviesa su mejor contexto en la pandemia. Para los surtidores, es de todos modos seguir con el agua al cuello. Se vende allí el 70% de los combustibles respecto de un momento “normal”, ese calificativo, o más bien, pieza arqueológica desde el último año (¿qué será hoy lo “normal”?).

La demanda, dicho de otro modo, sigue 30 puntos abajo. Llegó a bajar casi a un 80% de los niveles previos a la pandemia. Es una primera clave: el empuje de los surtidores implica el modo más directo para la reactivación del consumo interno del crudo.

En este segmento de la producción hidrocarburífera, están también las posibles exportaciones a las que podría recurrir el país. Claro: es una variable que controla mucho menos aún que la demanda interna. Otra vez: el COVID-19 impactará en la necesidad de petróleo en el 2021. La OPEP+ analiza mantener sus recortes de producción. Es decir, no piensa inyectar más crudo. El precio del barril cayó por los temores que impone el coronavirus en la economía global del 2021.

Así, las oportunidades de ventas argentinas al mundo quedarán bajo las generales de esta ley de posibles restricciones o flexibilizaciones según evolucione la pandemia. Las petroleras de Vaca Muerta exportaron en plena cuarentena. Fue en julio y por el vínculo de grandes productoras que encontraron moderados nichos de mercado por necesidades puntuales del exterior en este segmento.

Neuquén cree que en 2021 subirá su producción unos 25 mil barriles diarios y que las operadoras buscarán colocarlos en el exterior. El nuevo estímulo a la producción de gas suma otro factor para el incremento de la actividad. De este modo, con el matiz central de la evolución del COVID-19, la provincia espera unos 24 equipos perforadores en actividad durante el primer trimestre del 2021. En ese lapso, también será central el grado de descompresión que podría alcanzar la economía argentina.

En esta nota

Comentarios